Martín Velásquez: El talento peruano que abre un nuevo capítulo en el extranjero

POR NATALY

Hay momentos en la trayectoria de un actor en los que el desplazamiento geográfico deja de ser solo un cambio de lugar y se convierte en una conversación con la propia historia. Para el actor...

Hay momentos en la trayectoria de un actor en los que el desplazamiento geográfico deja de ser solo un cambio de lugar y se convierte en una conversación con la propia historia. Para el actor peruano Martín Velásquez, su primer protagónico internacional en Estados Unidos llega después de una década de preparación silenciosa, de estudios en actuación, teatro y teatro musical, y de una pausa inesperada que el mundo entero conoce bien. Más que una conquista profesional, este proyecto inaugura un capítulo íntimo: el de un artista que descubre que representar a su país también implica cargar con sus afectos, sus pérdidas y las promesas que alguna vez se hicieron en voz baja.

Una meta que tardó diez años en pronunciarse

Velásquez no habla de su llegada al circuito internacional como un salto repentino. Prefiere pensar en un proceso que empezó mucho antes de que existiera un proyecto concreto.

Hace aproximadamente una década tomó la decisión de ir a Estados Unidos para formarse. Actuación para cine, teatro y teatro musical. Un camino que no avanzó en línea recta. Hubo un regreso al Perú, proyectos locales, una pandemia que interrumpió trayectorias enteras y obligó a muchos artistas a detenerse. Lo que hoy parece un punto de inflexión fue, en realidad, una persistencia.

Cuando finalmente aparece la oportunidad de protagonizar en el extranjero, la sensación no es solo de logro. También aparece una dimensión emocional más compleja. Estar fuera del país significa representar algo más amplio que la propia carrera. Velásquez lo describe como una responsabilidad silenciosa. En ese escenario no actúa únicamente como individuo. Lleva consigo la idea de un país, de un gremio, de una tradición cultural que rara vez ocupa el centro de la conversación global.

En ese recorrido hay también una memoria personal. Su madre, quien soñaba con verlo en escenarios internacionales, forma parte de ese impulso que continúa acompañándolo. No como presión, sino como una presencia que vuelve más profundo el sentido de lo que está ocurriendo.

El cuerpo como territorio de interpretación

El proyecto que marca este momento pertenece al universo del teatro musical, una disciplina que exige una combinación poco indulgente de habilidades. Canto, baile, actuación. Lo que en la jerga del oficio se conoce como la triple amenaza.

Velásquez habla de esta exigencia con una calma que sugiere madurez más que seguridad. Reconoce que su proceso creativo ha cambiado con el tiempo. La forma de habitar un personaje hoy no se parece a la de sus primeros años como actor. La experiencia, dice, amplía el recipiente emocional que permite comprender a otro.

Esa madurez aparece especialmente cuando se enfrenta a personajes que no pertenecen a su misma cultura. En el proyecto actual interpreta a una figura de origen distinto al suyo. En lugar de asumirlo como una presión, lo vive como una oportunidad de diálogo.

La obra, titulada Aguardiente, explora la vida de artistas que luchan por mantenerse a flote en Nueva York. Historias de resiliencia, de ambición, de resistencia creativa. Velásquez reconoce en esa narrativa algo profundamente cercano. La experiencia del artista que insiste incluso cuando el sistema no siempre parece diseñado para sostenerlo.

Identidad en un territorio competitivo

Ingresar al circuito internacional implica encontrarse con estándares estéticos consolidados y con una industria que funciona a gran escala. Sin embargo, Velásquez no percibe ese contexto como un choque cultural.

Para él, la diferencia principal entre mercados no está en el talento. Está en las estructuras que lo sostienen. El apoyo institucional, la inversión privada, la capacidad de producción. Elementos que en algunos países funcionan con mayor estabilidad que en otros.

Desde esa perspectiva, su estrategia no consiste en adaptarse completamente al sistema, sino en dialogar con él. Habla de negociación en un sentido amplio. Cada proyecto es un espacio donde distintas visiones creativas deben encontrar equilibrio.

En ese proceso hay principios que considera innegociables. Velásquez decidió hace tiempo no participar en proyectos que contradigan su identidad, sus creencias o su ética personal. No se trata de una postura rígida. Más bien de un criterio que le permite elegir historias que realmente desea contar.

Cuando encuentra un guion que le provoca esa reacción inmediata de reconocimiento, la decisión se vuelve clara. Ese impulso es el que orienta su carrera más que cualquier cálculo estratégico.

La ambición de inspirar, no de permanecer

Hablar de legado suele ser una tentación frecuente cuando un artista alcanza un momento visible de su carrera. Velásquez, sin embargo, parece desconfiar de esa idea.

Durante mucho tiempo, admite, pensó en el futuro como una narrativa que debía construirse con precisión. Qué lugar ocupar, cómo sería recordado, qué impacto tendría su trabajo. Con el tiempo descubrió que esa perspectiva podía convertirse en una carga.

Hoy su enfoque es más inmediato. Prefiere concentrarse en el presente del trabajo artístico y en la posibilidad de generar una reacción en quien lo observa.

Si una persona latina ve su recorrido y piensa que también puede aspirar a un escenario internacional, ese gesto ya tiene valor. No necesita convertirse en símbolo ni en representante de una narrativa heroica.

En el fondo, Velásquez parece interesado en algo más sencillo y más complejo a la vez. Trabajar con honestidad. Contar historias que tengan sentido para él. Permitir que el futuro se construya como consecuencia y no como objetivo.

Porque en el teatro, como en cualquier forma de arte vivo, la verdadera permanencia no se decide en los premios ni en los titulares. Se decide en la memoria íntima de quien alguna vez se sintió tocado por una historia.

Escribe: Nataly Vásquez

Fotos: @Krystalconye y @giuseppefalla

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