El Método Grönholm: El regreso de una comedia que trasciende la entrevista

POR NATALY

Cuatro candidatos llegan a la última etapa de un proceso de selección convencidos de que todavía están compitiendo por un puesto. En la nueva puesta en escena de El Método Grönholm, dirigida por Rómulo Assereto,...

Cuatro candidatos llegan a la última etapa de un proceso de selección convencidos de que todavía están compitiendo por un puesto. En la nueva puesta en escena de El Método Grönholm, dirigida por Rómulo Assereto, esa premisa pronto empieza a perder su aparente normalidad. Lo que sucede dentro de una sala de juntas termina revelando algo bastante más incómodo que las reglas de una entrevista: cuánto estamos dispuestos a negociar de nosotros mismos cuando aquello que queremos conseguir parece justificarlo todo.

La oficina como campo de juego

Jordi Galceran escribió El Método Grönholm hace más de dos décadas, pero su mecanismo conserva una vigencia particular. La obra coloca a cuatro aspirantes frente a una serie de pruebas que, en apariencia, forman parte de un proceso de selección. Stephany Orúe, Manuel Gold, Oscar Meza y Job Mansilla interpretan a los candidatos que deberán avanzar entre preguntas, instrucciones y situaciones cada vez más difíciles de leer.

Lo interesante ocurre cuando la entrevista deja de medir únicamente capacidades profesionales. Las reglas empiezan a desplazarse y con ellas también las certezas de quienes participan. Cada candidato tiene algo que proteger, una estrategia que sostener y una razón para permanecer en el juego, incluso cuando ese juego comienza a exigirles más de lo que esperaban entregar.

La comedia encuentra allí su filo. Las situaciones pueden provocar risa, pero detrás de ellas aparece una pregunta menos cómoda sobre el mundo laboral: qué sucede cuando una persona acepta competir bajo condiciones que ponen a prueba no solo su experiencia, sino también sus límites.

Cuando conseguir el puesto cambia las reglas

La obra funciona porque conoce bien una contradicción contemporánea. Queremos pensar que una entrevista laboral sirve para mostrar quiénes somos, pero también sabemos que cualquier proceso de selección implica cierta construcción de personaje. Elegimos qué contar, qué callar y qué versión de nosotros mismos puede resultar más conveniente frente a quien tiene la decisión final.

En El Método Grönholm, esa lógica se lleva hasta sus últimas consecuencias. Los personajes deben decidir cuánto revelar, a quién creerle y cuándo una confesión puede ser genuina o simplemente otra jugada. Las alianzas duran lo que necesitan durar y la confianza se convierte en una herramienta tan frágil como útil.

Rómulo lo resume desde una perspectiva que amplía la obra más allá de la entrevista de trabajo. “No solo se habla de entrevistas de trabajo, es un reflejo de cómo nos comportamos cuando el sistema nos pone contra la pared”, señala. En esa lectura está buena parte de la vigencia de la pieza, porque el escenario corporativo funciona como una excusa para hablar de algo más amplio: la forma en que reaccionamos cuando sentimos que perder no es una opción.

El espejo detrás de la comedia

Quizá por eso El Método Grönholm ha podido viajar por distintos países y ser traducida a más de 30 idiomas. Su conflicto no depende de una cultura empresarial específica ni de una época determinada. La situación puede cambiar de contexto, pero la tensión permanece: cuatro personas quieren lo mismo y saben que solo una puede quedarse con el puesto.

La nueva versión peruana llega bajo la dirección de Rómulo, quien regresa al país después de haber desarrollado parte de su trayectoria artística en España. Su aproximación mantiene ese equilibrio que necesita una obra como esta, capaz de moverse entre el humor y una mirada bastante más incisiva sobre las relaciones de poder.

La pregunta que queda suspendida no tiene tanto que ver con quién conseguirá el trabajo. Tampoco con cuál de los cuatro candidatos resulta más preparado. Lo que permanece después de la última prueba es algo más cercano y menos cómodo: qué parte de nuestra conducta estamos dispuestos a justificar cuando creemos que estamos a punto de perder una oportunidad.

Y quizá por eso la obra sigue encontrando público. Porque una entrevista puede terminar cuando alguien pronuncia la decisión final, pero las preguntas que plantea El Método Grönholm empiezan bastante antes y, en algunos casos, no terminan cuando se cierran las puertas de la oficina.

Escribe: Nataly Vásquez

NOTICIAS RELACIONADAS

Dental Harmony: La naturalidad como nuevo criterio estético

En odontología estética, transformar una sonrisa puede parecer una cuestión de proporciones, materiales y técnica, pero para Denisse Ubillus el...

Mister Doggy: La propuesta peruana que llega al Paris Dog Week

Antes de París, antes de Europa y antes de pensar en una marca con vocación internacional, estuvieron Holly, Bella y...

Limaq: Una nueva casa en San Isidro tras lograr el 50 Best Discovery

La historia de Limaq Bar entra en una nueva etapa en San Isidro, justo cuando su incorporación a 50 Best...