Hay piezas que no se anuncian: aparecen. Irrumpen como un destello suave, un movimiento de aire, un signo mínimo que reorganiza la atmósfera. Así se presentó Nimbo, la primera escultura de studio ÁTMO, en una noche limeña donde la luz parecía tener un espesor distinto, casi táctil. En ese encuentro íntimo —mitad rito creativo, mitad revelación tecnológica— la ciudad descubrió una nueva forma de contemplación: un objeto que respira memoria, brillo y una inocencia deliberadamente futurista.

Un estudio que piensa en atmósferas
Fundado por Mateo Pueyo y Francisco Delfino, studio ÁTMO propone un territorio donde la estética se vuelve sistema, donde la tecnología opera como un pulso silencioso bajo la piel del arte contemporáneo. No buscan producir objetos; buscan crear atmósferas. De ahí su interés por materiales híbridos, procesos digitales y una sensibilidad que interpreta la innovación como un archivo emocional, no solo como herramienta.
En este contexto nace Nimbo, un art toy premium que dialoga con la cultura del diseño, la artesanía digital y la escultura de edición limitada. Su apariencia —una figura que captura la luz como si emergiera de un sueño níveo— es apenas el inicio del relato.





El brillo de lo mínimo
Nimbo está construido en resina y níquel, materiales que permiten un juego sutil entre opacidad y reflejo. La pieza sostiene un gesto infantil, casi puro, que contrasta con su materialidad contemporánea. No es casual: ÁTMO parece obsesionado con esa tensión entre lo primitivo y lo digital, entre lo que recordamos y lo que imaginamos.
El chip NFC integrado no es un guiño tecnológico, sino una extensión conceptual: desde allí se despliega el archivo digital, el certificado de autenticidad y un universo paralelo que complementa la obra física. Es una escultura que existe por capas, como si cada contacto revelara un nivel más íntimo de su espíritu.





Una noche para inaugurar un lenguaje
El lanzamiento de Nimbo reunió a artistas, creativos, coleccionistas y voces influyentes del circuito cultural limeño. No fue un evento: fue un gesto inaugural. La presentación marcó el inicio de White Soul, la primera colección del estudio, pensada como un manifiesto sobre la luz, el vacío fértil y la presencia sutil de los objetos que transforman un espacio sin imponerse.
En la sala, la pieza parecía observar a quienes la rodeaban. Una escultura que no se exhibe: se activa. Se envuelve en una atmósfera que la completa.




Cuando la tecnología deja de hacer ruido
Lo fascinante de Nimbo es su silencio. En tiempos donde lo digital suele gritar, ÁTMO propone una obra donde la innovación se percibe como un resplandor tenue, casi ritual. La tecnología está, pero no interrumpe. Se siente como una vibración, un eco que acompaña sin desplazar la emoción estética.
En sus manos, la integración digital deja de ser tendencia para convertirse en poética.

El futuro de studio ÁTMO parece expandirse desde esta pieza inicial: un objeto pequeño, luminoso, capaz de insinuar un mundo entero. Nimbo no cierra nada; abre un portal. Uno donde la materia, la luz y la memoria encuentran una nueva forma de respirar.
Escribe: Nataly Vásquez