La historia de GELA Hospitality Group comenzó mucho antes de que la hospitalidad se convirtiera en el eje de un ecosistema de restaurantes, hoteles y experiencias náuticas en Cartagena de Indias. En 2011, Gabi Arenas convirtió una observación cotidiana en una apuesta por la identidad local: la ciudad recibía visitantes de todo el mundo, pero todavía faltaba un restaurante de primer nivel dedicado por completo a su propia cocina y cultura. De esa inquietud nació Candé, una propuesta que con el tiempo se convertiría en una de las expresiones más representativas de la visión familiar que hoy conecta distintas maneras de vivir el Caribe.

Una idea que encontró su lugar
Antes de Candé, la familia ya conocía el negocio de la hospitalidad desde distintas perspectivas. El Burlador, fundado por uno de los hermanos Llamas, había abierto camino con una propuesta inspirada en la cocina española y mediterránea, mientras Gabi Arenas desarrollaba una marca de artículos de cuero pintados a mano desde una boutique en el Centro Histórico. El contacto constante con los visitantes le permitió reconocer una oportunidad que iba más allá de la gastronomía: Cartagena también necesitaba espacios capaces de presentar su propia cultura con el mismo cuidado que las propuestas internacionales que dominaban la escena.
La idea tomó forma durante varios años, hasta que en 2011 abrió Candé, Cocina 100% Cartagenera. Su propuesta integraba gastronomía, música, bailes, decoración y un equipo vinculado con la identidad de la ciudad. El concepto no encontró su lugar de inmediato, pues durante los primeros años buena parte del público seguía privilegiando la cocina internacional. Fue alrededor del cuarto año cuando comenzó a recibir el reconocimiento que buscaba, en paralelo con un interés cada vez mayor por descubrir la gastronomía local.
Doce años después de su apertura, Candé se trasladó a una sede más amplia junto al Centro Comercial La Serrezuela, una evolución que acompañó su consolidación como referente gastronómico y cultural. Su trayectoria también refleja una convicción que atraviesa la historia de GELA: la identidad de un destino puede convertirse en una propuesta contemporánea sin perder aquello que la hace propia.


Cada marca, una manera de entender Cartagena
El crecimiento del grupo no respondió a la intención de reunir negocios bajo una misma identidad, sino a la posibilidad de desarrollar conceptos con personalidad propia. José y Alberto Llamas continuaron ampliando el universo familiar con marcas como Se Volvió Prisprí y Buena Vida Marisquería. En 2016 se incorporó William Salazar, amigo de infancia de la familia y posteriormente socio, quien llegó inicialmente como director comercial y de relaciones públicas. Con él se desarrollaron Pezetarian, de inspiración asiático-caribeña, y Boating Cartagena, una propuesta enfocada en elevar los estándares del turismo náutico privado.
Cada proyecto partió de una lectura particular del mercado. El Burlador Mediterráneo-Caribe evolucionó desde sus orígenes como taberna sevillana hacia una experiencia gastronómica más sofisticada, con un servicio cuidado y una propuesta cercana al fine dining, sin renunciar a la calidez. Buena Vida, por su parte, encontró su espacio en los pescados y mariscos frescos del Caribe, mientras Pezetarian exploró una combinación de sabores asiáticos y caribeños desde un formato más casual y contemporáneo.
La diferencia entre las marcas no es secundaria, sino parte de la filosofía del grupo. Como explican desde GELA, cada concepto necesita una identidad clara, una razón de existir y un alma propia. Esa premisa permite que un mismo visitante encuentre distintas formas de acercarse a Cartagena, sin que las experiencias se sientan como variaciones de una misma fórmula.


La hospitalidad también se construye
En una industria donde la sofisticación suele asociarse con el diseño de los espacios o la calidad de los productos, GELA sitúa una parte importante de su filosofía en algo menos visible: la consistencia del servicio. La atención al detalle, la preparación de los equipos y la capacidad de anticiparse a las necesidades de cada huésped forman parte de una misma manera de entender el negocio, en la que la experiencia no depende únicamente de un buen momento, sino de la posibilidad de sostenerlo.
«Para nosotros, hospitalidad significa prestar atención», explican desde el grupo. La idea implica reconocer que cada interacción influye en la percepción de una marca, desde la recepción en un restaurante hasta la manera de responder cuando algo no sale según lo previsto. Esa sensibilidad, sin embargo, necesita una estructura que la acompañe. Por eso, GELA insiste en la disciplina, el entrenamiento y los protocolos como condiciones para alcanzar un estándar de calidad constante, incluso cuando los negocios y sus públicos son distintos.
La misma lógica se trasladó al alojamiento con Privado Designer & Boutique Hotel, un proyecto que amplía la visión del grupo hacia una experiencia más íntima, pensada desde el diseño y la atención personalizada. La propuesta parte de una idea sencilla: una habitación bien resuelta es apenas una parte de la experiencia; también importa cómo se siente el huésped en el espacio y cuánto cuidado hay detrás de cada decisión. Con Privado, la hospitalidad deja de estar asociada exclusivamente a la mesa para encontrar una nueva expresión en la manera de recibir y alojar.



GELA 360: conectar las piezas
La incorporación de nuevas marcas abrió una posibilidad que el grupo comenzó a explorar de manera natural: conectar sus distintas propuestas para ofrecer una visión más amplia de Cartagena. Así nació GELA 360, una experiencia que reúne alojamiento, gastronomía y turismo náutico dentro de un mismo recorrido, sin reducir la ciudad a un itinerario predeterminado. La iniciativa surgió inicialmente de las invitaciones a personalidades, creadores de contenido y líderes de opinión, a quienes el grupo quería mostrar no solo uno de sus negocios, sino el conjunto de experiencias que había construido a lo largo de los años.
La propuesta permite enlazar una estancia en Privado con una visita a Candé, una cena en El Burlador, los sabores de Buena Vida o Pezetarian y una salida al mar con Boating Cartagena rumbo a las Islas del Rosario. Cada parada conserva su carácter, pero juntas ofrecen una lectura más completa del destino, donde la gastronomía, el descanso y el paisaje forman parte de una misma experiencia de hospitalidad.
A partir de ese concepto también surgió Escapada en Cartagena, una propuesta para parejas con opciones de tres días y dos noches o cuatro días y tres noches. La intención no es establecer un programa idéntico para todos, sino aprovechar la variedad del grupo para adaptar la experiencia a los intereses de cada visitante. Mientras algunas parejas pueden preferir combinar gastronomía y mar, otras pueden inclinarse por la cultura, la vida nocturna o el descanso. La personalización aparece así como una extensión natural de la filosofía de servicio que GELA busca mantener en cada una de sus marcas.
El siguiente paso ha sido llevar esa visión más allá de Colombia. Con Boating Miami, el grupo trasladó a Estados Unidos parte de la experiencia desarrollada durante años en el turismo náutico de Cartagena, mientras su estructura continúa reuniendo restaurantes, alojamiento y entretenimiento bajo una misma dirección. La expansión internacional plantea un desafío distinto al de abrir un nuevo negocio: conservar una filosofía reconocible mientras se adapta a otros mercados y públicos.


Lo que comenzó como una iniciativa familiar se ha convertido en una plataforma de hospitalidad que abarca distintas formas de encuentro. En ese recorrido, GELA ha encontrado una manera de crecer sin exigir que todas sus marcas se parezcan, manteniendo como punto de conexión la atención al detalle, la disciplina y una lectura propia de cada oportunidad.
Cartagena ofrece muchas maneras de ser descubierta, y quizá esa sea la idea que mejor explica el recorrido de GELA Hospitality Group. No existe una única experiencia capaz de resumir una ciudad, del mismo modo que un restaurante, un hotel o una salida al mar no pueden contarla por completo. La posibilidad está en conectar esas experiencias sin borrar sus diferencias, entendiendo que la hospitalidad no consiste solamente en recibir a alguien, sino en darle razones para mirar un lugar de otra manera y querer volver a él.
Escribe: Nataly Vásquez



