Camila Cocktail: Tres botellas para reescribir la tarde

POR NATALY

El lanzamiento de Camila Cocktail se presentó, desde el primer sorbo, como una pequeña escena de verano encapsulada en cristal. Tres botellas —Spritz, Sangría, Rosé— parecían dialogar entre sí sobre la mesa: una paleta líquida...

El lanzamiento de Camila Cocktail se presentó, desde el primer sorbo, como una pequeña escena de verano encapsulada en cristal. Tres botellas —Spritz, Sangría, Rosé— parecían dialogar entre sí sobre la mesa: una paleta líquida pensada para tardes que se alargan sin pedir permiso, terrazas abiertas al cielo y conversaciones que se sirven frías, con hielo, fruta y complicidad. No se trataba solo de una nueva línea de Nieto Senetiner, sino de un cambio de código en la forma de beber: más libre, más lúdica, más contemporánea. Una invitación a celebrar lo cotidiano con la precisión de un cóctel y la frescura de algo que recién empieza.

Cuando el cóctel se vuelve territorio cotidiano

En un mundo donde el ritual del trago suele asociarse a barras sofisticadas y coctelerías de autor, Camila Cocktail propone otra escena: la del living abierto, la del balcón improvisado en terraza, la de la mesa larga donde nadie pregunta cuánto falta para el fin de semana. Aquí, el cóctel baja del pedestal y se vuelve accesible, inmediato, perfectamente servible en casa.

La esencia de la bodega —su experiencia, su saber vinero, su respeto por la uva— se traduce en una colección pensada para quienes valoran la calidad, pero exigen también frescura, espontaneidad y diseño. Cada etiqueta parece construida como un pequeño manifiesto: color, ritmo, textura. No es un cóctel que se limita a gustar; es un gesto estético que también quiere verse.

Spritz: la luz dorada de la tarde

El Camila Spritz llega con la actitud de una hora dorada embotellada. Es burbujeante, ligero, brillante, ideal para quienes buscan un trago fresco, aromático, con ese carácter efervescente que invita al segundo brindis casi sin darse cuenta. Se sirve frío, se escucha el hielo chocar contra el vidrio, y hay algo en ese sonido que sugiere celebración, aunque sea martes.

En este spritz hay una idea clara: simplificar sin renunciar al estilo. Nieto Senetiner comprime la complejidad del bar en una botella afinada, lista para ser servida sin instrucciones técnicas, sin coctelera ni medidas exactas. Solo hielo, una rodaja de fruta, tal vez una piel de cítrico, y el resto se encarga de la mezcla. Es el cóctel que no intimida, que acompaña almuerzos largos, afters discretos, tardes de piscina o encuentros que empiezan sin tener hora de cierre.

Sangría: el verano que no mira el calendario

La Camila Sangría se siente como una sobremesa extendida en otro idioma. Tiene esa vibración mediterránea, cálida y festiva, que mezcla fruta, vino y memoria. Es un trago que habla de compartir, de jarras en el centro de la mesa, de vasos que se rellenan sin hacer ruido, de risas que suben de volumen a medida que cae la tarde.

Aquí, Nieto Senetiner transforma una tradición de larga data en una versión pulida, lista para servir, concebida con la precisión de bodega. La fruta deja de ser solo un adorno para convertirse en un gesto curatorial: rodajas de cítricos, frutos rojos, quizás alguna nota especiada que insinúe otro viaje. El resultado es una sangría equilibrada, moderna, pensada para quienes buscan un cóctel de carácter pero con textura amable, jugosa, accesible.

Rosé: la suavidad como declaración de estilo

En la familia Camila, el Rosé funciona como un susurro que igual deja huella. Es fresco, delicado, visualmente luminoso, con ese tono rosado que se ha convertido en lenguaje global de lifestyle: terrazas, brunchs tardíos, atardeceres frente al mar, playlists suaves que nunca terminan.

Este rosé coctelero se mueve entre lo etéreo y lo preciso: no pretende dominar la escena, sino acompañarla con elegancia. En copa, la paleta cromática parece pensada para convivir con platos ligeros, ensaladas, tapas, bocados que no interrumpen la conversación. Es el trago de quienes eligen la sutileza por encima del exceso, pero no renuncian a un guiño de hedonismo bajo en clave contemporánea.

Un nuevo lenguaje para los momentos especiales

Más que una línea de productos, Camila Cocktail se presenta como un lenguaje de ocasión. Cada botella sugiere un mood: el spritz para encender la tarde, la sangría para habitar la mesa compartida, el rosé para extender la conversación hasta que la noche deje de mirar el reloj. No se trata de grandes ceremonias, sino de pequeñas escenas que, bien servidas, se convierten en recuerdos.

Nieto Senetiner, con su trayectoria y su sello de calidad, decide aquí mirar hacia adelante: tomar la tradición del vino, cruzarla con el espíritu del cóctel y ofrecer una propuesta pensada para una generación que aprecia la artesanía, pero vive en clave inmediata. Camila Cocktail es, al final, eso: una experiencia distinta que respeta el origen, pero elige contarlo con otro acento, más ligero, más luminoso, más cercano a esos momentos que parecen pequeños, pero terminan marcando la memoria de una temporada entera.

Escribe: Nataly Vásquez

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