A veces, el futuro no llega con estridencia, sino con la claridad de una idea bien dicha. En Lima, en un ambiente donde la tecnología se encuentra con la intuición, tres estudiantes de la PUCP revelaron una forma distinta de mirar el mañana. Su proyecto brilló en la primera edición del HONOR College Perú, un escenario donde la inteligencia artificial, la estrategia y la visión empresarial tejieron un territorio para el talento joven.

Cuando la educación se vuelve territorio creativo
El HONOR College nació como un laboratorio académico para pensar más allá del aula. No buscó replicar modelos, sino abrir un espacio donde los estudiantes imaginaran soluciones concretas, sensibles a la cultura digital y a las exigencias de un ecosistema tecnológico en constante transformación.
En esta edición inaugural, más de 700 alumnos participaron en un proceso que combinó mentorías, análisis estratégico y retos vinculados al posicionamiento de la marca HONOR, una firma global reconocida por su apuesta por la IA, el diseño y los ecosistemas inteligentes. De ese universo amplio emergió un equipo que destacó por claridad conceptual, rigor y sensibilidad contemporánea.




Tres miradas, un mismo pulso
Daniela Kalyd Rosas Bendezú, Diana Carolina Izasiga Cabrera y Jennifer Alison Arias Vargas no solo resolvieron un desafío: lo reinterpretaron. Su propuesta —precisa, perspicaz, alineada a la visión tecnológica de HONOR— se convirtió en un referente de profesionalismo universitario, donde la creatividad encontró estructura sin perder libertad.
El reconocimiento fue tan concreto como simbólico: S/15,000, un pack de dispositivos HONOR y la oportunidad de trabajar dentro de la compañía. Pero más allá del premio, lo valioso fue el gesto. La confirmación de que el talento joven peruano puede dialogar con estándares globales sin renunciar a su propia voz.





La expansión de una visión educativa
El espíritu del HONOR College no se agota en la competencia. Se suma a iniciativas como HONOR Talents, programas que entienden la educación como un territorio en movimiento, dispuesto a integrar el arte, la innovación y la transformación digital. En conjunto, estas plataformas construyen un puente donde la academia conversa con la industria y el futuro se vuelve un espacio accesible, no distante.
El triunfo de estas tres estudiantes no es un punto final. Es un indicio. Un recordatorio de que, cuando la tecnología se cruza con la sensibilidad humana, aparece una luz que no deslumbra: orienta. Y es desde ese resplandor discreto que nuevas generaciones comienzan a escribir el mundo que viene.
Escribe y fotos: Nasim Mubarak