Flor de Caña no celebra los años como una cifra, sino como una textura construida con tiempo y coherencia. A sus 135 años, la marca decide mirar hacia adelante afinando su forma de presentarse al mundo: una renovación visual que no rompe con el pasado, sino que lo vuelve más legible desde una estética clara y contemporánea. Bajo el concepto “Nuevo look, mismo espíritu”, este nuevo capítulo reafirma lo esencial desde 1890: cambia la piel, no el pulso; evoluciona la forma, permanece la esencia.

Diseño como traducción del tiempo
La nueva imagen de Flor de Caña no aparece como un golpe de efecto, sino como una evolución natural. Hay más limpieza, más jerarquía visual, más coherencia entre las distintas expresiones del portafolio. Las botellas se leen con mayor precisión, pero también con más carácter. El resultado es una identidad que dialoga con el presente sin perder densidad histórica.
En un mercado premium donde la estética se ha vuelto un lenguaje decisivo, Flor de Caña entiende que diseñar también es narrar. Cada etiqueta ahora ordena mejor su relato: el origen volcánico, el legado familiar de cinco generaciones, la artesanía del tiempo largo. Nada nuevo se inventa; todo se reafirma.
El origen no se maquilla
A pesar del nuevo look, hay algo que permanece absolutamente intacto: el líquido. Flor de Caña sigue siendo ese ron añejado de manera natural a la sombra de un volcán activo, sin azúcar añadida, fiel a un proceso que ha construido su prestigio internacional con paciencia y rigor.
Aquí, la renovación no es una estrategia para ocultar, sino para subrayar. La botella se convierte en un marco más preciso para un contenido que no necesita adornos. En tiempos de fórmulas rápidas, Flor de Caña insiste en el valor de lo esencial: tiempo, origen, honestidad.

Sostenibilidad como parte del ADN
Uno de los gestos más silenciosos —y más contundentes— de esta nueva identidad es cómo integra la sostenibilidad sin convertirla en discurso vacío. Flor de Caña es Carbono Neutral y Fair Trade, no como argumento publicitario, sino como consecuencia de una forma de producir.
La nueva imagen refuerza esta dimensión ética desde la elegancia: no hay sobreexplicación, no hay didactismo. Solo la convicción de que el consumidor contemporáneo sabe leer entre líneas y valora las marcas que actúan antes de declarar.
El lujo de la coherencia
“Esta nueva imagen refleja la evolución natural de Flor de Caña”, señala Michelle Fiol, Brand Manager de Flor de Caña, al explicar una decisión que va más allá del rediseño. Se trata de alinear forma y fondo, de construir una presencia premium que sea coherente con lo que la marca ha sido siempre y con lo que aspira a seguir siendo.
En ese equilibrio —entre tradición y modernidad, entre herencia y proyección— Flor de Caña encuentra su lugar. No como una reliquia del pasado, sino como una marca viva, consciente de su historia y segura de su futuro.

Celebrar 135 años no es un acto de autocelebración, sino de responsabilidad. Flor de Caña lo hace entendiendo que el verdadero legado no está en repetir fórmulas, sino en saber evolucionar sin perderse. El nuevo diseño no promete algo distinto. Promete lo mismo de siempre, dicho con mayor claridad: tiempo bien hecho, origen honesto y un espíritu que, como el buen ron, solo mejora con los años.