Curva Studio: Barranco estrena su tercera sede de Pilates Reformer

POR NATALY

En Barranco, donde las nuevas formas de habitar la ciudad encuentran espacio entre restaurantes, galerías y propuestas de lifestyle, Curva Studio abre una nueva etapa. Priscilla y Samantha Wienke llegan al distrito con su tercer...

En Barranco, donde las nuevas formas de habitar la ciudad encuentran espacio entre restaurantes, galerías y propuestas de lifestyle, Curva Studio abre una nueva etapa. Priscilla y Samantha Wienke llegan al distrito con su tercer estudio de Pilates Reformer en Lima, apenas dos años después de haber abierto el primero en Miraflores, con una idea que parece sencilla pero exige mucho más a medida que una marca crece: hacer de una disciplina específica una experiencia cada vez más precisa.

Una expansión que empezó en Miraflores

La historia de Curva comenzó en octubre de 2024, cuando las hermanas Wienke abrieron su primer estudio en Miraflores. Seis meses después llegó Chacarilla y, antes de cumplir dos años, Barranco se incorpora a una estructura que ya reúne a más de 30 personas. El crecimiento ha sido rápido, pero lo interesante está en lo que ocurre detrás de esa velocidad: cada nueva sede obliga a revisar procesos, formar equipos y sostener una identidad que no puede depender únicamente de quienes la fundaron.

Para Priscila, llegar a Barranco tenía además una lógica particular. El distrito concentra buena parte de ese Lima que alterna cultura, gastronomía, diseño y bienestar dentro de una misma rutina, y Curva buscaba integrarse a ese movimiento sin convertirse en una propuesta aislada. “Barranco era un destino al que teníamos muchísimas ganas de llegar”, cuenta. La nueva sede cuenta con nueve reformers y traslada al distrito la filosofía que ha acompañado a la marca desde el inicio, con el espacio y el servicio pensados alrededor de una misma experiencia.

La expansión, sin embargo, cambia la escala de las preguntas. Lo que en un primer estudio puede resolverse cerca del fundador empieza a requerir estructura cuando una empresa reúne más de 30 personas. Gestión, logística, formación y experiencia de cliente dejan de ser asuntos secundarios y pasan a formar parte de la construcción de marca. Priscila lo reconoce con claridad: “A medida que Curva crece, también crecen la operación, las coordinaciones y la responsabilidad detrás de cada decisión”.

Cuando especializarse también es una forma de crecer

En un mercado de wellness cada vez más amplio, Curva ha elegido no dispersarse. Su apuesta está puesta en el Pilates Reformer, una especialización que las fundadoras entienden como una manera de profundizar en lugar de sumar disciplinas por ampliar la oferta. Esa decisión atraviesa la programación de las clases, la metodología y la preparación de quienes están al frente de cada sesión.

Samantha explica que el foco es “100% Pilates Reformer” porque concentrarse en una sola disciplina permite estudiar más, capacitar mejor al equipo y perfeccionar continuamente la experiencia. La ambición no está tanto en hacer de todo como en conocer bien aquello que se ha decidido hacer. En un sector donde la novedad suele tener mucho peso, esa constancia plantea otra manera de construir relevancia.

También ahí aparece una de las tensiones más interesantes de Curva. La marca quiere crecer, pero su expansión depende precisamente de aquello que no debería diluirse con el crecimiento. La especialización funciona entonces como una especie de centro de gravedad: nuevas sedes, más personas y nuevos mercados pueden cambiar la escala, pero no necesariamente el criterio.

Barranco es una sede, pero también una prueba

La llegada a Barranco marca una tercera coordenada para Curva y, con ella, una oportunidad para comprobar cómo se comporta la propuesta fuera de los dos distritos donde comenzó a consolidarse. La elección no parece desligada de la forma en que sus fundadoras entienden el bienestar, más cercano a una práctica que se incorpora a la vida cotidiana que a una actividad aislada.

“Queríamos crear un espacio que conversara con ese estilo de vida y que mantuviera la esencia de Curva en cada detalle”, dice Priscila. La frase resume una cuestión que suele volverse más compleja cuanto más crece una marca: cómo adaptarse a un nuevo contexto sin empezar de cero en cada lugar. En Barranco, Curva ensaya esa continuidad desde un estudio de nueve reformers y una operación que ya tiene detrás una estructura mayor.

El reto también está en mantener la cercanía cuando el proyecto deja de ser pequeño. Las fundadoras ya no gestionan únicamente una sala de entrenamiento, sino una organización que necesita procesos, equipos y una cultura compartida. Crecer bien, en ese escenario, tiene menos que ver con abrir puertas rápidamente que con conseguir que cada nueva puerta conduzca a la misma idea.

Lo que viene después de Lima

La conversación sobre el futuro aparece casi inevitablemente cuando una marca alcanza su tercera sede en menos de dos años. Para Samantha, Curva no tiene por qué limitarse al mercado peruano. La posibilidad de ingresar a otros países forma parte de la visión, aunque no como una carrera por sumar ubicaciones, sino como una extensión de lo que ya están construyendo.

“Queremos crecer bien: construyendo una marca sólida, manteniendo nuestra esencia y asegurándonos de que la experiencia Curva sea consistente sin importar dónde estemos”, señala. Hay una cautela interesante en esa ambición. La internacionalización aparece como posibilidad, pero primero está la tarea menos visible de hacer que la estructura soporte lo que la marca quiere llegar a ser.

Miraflores, Chacarilla y Barranco forman, por ahora, una secuencia concreta. Tres estudios que cuentan una historia de expansión, pero también de aprendizaje empresarial. Priscila y Samantha todavía hablan de Curva como un proyecto que quieren llevar lejos, aunque el desafío ya no consiste únicamente en imaginar hasta dónde puede llegar, sino en decidir qué debe permanecer intacto mientras lo hace.

En menos de dos años, Curva pasó de una primera sede a una pequeña red de estudios especializados. La siguiente etapa no parece estar definida solo por el número de locales, sino por la capacidad de convertir esa expansión en una identidad reconocible. En el wellness, donde las tendencias cambian con rapidez, quizá la apuesta más difícil sea justamente esa: crecer sin perder el centro.

Escribe: Nataly Vásquez

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