La Camelia: Elegancia discreta en cada detalle

POR NATALY

La Camelia nació en 2023 como un proyecto familiar impulsado por Rodrigo Madico y Melissa Calmet, a partir de una afinidad clara con el mundo floral y del deseo de construir una propuesta propia. Más...

La Camelia nació en 2023 como un proyecto familiar impulsado por Rodrigo Madico y Melissa Calmet, a partir de una afinidad clara con el mundo floral y del deseo de construir una propuesta propia. Más que una estrategia inicial, hubo una decisión concreta: crear una florería cercana, cuidada y confiable, donde cada arreglo reflejara dedicación y criterio. La experiencia de Melissa con las flores y la mirada estratégica de Rodrigo desde el marketing se integraron de forma natural, dando lugar a una propuesta definida por arreglos bien ejecutados, flores frescas y un proceso pensado de principio a fin, en el que el taller, la composición y la entrega forman parte de una misma experiencia y responden a un público que busca algo más que un gesto decorativo.

Escuchar antes de componer

El proceso creativo de La Camelia no responde a fórmulas cerradas. Parte de la escucha. Escuchar a quien regala, a quien recibe, a la temporada y a las posibilidades reales de las flores en ese momento. Hay intuición, pero también una memoria compartida: colores que remiten a ciertas emociones, especies que cargan significados culturales casi invisibles, asociaciones que operan sin necesidad de ser explicadas.

“Hay ritmo, pausas, cambios sobre la marcha”, comentan. Cada arreglo se construye como una conversación en tiempo real, donde lo emocional y lo estacional dialogan sin rigidez. La composición final no busca imponer una lectura, sino acompañar un gesto. En ese equilibrio entre lo espontáneo y lo aprendido se reconoce una práctica que privilegia la sensibilidad por sobre la repetición.

Trabajar con lo vivo, decidir con conciencia

La estética de La Camelia es delicada, pero nunca ingenua. Trabajar con flores implica asumir su carácter efímero y, con ello, una responsabilidad concreta. Desde el inicio, Rodrigo y Melissa entendieron que la belleza pierde sentido si no va acompañada de criterio. Por eso, sus decisiones apuntan a usar lo necesario, respetar los tiempos naturales y evitar el exceso pensado solo para generar impacto visual.

En un contexto marcado por el consumo rápido, la florería opta por otra velocidad. Sus piezas invitan a detenerse, a mirar con calma, a valorar lo que dura lo que tiene que durar. No se trata de competir con la inmediatez, sino de ofrecer una alternativa: arreglos que dialoguen con una visión de futuro más consciente, donde el cuidado sea parte central del diseño.

Un archivo emocional en construcción

Más que una marca, La Camelia se piensa como un registro de emociones. Cada ramo es un gesto que busca quedar asociado a un momento específico, a una intención clara. Esa idea se condensa en su lema, “Siembra Momentos, Florece Emociones”, que funciona menos como slogan y más como declaración de principios.

La proyección a largo plazo no está ligada a tendencias ni a escalas de crecimiento acelerado. Lo que imaginan es otra cosa: que, con el tiempo, su trabajo sea recordado no solo por cómo se veía, sino por lo que generaba. Que alguien piense en La Camelia y evoque una emoción cuidada, un detalle honesto, una forma más humana de regalar.

Al final, sus flores no buscan decirlo todo. Apenas lo necesario. Lo suficiente para que algo quede.

Escribe: Nataly Vásquez



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