Hay lanzamientos de autos que parecen fotocopia: flashes, discursos previsibles, motores encendidos a destiempo. Y luego están las noches en las que un modelo no solo se presenta, sino que ocupa el espacio como si siempre hubiera sido suyo. En San Isidro, La Cuadra del Salvador se convirtió en escenario de esa segunda categoría. Bajo una luz cuidadosamente medida, entre copas, conversaciones en voz baja y platos que llegaban a la mesa como pequeñas coreografías, el nuevo CUPRA Formentor hizo su entrada: un SUV que parece haber sido diseñado para quienes leen el diseño como un idioma y la deportividad como una actitud más que como un número en la ficha técnica.

Una tribu urbana en torno a un emblema afilado
La escena decía mucho antes de que alguien hablara. En la terraza, periodistas de estilo de vida, clientes de la marca y curiosos bien informados recorrían el perímetro con la misma atención que se reserva a una obra en una galería. No solo miraban un auto; estaban decodificando un manifiesto. CUPRA no se presenta como una marca más del segmento premium, sino como una tribu: un grupo que se reconoce en ciertos gestos, en una cierta estética y en un emblema que lo resume todo.
Ese logo, dos “C” cruzadas que dibujan un triángulo invertido, se repite en el espacio como un recordatorio de la intención: pasión, precisión, determinación, valentía. Un lenguaje visual que se aleja de la solemnidad clásica y se acerca más al universo del streetwear de lujo, de la relojería contemporánea, de las marcas que cuentan historias desde el símbolo. Desde su lanzamiento global en 2018, CUPRA se ha empeñado en algo que pocos se atreven a formular con claridad: reinventar la deportividad. No como nostalgia, sino como presente activo. Más de un millón de unidades vendidas después, la marca llega a Lima con la consistencia de quien ya probó su tesis en otras plazas.
El nuevo Formentor: diseño como declaración, no como ornamento
En el centro de esa noche limeña, el nuevo Formentor se deja mirar. La segunda generación del SUV más icónico de CUPRA no intenta ser discreta. La llamada “nariz de tiburón” —esa caída frontal que apunta hacia adelante con decisión— no solo es un recurso estético; es una postura. Remata en unos faros Matrix LED de tres triángulos, una firma luminosa que, encendida, parece más una escultura de luz que un simple sistema de iluminación. Desde ciertos ángulos, el auto transmite algo cercano a la tensión de un atleta justo antes de la salida.
Atrás, el logotipo de CUPRA iluminado y perfectamente integrado a la franja de luz que recorre el portón resume bien la vocación de la marca: sofisticación, pero con filo. No hay cromos innecesarios ni relieves superfluos. El Formentor trabaja con volúmenes y nervaduras que sugieren movimiento incluso en reposo. Es un SUV, sí, pero con proporciones que coquetean con el coupé y un lenguaje que habla de performance más que de pura función.
En el interior, la apuesta por la tecnología y el confort se siente inmediata. La gran pantalla de infoentretenimiento de 12.9 pulgadas, con interfaz depurada, domina el tablero sin invadirlo. El diseño es limpio, casi arquitectónico, con líneas horizontales que amplifican la sensación de amplitud. Los asientos tipo bucket abrazan, más que sostener; el climatizador de tres zonas permite que cada pasajero module su propia burbuja de temperatura. La cámara 360°, los perfiles de conducción, los 10 airbags… todos esos detalles, que podrían perderse en un listado técnico, se perciben aquí como parte de una misma coreografía orientada a una idea: hacer que la deportividad no esté reñida con la serenidad.



Potencia, tracción y una manera distinta de entender lo premium
En un mercado donde las cifras suelen buscar impresionar, CUPRA elige otra estrategia: hablar de carácter. El nuevo Formentor llega al Perú en una única versión, con motor 2.0 TSI de 190 caballos de fuerza, tracción total y transmisión automática DSG. Es una configuración pensada para ofrecer un manejo ágil y preciso, con ese ADN deportivo que la marca ha convertido en sello propio. No se trata solo de velocidad; se trata de cómo se siente el auto en curva, de cómo responde al cambio de ritmo, de cómo dialoga el conductor con la máquina.
CUPRA no oculta sus ambiciones. “Esperamos repetir la historia de éxito en esta segunda generación”, señala Ramiro López de Romaña, gerente de la marca en Perú. La frase, más que un deseo, suena a continuidad lógica. Desde su llegada al país en 2022, de la mano del Grupo Euromotors, la marca ha tejido un relato cuidado: primero con el Formentor original, luego con el hatchback CUPRA León y, más recientemente, con el CUPRA Terramar. Con la llegada de esta nueva generación del Formentor, el line up se siente completo, casi como una trilogía pensada para un cliente que demanda seguridad, tecnología de vanguardia y diseño disruptivo en una misma decisión de compra.
El precio de pre-venta, USD 44,490, coloca al modelo en un rango claramente premium, pero con un matiz importante: es un lujo que se justifica menos por la ostentación que por la coherencia. El auto estará disponible desde el 20 de noviembre en la tienda principal de CUPRA, en la calle Los Negocios, en Surquillo. Una dirección que, poco a poco, empieza a sonar más a club selecto que a simple punto de venta.
De Barcelona a Lima: la estética de una marca que no quiere ser convencional
CUPRA nace en Martorell, a las afueras de Barcelona, pero su espíritu es global. La ciudad catalana, con su mezcla de tradición industrial, arquitectura radical y cultura urbana, funciona casi como una metáfora de lo que la marca busca encarnar: raíces sólidas, pero mirada hacia adelante. En el Perú, el aterrizaje ha sido rápido y decidido. Ya no se trata de “aterrizar” una marca europea en un nuevo mercado, sino de sumar Lima a un mapa de ciudades donde el conductor no solo busca movilidad, sino una cierta idea de pertenencia.
Porque al final, el logo de CUPRA no está pensado solo para la carrocería. Es, como insisten desde la firma, un emblema: el símbolo de entrar a una comunidad que comparte lenguaje estético, ética de diseño y gusto por lo no evidente. En ese contexto, el nuevo Formentor no es únicamente un producto más en el showroom. Es el vehículo que, por su naturaleza SUV y su personalidad afilada, mejor condensa el mensaje de la marca: romper los límites de lo conocido en el segmento, sin perder refinamiento ni precisión.
La noche limeña avanza, las conversaciones giran en torno a motores, a detalles de diseño, a experiencias de manejo. Pero hay un momento, casi imperceptible, en el que la crónica se escribe sola: alguien se aleja unos pasos, mira el Formentor de costado, repara en la nariz de tiburón, en la firma luminosa posterior, en la forma en que la luz toca la pintura. No dice nada, solo asiente. En ese gesto mínimo, lejos del lenguaje de las fichas técnicas, parece quedar claro el verdadero objetivo de CUPRA en el Perú: no solo fortalecer su presencia en el segmento premium, sino convertirse en la respuesta natural para quienes entienden que un auto puede ser, también, una pieza de diseño que acompaña una manera particular de estar en la ciudad.


El Formentor arranca luego, ya fuera del contexto de la presentación, y se pierde entre semáforos y edificios. La “nariz de tiburón” corta el aire húmedo de Lima, las luces triangulares se funden con el tráfico nocturno, el logo iluminado se convierte en una firma móvil. Y mientras tanto, en alguna conversación de sobremesa, alguien empieza a pronunciar la palabra CUPRA con un matiz distinto: menos como una novedad y más como un nombre propio que ha llegado para quedarse.
Escribe: Nataly Vásquez