In Salud: La revolución del liderazgo en medicina latinoamericana

POR NATALY

La experiencia en InSalud se aleja deliberadamente de la lógica hospitalaria tradicional. No hay prisa ni anonimato, sino una atención pensada desde el tiempo, la tecnología y el cuidado consciente del paciente. Fundada hace cinco...

La experiencia en InSalud se aleja deliberadamente de la lógica hospitalaria tradicional. No hay prisa ni anonimato, sino una atención pensada desde el tiempo, la tecnología y el cuidado consciente del paciente. Fundada hace cinco años por Fiorella Inga en un contexto marcado por la pandemia, InSalud surge para atender una necesidad que quedó relegada: la prevención, la calidad de vida y el acompañamiento de problemas crónicos que no desaparecen en tiempos de crisis. Más que responder a una emergencia, el proyecto propone una forma distinta de entender la salud, centrada en la persona y en una medicina especializada que escucha, observa y acompaña.

El origen: cuando la pospandemia se convierte en punto de partida

Durante la pandemia, los hospitales colapsaron. Respiradores, camas UCI, protocolos de emergencia. Pero las enfermedades no se suspendieron. La disfunción, el dolor crónico, la salud sexual —masculina y femenina— siguieron existiendo, aunque nadie parecía dispuesto a mirarlas. InSalud aparece como una respuesta elegante y necesaria: medicina especializada ambulatoria, lejos del miedo, cerca del paciente.

No fue una huida del sistema tradicional, sino una reinterpretación. Una medicina que entendiera que sanar no siempre ocurre en la urgencia, sino en la continuidad. Que hay cuerpos que no necesitan ser salvados, sino escuchados.

Dos médicos, una decisión: dejar de ser solo doctores

Fiorella Inga y Antonio Grande no solo comparten profesión. Son esposos, investigadores reconocidos por CONCYTEC, formados en universidades distintas y unidos por una inquietud común: ir más allá del consultorio. Él, urólogo. Ella, gestora con formación en investigación y gestión pública. Ambos entendieron pronto que el conocimiento clínico, por sí solo, no bastaba para construir lo que imaginaban.

La decisión fue radical y poco habitual en la medicina peruana: formarse como empresarios. Programas gerenciales, MBAs, ESADE. Viajes constantes, aulas internacionales, conversaciones con líderes corporativos, herederos de empresas familiares, fundadores de multinacionales. “Ese MBA fue un antes y un después”, confiesa Fiorella. Ahí dejaron de verse como un emprendimiento médico y empezaron a pensarse como una organización con visión regional.

Pensar la salud como ecosistema

InSalud ya no es solo un centro médico. Es un sistema vivo. De esa comprensión nacen sus vertientes: InLuxury, InB2B y la consultora que articula todo el modelo. No como extensiones comerciales, sino como capas de un mismo propósito.

La consultoría funciona como columna vertebral: planificación, estudios de mercado, selección de sedes, formación de equipos, estandarización de procesos. Una receta que se repite —con rigor— en cada ciudad donde InSalud decide aterrizar. Guayaquil, Quito, Panamá, Costa Rica. Pronto Chile, El Salvador. Ciudades con un patrón común: alta demanda, sistemas de salud saturados, pacientes invisibles.

Latinoamérica, para ellos, es un solo territorio.

Tecnología que no invade, transforma

Uno de los pilares más silenciosos —y más decisivos— de InSalud es su apuesta por la tecnología mínimamente invasiva. Equipos biomédicos aprobados por la FDA que no responden a una especialidad, sino a un enfoque regenerativo. Con la misma tecnología se abordan problemas urológicos, ginecológicos, dermatológicos y estéticos. La especialidad deja de ser el centro; el paciente lo ocupa todo.

De ahí nace InLuxury: no como un gesto superficial, sino como extensión natural de una idea profunda. Estar bien por dentro y por fuera. Rejuvenecer la piel, mejorar la apariencia, recuperar la confianza. No como vanidad, sino como parte de la salud integral.

Innovar también es cuidar

En un sector históricamente dependiente de software externo y seguros privados, InSalud decidió ir por el camino largo. Invertir en innovación propia. Sistemas de historia clínica desarrollados internamente. Plataformas de gestión de pacientes. Un CRM propio, patentado. Transformación digital como lenguaje cotidiano.

Aquí, el paciente no es un número. Su nombre aparece en pantalla. Su cita fluye. Su información está protegida. La experiencia empieza antes de la consulta y continúa después del tratamiento. Porque cuidar también es gestionar bien el tiempo, los datos, la espera.

La evidencia como acto de valentía

Quizá el gesto más contracorriente de InSalud sea su apuesta por la investigación científica en consulta ambulatoria. Protocolos documentados. Grupos de investigación. Convenios universitarios. Pasantes, rotantes. Evidencia donde antes solo había percepción.

El reciente financiamiento de CONCYTEC no es un premio: es una consecuencia. Demostrar que estos tratamientos funcionan. Que la medicina privada también puede generar conocimiento. Que el Perú puede producir evidencia de calidad. Aquí, la innovación no es discurso. Es método.

El aniversario de InSalud no se celebró con discursos solemnes, sino con una conversación abierta, juvenil, sin tabúes. La participación de Mateo Barredo Leca trajo humor, desmitificación, cercanía. Reflejó lo que la empresa es en esencia: joven, ambiciosa, consciente de su tiempo. Un equipo que creció rápido, que se reconoce en su propia historia y que entiende que la cultura también es parte de la salud.

InSalud no promete curas milagrosas. Propone algo más complejo y más valioso: una nueva forma de habitar la medicina. Donde la tecnología no reemplaza al criterio, donde la estética no eclipsa la ética y donde la innovación no se anuncia, se practica. En un continente acostumbrado a sistemas que llegan tarde, este proyecto decidió adelantarse. Y quedarse.

Escribe: Nataly Vásquez

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