Poolbar by Handshake: Una nueva forma de entender el rooftop premium en Lima

POR NATALY

Hay aperturas que llegan para ocupar un espacio y otras que parecen responder a un momento cultural. Poolbar by Handshake, el nuevo rooftop desarrollado junto a nhow Lima, pertenece a la segunda categoría. La llegada...

Hay aperturas que llegan para ocupar un espacio y otras que parecen responder a un momento cultural. Poolbar by Handshake, el nuevo rooftop desarrollado junto a nhow Lima, pertenece a la segunda categoría. La llegada del reconocido universo de Handshake Speakeasy a Perú no intenta replicar fórmulas ni trasladar un concepto intacto desde Ciudad de México. Lo que propone es algo menos evidente y probablemente más interesante: traducir una identidad consolidada a un contexto distinto, uno donde el ritmo de la ciudad, el clima y las nuevas formas de socializar obligan a reinterpretar incluso aquello que ya funciona.

Una identidad que aprende a moverse

La historia de Handshake ha estado asociada a una idea clara de excelencia en la coctelería de autor. No solamente por el nivel técnico detrás de cada bebida, sino por una forma de entender la hospitalidad donde la experiencia empieza mucho antes del primer sorbo. Esa lógica, sin embargo, encuentra un desafío cuando cambia el escenario.

Rodrigo Urraca, director de Handshake Speakeasy, evita hablar de expansión en términos tradicionales. Más que abrir un nuevo lugar, lo que describe es un ejercicio de adaptación consciente. Poolbar by Handshake conserva el ADN de la marca, pero entiende que un rooftop no puede narrarse igual que un speakeasy. Aquí la experiencia se mueve hacia un registro más abierto, más relajado y deliberadamente menos solemne, sin renunciar a la precisión que convirtió a Handshake en una referencia.

La afinidad con nhow Lima también aparece como parte central de esa construcción. Rodrigo habla de una coincidencia natural entre dos marcas que parecen compartir una cierta incomodidad frente a lo convencional. No desde la provocación gratuita, sino desde la voluntad de proponer otra manera de habitar un espacio de hospitalidad, una menos rígida y más conectada con cómo las personas quieren vivir hoy las ciudades.

El lujo de sentirse bienvenido

Durante años, parte de la alta coctelería construyó una idea de exclusividad que muchas veces terminaba pareciéndose más a una barrera. Saber qué pedir, entender ciertos códigos o incluso sentir que uno pertenecía al lugar parecía formar parte del ritual. Poolbar by Handshake toma distancia de esa lógica.

Lo interesante de la propuesta no está únicamente en la carta de cócteles, sino en la intención de hacer accesible una experiencia sofisticada sin volverla distante. Rodrigo insiste en algo que podría parecer simple, pero rara vez lo es: hacer sentir cómodo al visitante desde el primer momento.

En ese gesto hay una lectura bastante clara sobre cómo ha cambiado el consumidor actual. Hoy, incluso dentro del segmento premium, la gente parece menos interesada en impresionar y más en encontrar lugares con identidad real. Espacios donde la calidad exista, pero sin necesidad de demostrarla todo el tiempo. En ese contexto, la hospitalidad contemporánea deja de ser una cortesía para convertirse en el verdadero diferencial.

Cuando crecer no significa multiplicarse

Resulta fácil asumir que una marca reconocida solo busca expandirse cuando aterriza en un nuevo mercado. Pero Rodrigo plantea algo distinto. Perú, dice, era un destino inevitable no por estrategia, sino por admiración. La conversación alrededor de la gastronomía peruana ha construido un estándar regional difícil de ignorar y entrar a ese ecosistema exige algo más que un nombre fuerte.

Quizás por eso este proyecto parece más interesado en integrarse que en imponerse. Poolbar by Handshake no llega como una copia de un modelo exitoso, sino como una nueva interpretación del mismo lenguaje. Una versión pensada para Lima, para su energía y para un consumidor que ya no se conforma únicamente con consumir algo bien hecho, sino que quiere entender qué hay detrás de la experiencia.

En el fondo, la apertura también revela algo sobre la evolución de Handshake como marca. Durante mucho tiempo, la consistencia fue entendida como repetición. Hoy parece más cercana a otra idea: conservar la esencia mientras cambian las formas. La marca sigue siendo reconocible, aunque el escenario sea distinto.

Hay algo particularmente revelador en esa decisión. En un momento donde muchos conceptos premium terminan atrapados por la necesidad de replicarse, Poolbar by Handshake parece apostar por algo menos automático. La idea de que crecer no siempre consiste en ocupar más espacio, sino en aprender a habitar nuevos lugares sin dejar de reconocerse en ellos.

Escribe: Nataly Vásquez

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