Alesa Pacheco Araneta: La poesía como nuevo lenguaje en la era digital

POR NATALY

Hay creadores que usan la pantalla como vitrina. Alesa Pacheco Araneta la entiende como un espacio personal de exploración. Su Instagram, aparentemente simple, funciona como un archivo emocional donde la imagen y el texto conviven...

Hay creadores que usan la pantalla como vitrina. Alesa Pacheco Araneta la entiende como un espacio personal de exploración. Su Instagram, aparentemente simple, funciona como un archivo emocional donde la imagen y el texto conviven sin buscar explicaciones cerradas. En lugar de responder a la urgencia de las redes, su trabajo propone una narrativa más pausada, pensada para ser recorrida y no consumida de forma inmediata.

Cuando la poesía abandona el papel

Instagram fue, al inicio, un espacio de juego. Tendencias, exploración, prueba y error. Pero pronto se convirtió en algo más complejo: un laboratorio sensible donde la poesía dejó de pertenecer exclusivamente a las palabras. Para Alesa, el gesto poético se desplaza hacia la decisión editorial: qué imagen aparece primero, qué historia se publica sin contexto, qué fragmento queda suspendido en un “dump” de fotos.

La plataforma no moldeó su voz; la obligó a escucharla. A reconocer que la identidad artística no es una pieza fija, sino un organismo en movimiento. En ese proceso, la creadora acepta la transformación como método. La coherencia no viene de la repetición, sino de la fidelidad a una sensibilidad que cambia.

El ritual invisible de crear

Lejos de la estética pulida y del mandato de la perfección, la creación digital de Alesa se asume como un acto cultural, casi ritual. No responde a la lógica del algoritmo ni a la demanda de lo inmediato. Cada publicación construye atmósfera antes que respuesta. Cada palabra, cada imagen, funciona como una capa más de experiencia.

Aquí, lo digital no es un escenario frío, sino un espacio donde lo cotidiano se vuelve significativo. La emoción no se exhibe: se filtra. El resultado es una narrativa que no busca viralidad, sino resonancia. Un lenguaje visual que confía en la intuición del lector-espectador.

La ética de guardar silencio

En un ecosistema que premia la exposición constante, decidir qué no mostrar es un gesto radical. Alesa lo entiende como una forma de cuidado. No todo necesita ser compartido. Hay emociones que aún están en proceso, ideas que requieren tiempo, vivencias que piden reserva.

Esa distancia deliberada sostiene una coherencia ética y estética. Pensar a largo plazo implica resistir el impacto efímero del “ahora”. La reserva no es ocultamiento; es edición. Y en esa edición se construye una visión de futuro donde la creación no se agota en el instante.

Capas de memoria en la pantalla

La escritura y la poesía atraviesan su universo como corrientes subterráneas. La memoria, la herencia cultural, las raíces aparecen sin necesidad de ser nombradas. Están en el tono, en la elección de las palabras, en los silencios entre una publicación y otra.

Alesa no busca ser comprendida de inmediato. Prefiere ser sentida. Su contenido propone un espacio donde lo real y lo virtual se tocan sin fricción, donde el espectador puede encontrar algo propio: un recuerdo activado, una emoción latente, una pregunta sin respuesta. A largo plazo, su deseo es simple y profundo: que ese espacio crezca junto a quienes lo habitan.

La pantalla se apaga, pero algo queda. No una imagen, no un texto. Una sensación persistente, como si la poesía —por fin— hubiera encontrado otra forma de quedarse.

Escribe: Nataly Vásquez

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