El sonido de zapatillas contra el piso de un gimnasio, el ritmo pausado de la respiración consciente, la luz que entra por la ventana iluminando un escritorio ordenado: el bienestar tiene formas silenciosas, y para Alejandra Chávez, cada gesto, cada imagen y cada palabra son parte de un mismo ecosistema. Lo que comenzó como un blog de recetas saludables en 2013 se transformó en una plataforma donde deporte, moda y bienestar convergen con naturalidad y convicción.

De hobby a propósito consciente
“Empecé con mi blog como hobby, quería compartir recetas saludables y lugares para comer bien en Lima”, recuerda Alejandra. Con los años, su pasión evolucionó. Instagram se convirtió en un espacio donde mostrar deporte y estilo de vida, no para impresionar, sino para motivar y acompañar a otros en su bienestar físico y emocional. Lo que era un pasatiempo se volvió un proyecto profesional en 2016-2017, marcado por la constancia y la autenticidad más que por la urgencia de la visibilidad.
Rutina, ritual y comunidad
Alejandra describe su proceso creativo como un ritual cotidiano: un equilibrio entre disciplina y libertad, entre estética y naturalidad. “Mi contenido tiene una cierta estética cuidada, pero intento que sea real. La gente ya entiende que no todo es perfecto”, explica. Cada publicación busca conectar con quienes la siguen, transmitiendo un estilo de vida sano y honesto, donde lo emocional y lo familiar son tan importantes como lo físico.


Ética del bienestar y responsabilidad
En un universo digital saturado de aspiracionalidad superficial, Chávez apuesta por la coherencia: alinear imagen, responsabilidad y visión de futuro sin perder autenticidad. Comparte experiencias personales, como su camino hacia la fertilidad o la pérdida de seres queridos, con la intención de acompañar y generar un impacto positivo en su comunidad. “Lo que más me gusta es dejar algo bonito en las personas, que se sientan motivadas y acompañadas”, asegura. Su ética del bienestar no se reduce al cuerpo; es una práctica integral, un diálogo constante entre honestidad, estética y cuidado real.


Más que una creadora, Alejandra construye un ecosistema: marca, comunidad y conversación se entrelazan en un proyecto pensado para trascender tendencias, métricas o plataformas. Su legado no será solo digital, sino un archivo vivo de intenciones y conexiones auténticas. En cada publicación, en cada consejo, se percibe la misma motivación que la llevó a comenzar hace más de una década: marcar positivamente la vida de las personas, con constancia, sensibilidad y sentido.
Escribe: Nataly Vásquez