En el deporte de alto rendimiento, una fracción de segundo puede separar una buena preparación de una competencia que no sale como se esperaba. Depormente nace precisamente en ese punto donde el entrenamiento físico deja de ser suficiente y aparece otra pregunta: qué sucede con la mente cuando llega la presión. Creada por tres profesionales que compartían una misma visión, la iniciativa busca incorporar la psicología deportiva al desarrollo de atletas, entrenadores, familias e instituciones sin separar el rendimiento del bienestar.

El entrenamiento que todavía se deja para después
La historia de Depormente empieza con una experiencia que sus fundadores conocieron de cerca: deportistas que entrenaban bien, tenían las condiciones físicas y técnicas, pero no conseguían trasladar ese trabajo al momento de competir. La diferencia no siempre estaba en cuánto habían entrenado, sino en las herramientas que tenían para responder frente a los nervios, la frustración, la presión o el miedo a equivocarse.
Esa observación también reveló un problema más amplio. Aunque la psicología del deporte tiene cada vez mayor presencia, todavía persiste cierta confusión sobre el trabajo que realiza un profesional en esta área. El psicólogo deportivo sigue siendo asociado, en algunos casos, con la figura del motivador al que se recurre cuando algo ya salió mal, cuando su función puede formar parte de la preparación desde mucho antes.
Depormente parte de una premisa distinta: la preparación mental debería recibir una atención comparable a la física, técnica y táctica. No como respuesta a una crisis, sino como parte de un proceso que permite desarrollar recursos antes de necesitarlos.

La competencia también ocurre adentro
Cuando el nivel físico y técnico entre atletas es cada vez más parejo, la capacidad para gestionar lo que ocurre internamente puede adquirir un peso decisivo. La presión no desaparece porque un deportista esté preparado; lo importante es que pueda reconocerla, atravesarla y continuar tomando decisiones sin dejar que esas sensaciones conduzcan su actuación.
Por eso, el trabajo de psicología deportiva no se reduce a la confianza o la motivación. Las sesiones pueden abordar ansiedad, frustración, atención, concentración, comunicación, disciplina, hábitos, cohesión de equipo y otros aspectos que cambian según la disciplina y la persona. El punto de partida, sin embargo, permanece: el bienestar. Desde esa base es posible pensar en rendimiento sin convertirlo en el único criterio de éxito.
También cambia la manera de entender emociones como el miedo o los nervios. Sentirlos no significa que algo esté fallando. Son respuestas normales ante situaciones de exigencia y pueden convertirse en un problema cuando el deportista no cuenta con recursos para regularlas. La preparación consiste, en buena medida, en aprender a relacionarse con ellas antes de que aparezcan en el escenario donde más cuesta manejarlas.

Lo que se entrena antes del momento decisivo
Entre las herramientas que Depormente trabaja aparece la respiración cuadrada, una técnica que permite regular la activación del sistema nervioso mediante una secuencia controlada de inhalación, retención, exhalación y pausa. También está el mindfulness, utilizado para devolver la atención al presente cuando la mente comienza a desplazarse hacia un error pasado o hacia aquello que podría suceder después.
La clave está en que estas herramientas no se estrenan en el momento de mayor presión. Primero necesitan convertirse en recursos conocidos, practicados y supervisados, de modo que puedan utilizarse cuando realmente hagan falta. En ese sentido, la preparación mental comparte una lógica con cualquier otro entrenamiento: la respuesta que se busca en competencia empieza a construirse mucho antes.
Esa mirada también amplía el campo de trabajo. Un deportista no existe de manera aislada, y su relación con entrenadores, padres y compañeros puede influir directamente en la experiencia deportiva. Por eso Depormente plantea una intervención que alcanza también a quienes forman parte de ese entorno, entendiendo que el bienestar y el rendimiento no dependen únicamente de lo que sucede dentro de una sesión individual.

Una cultura deportiva todavía por construir
La visión de Depormente va más allá de enseñar herramientas para competir mejor. El proyecto plantea una transformación en la manera en que se entiende la preparación de un atleta, especialmente en un contexto donde pedir apoyo psicológico todavía puede interpretarse como señal de debilidad en lugar de reconocerlo como una forma de preparación.
Su propuesta tampoco parte de promesas inmediatas. El trabajo se sostiene en preparación constante, acompañamiento profesional y herramientas basadas en evidencia que puedan adaptarse a la realidad de cada deportista, entrenador o institución. El objetivo aparece entonces en situaciones concretas: un equipo que logra comunicarse mejor, una familia que vuelve a disfrutar el proceso, un entrenador que comprende el impacto de sus decisiones o un atleta que encuentra recursos que antes no tenía.
La apuesta de Depormente toca una idea más profunda sobre el deporte de alto rendimiento. Exigir más no debería significar cuidar menos. Una mente preparada no es aquella que nunca duda ni siente miedo, sino la que aprende a convivir con esas experiencias sin quedar definida por ellas.
En un país que todavía está construyendo una cultura más profesional alrededor del deporte, incorporar la dimensión psicológica no parece un complemento, sino una evolución natural del entrenamiento. La verdadera medida de ese cambio estará quizá en algo menos visible que una medalla: que un deportista pueda llegar más lejos sin tener que dejar su bienestar en el camino.
Escribe: Nataly Vásquez



