Paws Paradise: La nueva cultura alrededor del cuidado canino

POR NATALY

Dejar a un perro al cuidado de alguien más implica una confianza que no se resuelve con una buena fotografía ni con una lista de servicios. Paws Paradise nació precisamente de esa pregunta: qué tendría...

Dejar a un perro al cuidado de alguien más implica una confianza que no se resuelve con una buena fotografía ni con una lista de servicios. Paws Paradise nació precisamente de esa pregunta: qué tendría que ofrecer un lugar para que una familia pudiera irse tranquila y para que su perro pudiera mantener, dentro de lo posible, aquello que reconoce como propio. La respuesta de sus fundadores comenzó en Barcelona, continuó con Maya y terminó convirtiéndose en una propuesta de hospedaje y guardería boutique para perros en el Perú.

Todo empezó con Maya

La historia de Paws Paradise no comenzó como un plan de negocio. Cuando sus fundadores se mudaron a Barcelona por estudios, empezaron a cuidar perros durante los fines de semana para generar ingresos adicionales. En paralelo, ellos mismos tuvieron que resolver dónde dejar a Maya, su primera perrita, cuando no podían acompañarla.

Fue a partir de esa experiencia que conocieron un modelo de cuidado distinto, basado en hogares donde los perros podían permanecer en un entorno familiar, recibir atención personalizada y conservar sus rutinas. Más que una alternativa de hospedaje, encontraron una manera de entender el cuidado que terminó planteando una pregunta más personal: cómo les gustaría que trataran a sus propios perros cuando ellos no pudieran estar presentes.

Cuando regresaron al Perú y comenzaron a buscar nuevas oportunidades en el mundo corporativo, aquella experiencia seguía presente. Decidieron entonces llevarla a un proyecto propio y abrir las puertas de Paws Paradise desde su casa, con una propuesta deliberadamente alejada de la lógica de una guardería masiva. Maya y Noah, sus propios perros, también terminaron formando parte de esa mirada.

Cinco huéspedes cambian la experiencia

Paws Paradise trabaja con un máximo de cinco perros huéspedes a la vez. La decisión responde a una idea concreta: si el objetivo es ofrecer un cuidado cercano, el número importa. Un grupo reducido permite conocer las rutinas de cada perro, observar sus cambios de comportamiento y prestar atención a necesidades que podrían pasar inadvertidas en un espacio con muchos animales.

No todos llegan con la misma personalidad ni necesitan lo mismo. Algunos se adaptan rápidamente, mientras otros requieren más tiempo; algunos tienen horarios específicos, toman medicamentos o necesitan cuidados particulares. En Paws Paradise, esa diferencia no se trata como una excepción, sino como parte de la experiencia.

Por eso tampoco utilizan jaulas. Los perros comparten los espacios de la casa, descansan, juegan y acompañan la dinámica cotidiana de sus cuidadores. Carla y Gonzalo participan directamente en cada estadía, desde la alimentación hasta la supervisión de sus rutinas. La intención es que el perro no sienta que simplemente fue dejado en un lugar distinto, sino que pueda encontrar una dinámica en la que se sienta acompañado.

La escala también permite algo menos visible, pero decisivo: conocer realmente a cada huésped. Para una familia que deja a su perro por unos días, saber que existe alguien pendiente de pequeños cambios puede tener tanto valor como cualquier comodidad del espacio.

La confianza también se construye a distancia

En Paws Paradise saben que el cuidado empieza antes de que el perro llegue. Por eso, cada nuevo huésped pasa por un proceso previo en el que sus familias comparten información sobre alimentación, salud, rutinas, personalidad y necesidades especiales. La intención es llegar a la estadía con una idea clara de quién es ese perro y qué necesita.

Después viene una parte igualmente importante: mantener cerca a quienes están lejos. Durante el día, las familias reciben fotografías y videos para conocer cómo se está adaptando su perro, qué está haciendo y cómo transcurre su estadía. La comunicación no busca reemplazar su presencia, sino hacer que sigan formando parte de ese momento cotidiano aunque estén en otro lugar.

Esa cercanía también permite que el vínculo se construya de manera gradual. Algunos perros toman confianza desde el primer día; otros necesitan observar, esperar y encontrar su propio ritmo. La experiencia de Paws Paradise parte de aceptar esa diferencia en lugar de intentar acelerar el proceso.

Quizás por eso la confianza que buscan sus fundadores no depende únicamente de lo que pueden mostrar, sino de lo que consiguen sostener durante cada estadía. Ellos también son papás perrunos y conocen desde ese lugar la inquietud que existe cuando toca dejar a un animal querido al cuidado de otra persona. Su manera de trabajar parte de esa misma consideración.

Una boda también puede incluirlos

El siguiente capítulo de Paws Paradise nace de una experiencia personal que terminó convirtiéndose en una idea. Cuando sus fundadores se casaron, quisieron que Maya estuviera presente en la ceremonia, pero la responsabilidad de acompañarla, trasladarla y llevarla de regreso a casa recayó en sus familiares. Uno de ellos incluso tuvo que perder parte de la celebración para poder hacerse cargo.

La situación dejó una pregunta que parecía sencilla: cuántas parejas quieren que su perro forme parte de su boda, pero terminan renunciando a ello por no tener quién pueda ocuparse de todo lo que implica. De esa experiencia nace Paws Wedding, un nuevo servicio pensado para acompañar al perro durante los momentos importantes de la celebración y asumir la logística que normalmente termina recayendo en algún familiar.

La propuesta contempla que el perro pueda estar presente cuando corresponde, participar de fotografías y permanecer acompañado durante la jornada, mientras los novios pueden concentrarse en vivir su propia celebración. Es una extensión natural de la manera en que Paws Paradise entiende su trabajo: no se trata solo de cuidar a un perro cuando sus dueños están lejos, sino de encontrar nuevas formas de integrarlo a momentos importantes sin descuidar su bienestar.

Paws Paradise todavía tiene espacio para crecer, pero sus fundadores parecen tener claro qué no quieren perder en el proceso. La intención es incorporar nuevas experiencias y servicios, manteniendo una escala que permita reconocer a cada perro por lo que es y no por el número de reserva que ocupa.

En una época en la que las mascotas ocupan un lugar cada vez más central dentro de las familias, la propuesta plantea algo que va más allá del hospedaje. Cuidar bien también significa entender qué hace sentir seguro a otro ser, respetar sus tiempos y asumir que la tranquilidad de quien lo deja también forma parte del servicio. Quizás esa sea la razón por la que Paws Paradise comenzó con una experiencia personal y, poco a poco, encontró una forma de convertirse en el hogar temporal que sus propios fundadores alguna vez buscaron para Maya.

Escribe: Nataly Vásquez

Fotos: Revista Signature

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