Una sesión de Pilates, unas partidas de pádel y una conversación entre mujeres fueron suficientes para cambiar la lógica habitual de un encuentro social. En Arequipa, Mindlab reunió movimiento, bienestar y networking en una experiencia pensada para que las conexiones no terminaran cuando acabara la actividad, sino que pudieran convertirse en amistades, colaboraciones y nuevos comienzos.

Una comunidad que empieza en movimiento
Creado por Usma Syed y Angela Kubota, Mindlab parte de una idea sencilla pero cada vez más relevante: el bienestar también puede construirse en comunidad. Su propuesta reúne deporte, crecimiento personal y espacios de conexión entre mujeres, alejándose de la lógica de asistir a una actividad únicamente por la actividad misma.
En Arequipa, esa premisa tomó forma a través de una jornada que combinó Pilates y pádel con un espacio de networking. La diferencia estuvo en lo que sucedió alrededor del ejercicio: mujeres que llegaron con sus propios proyectos, intereses y recorridos tuvieron la posibilidad de conocerse desde un lugar menos estructurado, compartir lo que estaban haciendo y descubrir puntos en común.
Para Usma y Angela, esa posibilidad es parte central de Mindlab. “Para nosotras, Mindlab no se trata solamente de hacer deporte. Queremos crear espacios donde puedas llegar sin conocer a nadie y terminar haciendo amigas, encontrando contactos o incluso descubriendo una oportunidad para tu próximo proyecto”, cuentan sus fundadoras.




Lo que empieza después del encuentro
La experiencia adquirió otra dimensión una vez terminado el evento. Algunas participantes comenzaron a seguirse en redes sociales, otras compartieron sus emprendimientos y varias mantuvieron el contacto para hacer planes juntas. Incluso hubo quienes encontraron en ese primer encuentro el impulso para empezar a mostrar sus propios proyectos y crear contenido.
Ese movimiento posterior dice bastante sobre la manera en que Mindlab entiende una comunidad. No se trata únicamente de reunir personas en un mismo lugar, sino de generar las condiciones para que algo continúe cuando la actividad termina. Una conversación puede llevar a otra conversación, una presentación puede convertirse en colaboración y una nueva amistad puede abrir una puerta que antes no estaba en el mapa.
Para Usma, observar ese proceso es una de las partes más valiosas de lo que han construido. “Nos hace muy felices ver cómo una mujer puede salir de un evento con nuevas amigas, nuevas ideas o simplemente con el valor de hacer algo que venía postergando. Ese es el impacto que queremos generar”, explica.



Arequipa como punto de encuentro
La llegada de Mindlab a Arequipa amplía una comunidad que entiende el bienestar desde una perspectiva menos individual. El deporte funciona como punto de partida, pero la experiencia encuentra sentido en las relaciones que pueden aparecer a partir de él y en la posibilidad de compartir con mujeres que también están construyendo sus propios caminos.
Ese enfoque resulta especialmente pertinente en una época en la que hacer networking suele estar asociado a objetivos concretos y espacios cuidadosamente estructurados. Mindlab propone otra forma de acercamiento: primero compartir una experiencia, después conversar y dejar que las conexiones encuentren su propio ritmo. Sin forzar resultados, pero tampoco dejando el encuentro al azar.
La experiencia arequipeña deja así una idea que trasciende la jornada y que resume buena parte de la filosofía de sus fundadoras: crecer no tiene por qué ser un proceso solitario. A veces, comenzar algo nuevo depende menos de tener todas las respuestas que de coincidir con las personas correctas, en el momento adecuado, y atreverse a iniciar una conversación.



