En 2018, Alexandra Calderón decidió trasladar una pregunta de la medicina al terreno de la educación: ¿qué pasa cuando se intenta enseñar antes de entender a quién se tiene delante? De esa inquietud nació Dreamers Learning Studio, una propuesta que comenzó con clases personalizadas de inglés y que hoy se extiende hacia la neuroeducación, los programas académicos y las experiencias internacionales de Dreamers Beyond. En el centro de todo permanece una misma idea, sencilla pero exigente: antes de pedirle a un niño que aprenda, hay que descubrir cómo aprende.

El punto de partida no es el idioma
Alexandra llegó a la educación desde la medicina, una formación que terminó definiendo buena parte de la manera en que entiende el aprendizaje. En medicina, explica, existe una regla básica: no se trata antes de diagnosticar. Al encontrarse con el mundo educativo, le llamó la atención que muchas veces el proceso funcionara en sentido contrario, enseñando primero y evaluando después, hasta terminar atribuyendo al propio niño aquello que no estaba funcionando.
Dreamers nació precisamente para cambiar ese orden. Antes de pensar en contenidos o niveles de inglés, el equipo busca comprender cómo procesa la información cada estudiante, qué canal le permite conectar mejor, cuánto tiempo puede sostener su atención, qué lo motiva y cuál ha sido su relación previa con el aprendizaje. De esa información nace el Perfil Dreamer, una herramienta que orienta el diseño de la experiencia educativa y permite que la personalización sea algo más profundo que adaptar una actividad.
La metodología incorpora neuroeducación, aprendizaje basado en proyectos, objetivos académicos y seguimiento continuo, pero Alexandra insiste en que personalizar no significa simplemente hacer una clase más entretenida. Significa que cada decisión dentro de ella tenga una razón y responda a un niño concreto. Incluso las pausas, el movimiento y la manera de introducir nuevos contenidos forman parte de una estructura pensada para acompañar la forma en que funciona su atención.
En esa lógica aparece también un elemento que podría parecer menos académico, pero que para Alexandra resulta indispensable. Un niño que siente vergüenza, miedo a equivocarse o que lleva tiempo convencido de que no es bueno para el inglés tiene una dificultad adicional antes incluso de abrir un libro. Por eso, generar seguridad no funciona como un complemento de la metodología, sino como una parte de ella.
Cuando aprender deja de quedarse en el aula
Con los años, Dreamers dejó de ser únicamente un espacio de clases para convertirse en un ecosistema educativo que acompaña distintas etapas de la vida escolar. Alexandra entiende que un niño de cinco años necesita algo distinto de aquello que necesitará ese mismo estudiante a los quince o diecisiete, y es justamente ahí donde sus tres pilares encuentran sentido.
La neuroeducación responde al cómo aprende cada niño, la personalización determina desde dónde se construye su experiencia y la dimensión internacional plantea para qué sirven finalmente todas esas herramientas. Porque para Alexandra aprender inglés no debería reducirse a memorizar estructuras o completar ejercicios. El idioma adquiere otra dimensión cuando permite conocer a alguien de otro país, resolver una situación cotidiana, participar en un proyecto o desenvolverse en una ciudad desconocida.
De esa idea nació Dreamers Beyond, concebido no como una agencia de viajes, sino como una extensión natural del proyecto educativo. Toronto, Montreal y Aruba se convierten así en escenarios donde el idioma convive con la cultura, la exploración y situaciones reales. El trabajo comienza incluso antes de viajar, preparando a los niños y sus familias para una experiencia que también pone a prueba la autonomía y la capacidad de desenvolverse fuera de lo conocido.
La diferencia está en lo que ocurre cuando regresan. Alexandra habla de niños que vuelven no solo con un mejor nivel de inglés, sino con una percepción distinta de sí mismos después de haber tenido que comunicarse, resolver una dificultad o hacer un amigo que no habla su idioma. En ese momento, el viaje deja de ser el destino y se convierte en parte del aprendizaje.


Una educación que no quiere crecer a cualquier precio
En un mercado dominado por modelos educativos más estandarizados, Alexandra tomó una decisión que podía hacer más lento el crecimiento de Dreamers: no competir por volumen. En lugar de llenar aulas, la propuesta se construyó alrededor de clases individuales, grupos pequeños y experiencias virtuales personalizadas, con una pregunta que continúa funcionando como filtro para las decisiones de expansión: si una nueva iniciativa impide conocer realmente a cada niño, entonces probablemente no sea el camino correcto.
Esa misma mirada se extiende a las familias. Alexandra participa del proceso desde una perspectiva que también está atravesada por su experiencia como madre. Se pregunta qué necesitaría saber si se tratara de su propia hija, cómo quisiera que la acompañaran y qué tendría que sentir para confiar en que no es simplemente una alumna más. La relación con las familias, entonces, forma parte de la experiencia educativa y no queda reducida a la entrega de resultados.
El otro gran desafío está en sostener esa filosofía a medida que la organización crece. Dreamers ha invertido en la formación interna de sus profesoras y en una estructura de dirección académica, seguimiento, reportes y protocolos que busca preservar la personalización sin hacer que todo dependa de una sola persona. La metodología necesita existir en la práctica, no únicamente en un documento.
Para Alexandra, ahí aparece una definición de exclusividad que tiene poco que ver con el tamaño de una institución o con sus recursos tecnológicos. “En educación, lo verdaderamente exclusivo no es el material, la plataforma ni el tamaño de la institución. Es la atención”, afirma. La frase resume una posición que atraviesa toda la conversación: conocer al niño lo suficiente como para tomar decisiones educativas pensando realmente en él.
El mundo como siguiente aula
El crecimiento de Dreamers no parece plantearse como una acumulación de servicios, sino como una extensión progresiva de la misma idea. Para 2027, la propuesta contempla nuevos formatos de camps en Lima, un programa de After School que llevará proyectos de arte, ciencia y movimiento al año escolar, además de la posibilidad de acercar el modelo presencial a ciudades como Arequipa, Chiclayo y Cusco.
Dreamers Beyond tendrá también un papel mayor, con experiencias previstas en Toronto, Montreal y Aruba y nuevos formatos pensados para distintas edades. Aruba representa una propuesta especialmente interesante para los más pequeños, con un modelo dirigido aproximadamente a niños de siete a trece años en el que las familias viajan juntas mientras ellos participan durante el día en una experiencia inmersiva en inglés. La autonomía aparece así de manera gradual, sin convertir la primera experiencia internacional en una ruptura brusca con el entorno familiar.
También están en desarrollo nuevas experiencias en Inglaterra y programas junto a colegios. Pero incluso con nuevos destinos y formatos sobre la mesa, Alexandra mantiene una idea clara sobre lo que debería permanecer intacto. Dreamers construye la base académica, las herramientas y la confianza; Dreamers Beyond busca ponerlas a prueba en espacios donde el niño tenga que utilizarlas por sí mismo.
Ese recorrido cambia la pregunta inicial. Ya no se trata solamente de cuánto inglés puede aprender un estudiante, sino de qué puede hacer con él cuando deja de estar dentro del aula. Y quizás ahí está la dimensión más interesante del proyecto de Alexandra: entender la educación no como una sucesión de niveles que deben completarse, sino como una preparación gradual para todo aquello que todavía no puede anticiparse.

Cuando un niño descubre que puede resolver algo que antes consideraba imposible, el aprendizaje adquiere otra medida. Una certificación puede marcar un logro concreto, pero la confianza que queda después de haberlo intentado cambia la relación con el siguiente desafío. Alexandra parece construir Dreamers desde esa convicción, acompañando primero la manera en que cada niño aprende para después darle suficientes oportunidades de comprobar, por sí mismo, hasta dónde puede llegar.
Escribe: Nataly Vásquez



