CMZ Surfing: La especialización detrás de una nueva generación de surfers

POR NATALY

A los 12 años, Carlos Mario Zapata perdió todo en un incendio en medio de un surftrip en Indonesia y tuvo que lanzarse al agua junto a los demás pasajeros para buscar una isla donde...

A los 12 años, Carlos Mario Zapata perdió todo en un incendio en medio de un surftrip en Indonesia y tuvo que lanzarse al agua junto a los demás pasajeros para buscar una isla donde ponerse a salvo. Años después, aquella relación con el mar que comenzó junto a su madre y continuó entre competencias, viajes y entrenamientos terminó convirtiéndose en CMZ Surfing, una escuela que entiende el surf como una herramienta para formar personas capaces de enfrentar olas, retos y momentos de incertidumbre con la misma disposición.

Antes de enseñar, estuvo el deseo de entender

Carlos Mario empezó a competir profesionalmente desde muy joven y llegó a viajar a Australia para entrenar y participar en competencias. Fue allí donde comenzó a mirar el surf desde otra perspectiva. Australia le mostró una industria desarrollada alrededor de este deporte y, con ella, la posibilidad de convertir todo lo que había aprendido en algo que pudiera compartir con otros. Cuando decidió estudiar Marketing en la Universidad de Lima, ya tenía una idea bastante clara: quería construir un sistema de entrenamiento que no se limitara a enseñar a correr una ola.

En 2019 nació CMZ Surfing con un enfoque dirigido inicialmente a adolescentes que competían, integrando preparación técnica, táctica, física y psicológica. La pandemia llegó poco después y obligó a replantear muchas cosas, pero también terminó ampliando la mirada sobre quién podía formar parte de la escuela. Llegaron surfers que buscaban mejorar su técnica, conocer otras olas o simplemente encontrar una manera distinta de acercarse al deporte. La escuela fue creciendo a partir de esas conversaciones y de una pregunta que sigue presente: cuánto puede aportar el surf cuando deja de entenderse únicamente como competencia.

Ese propósito terminó tomando una forma más concreta. Para Carlos Mario, formar surfers significa prepararlos para correr diferentes tipos de ola, competir en condiciones diversas y salir de aquello que ya conocen, pero también trabajar la disciplina, el coraje y la actitud con la que enfrentan los retos. El surfing es el vehículo, no necesariamente el destino. “Nadie sabe qué tan lejos vamos a llegar, pero lo que sí se puede controlar son los pequeños detalles que aumentan nuestro valor como persona”, explica.

El mar también enseña lo que no aparece en una clase

Hay una experiencia que explica buena parte de la relación de Carlos Mario con el mar. Tenía 12 años cuando el barco en el que viajaba por Indonesia sufrió un incendio provocado por un corto circuito. Era de noche y tuvieron que lanzarse al agua en pijama, remar sin saber exactamente hacia dónde iban y esperar durante aproximadamente una hora hasta alcanzar una isla poblada. Perdieron prácticamente todo, salvo la tabla con la que lograron llegar a tierra. Todos sobrevivieron y pudieron regresar con ayuda, pero aquella experiencia quedó como una de las lecciones más concretas de lo que significa enfrentarse a algo que no se puede controlar.

Existe otra memoria mucho más cotidiana que parece haber tenido una influencia igual de importante. Durante sus primeros años, su madre lo llevaba todos los días a surfear, lo filmaba y luego ambos revisaban los videos. Sin proponérselo, esa rutina le enseñó que mejorar exige tiempo, atención y repetición. El aprendizaje no estaba únicamente en entrar al agua, sino en volver sobre lo hecho para entender qué podía hacerse distinto la siguiente vez.

Quizá por eso, cuando Carlos Mario habla de enseñar, no lo hace desde una fórmula única. Cada alumno llega con una historia, un nivel de experiencia y una relación distinta con el miedo. Para acompañarlo hacen falta conocimientos, pero también haber pasado por ciertas sensaciones. “Cada persona es diferente y hay que saber cómo conectar con ella”, dice. No siempre existe una conexión inmediata entre coach y alumno, y para él eso también forma parte del aprendizaje.

Una ola obliga a estar aquí

En una época en la que buena parte de la vida ocurre entre pantallas, notificaciones y estímulos simultáneos, el surf tiene una cualidad difícil de replicar: no permite estar en otro lugar cuando llega una ola. Carlos Mario lo explica con una imagen sencilla. Si tienes un olón delante, estás completamente concentrado en lo que está ocurriendo. El resto pierde importancia por unos segundos.

Esa presencia también atraviesa la manera en que entiende el bienestar. El contacto con el mar, la actividad física y los encuentros inesperados con la naturaleza forman parte de una experiencia que difícilmente puede reducirse a ejercicio. Pero Carlos Mario no parece interesado en convertir esa idea en una teoría sobre el surf. Le interesa más llevarla a la práctica, creando espacios donde sus alumnos puedan disfrutar, aprender y enfrentarse a algo que no siempre pueden controlar.

De ahí nacieron los Surf Days, jornadas en las que el entrenamiento comparte espacio con otras actividades y momentos de encuentro. También están los surftrips, que amplían la experiencia fuera de la rutina habitual. En ambos casos, la idea es que el aprendizaje no termine cuando acaba una sesión. El surf puede ser la actividad central, pero alrededor de ella aparecen otras formas de construir comunidad.

Cuando una escuela empieza a convertirse en comunidad

Carlos Mario comenzó CMZ Surfing prácticamente solo, con Carlos Zevallos y los hermanos Raúl y Juan Diego Ríos como sus primeros alumnos. Un año después se incorporó Lucca Saldivar, surfer y coach que terminó convirtiéndose en una pieza importante del proyecto. Con el tiempo, algunos de aquellos primeros alumnos regresaron desde otro lugar: Carlos Zevallos y Juan Diego Ríos forman hoy parte del equipo oficial de coaches junto a Carlos Mario y Lucca.

A ellos se suma Gianni Porcari, encargado de producción audiovisual y Community Manager, además de amigo de Carlos Mario desde la adolescencia y compañero de competencias internacionales. La historia del equipo dice algo sobre la evolución de CMZ que va más allá de su crecimiento: muchas de las personas que hoy lo sostienen conocieron primero el proyecto desde el agua. Esa cercanía ha terminado formando una cultura interna basada, según Carlos Mario, en confianza, comunicación directa y respeto.

Ahora la escuela entra en otra etapa con El Club CMZ, un proyecto desarrollado durante 2026 que busca reunir a personas con distintos niveles y formas de vivir el surf. No parte de un paquete mensual de clases, sino de una afiliación que conecta a sus miembros con entrenamientos, contenido, partners para surfear, actividades privadas y beneficios vinculados a la disciplina.

La idea responde a algo que Carlos Mario identificó durante estos años: existen personas que aman el surf, pero no necesariamente tienen el tiempo o la disponibilidad para seguir un régimen fijo de clases. El Club intenta resolver esa distancia sin obligarlas a elegir entre practicar ocasionalmente o comprometerse con una estructura que no se adapta a su vida.

Lo interesante de esta nueva etapa es que CMZ ya no parece estar construyéndose únicamente alrededor de la enseñanza del surf. El entrenamiento sigue siendo el punto de partida, pero la visión se amplía hacia una comunidad capaz de acompañar distintas etapas de una carrera como surfer, desde quien recién empieza hasta quien busca seguir evolucionando.

Carlos Mario empezó queriendo transmitir aquello que había aprendido compitiendo. Con los años, el proyecto terminó devolviéndole una versión más amplia de esa intención: enseñar también significa escuchar, formar equipos, reconocer las diferencias entre personas y entender que cada ola exige una respuesta distinta.

Esa es la idea que mejor conecta su historia con la de CMZ. El mar no promete condiciones conocidas, y precisamente por eso obliga a desarrollar algo que sirve mucho más allá del agua: la capacidad de entrar, observar, adaptarse y seguir. Lo demás cambia con cada sesión.

Escribe: Nataly Vásquez

Fotos: Revista Signature

NOTICIAS RELACIONADAS

Curva Studio: Barranco estrena su tercera sede de Pilates Reformer

En Barranco, donde las nuevas formas de habitar la ciudad encuentran espacio entre restaurantes, galerías y propuestas de lifestyle, Curva...

Ruedo Capital: Una nueva ruta para el capital de los negocios peruanos

En el mundo de los negocios, algunas oportunidades no esperan a que llegue el momento ideal para financiarlas. Una compra...

Tilsa Salazar: Construir un nombre frente a la cámara

A veces, el primer paso hacia una profesión llega antes de que una persona se sienta preparada para nombrarla como...