La relación de Nico Freijo con la moda no comenzó como una estrategia ni como un proyecto a largo plazo, sino como un gesto intuitivo que apareció desde muy temprano. Desde niño armaba sus propios looks para ir al colegio y observaba con atención la forma en que se vestían las personas a su alrededor. Ese impulso inicial se volvió concreto en el último año del secundario, cuando pidió un préstamo familiar para fundar Belle Époque, una tienda creada a partir de prendas recicladas del guardarropas de su madre. Allí se definió una mirada que hoy atraviesa su trabajo como editor, productor y director creativo, donde el lifestyle funciona como una forma de identidad y no como una tendencia circunstancial.

El territorio como punto de partida
En el recorrido creativo de Freijo, los lugares ocupan un rol central. No como simples escenarios, sino como fuentes constantes de referencia. Sus viajes por el norte argentino, Chile, la Isla del Sol o Punta del Este fueron moldeando una sensibilidad visual que se refleja en su trabajo editorial. Cada ciudad, cada paisaje y cada contexto aportan información que luego se traduce en colores, climas y decisiones narrativas. Para Freijo, el lugar donde se vive y se crea influye directamente en lo que se produce, y esa relación entre geografía y mirada se vuelve una herramienta clave dentro de su proceso creativo.

Del concepto a la imagen
Su forma de trabajar parte casi siempre de una imagen mental. Una escena, una situación o un personaje que aparece a partir de una película, una referencia cultural o una historia personal. A partir de ahí, el proceso se vuelve más concreto: definir el lenguaje visual, el equipo, el tono de la producción. Ya sea un shooting, un fashion film o una campaña, cada proyecto busca construir una narrativa clara. Cuando trabaja con personas, la escucha es fundamental. Entender su historia le permite traducirla en una imagen coherente, cuidada y reconocible. Sus editoriales no buscan explicar, sino mostrar.

Estética, responsabilidad y mirada global
En una industria marcada por la inmediatez, Freijo prioriza la coherencia entre estética y valores. Su rol como Hispanic Ambassador de HFC Paris implica representar una marca desde un lugar auténtico, alineado con su propio recorrido. Cada fragancia de la maison encarna una identidad distinta, inspirada en artistas y universos culturales diversos. Asumir ese rol supone trasladar el ADN de la marca a distintos contextos, desde Sudamérica hasta Europa, manteniendo una visión global que trasciende lo local. No se trata de adaptar el mensaje, sino de sostener una esencia reconocible en cualquier parte del mundo.

Imágenes que construyen memoria
El trabajo de Freijo se caracteriza por capturar el espíritu de un momento. Portadas realizadas durante el Festival de Cannes, producciones que se volvieron virales y colaboraciones con figuras internacionales forman parte de un archivo visual que permanece más allá de la coyuntura. Cada proyecto refleja el momento vital en el que fue creado y lleva un sello propio que lo vuelve identificable. Su interés no está solo en el impacto inmediato, sino en crear imágenes que sigan siendo leídas con el paso del tiempo, como registros de una época y de una mirada que entiende la moda como una forma de cultura visual.
Escribe: Nataly Vásquez