Hay objetos que pasan desapercibidos hasta que alguien decide mirarlos de otra manera. La cortina es uno de ellos: frontera suave entre lo íntimo y lo expuesto, filtro delicado entre la luz y la sombra. En ese gesto silencioso —el de correr una tela, el de modular una entrada de sol— Edith Nava Cruz encontró algo más que un negocio. Encontró un lenguaje. Desde allí nace Encortina Perú, no como una firma de soluciones decorativas, sino como una lectura sensible de los espacios donde ocurre la vida.

La ventana como escenario emocional
El punto de quiebre no fue técnico ni comercial. Fue profundamente humano. Entrar en las casas, escuchar historias, observar rutinas. Entender que una cortina no solo cubre una ventana, sino que enmarca momentos. Desde esa conciencia, Encortina se transforma en una práctica de interpretación: traducir calma, identidad y atmósfera en textiles que dialogan con el habitar cotidiano.
Cada proyecto comienza con una pregunta implícita: ¿cómo quiere sentirse este espacio? La respuesta rara vez está en una tendencia. Está en la forma en que entra la luz por la mañana, en la necesidad de recogimiento al caer la tarde, en la intimidad que se protege sin aislarse del mundo.


Escuchar antes de elegir
El proceso creativo de Encortina se construye desde la observación atenta. Antes de hablar de telas, se habla de vidas. Rutinas, aspiraciones, silencios. Edith Nava Cruz insiste en ese gesto inicial: escuchar. Solo después aparecen las decisiones materiales.
La caída de una tela puede transmitir serenidad. Una textura puede aportar carácter sin imponerse. Un tejido técnico puede resolver necesidades contemporáneas sin sacrificar elegancia. Nada es arbitrario. Todo responde a una narrativa visual coherente, donde diseño y funcionalidad se ajustan a la persona, no al revés.


El lujo que no necesita anunciarse
En un mercado saturado de gestos grandilocuentes, Encortina Perú propone otra idea de lujo. Un lujo silencioso, que se percibe sin necesidad de explicarse. Aquí, la sofisticación está en la precisión del detalle, en la ingeniería que se mueve con suavidad, en los acabados que resisten el paso del tiempo.
La marca ha ido más allá del esquema tradicional al integrar sistemas que responden a nuevas formas de habitar: control de luz, privacidad, automatización. Soluciones técnicas pensadas para la vida actual, envueltas en una estética que no busca protagonismo, sino permanencia. El resultado no sigue tendencias: las atraviesa.



Acompañar como forma de diseño
Más allá del producto final, Encortina se define por su manera de estar. Acompañar desde el primer momento. Analizar, proponer, ajustar. Para Edith Nava Cruz, el servicio es tan importante como la pieza terminada. Cada espacio exige una lectura particular, una solución precisa, una mirada que no se conforme con lo evidente.
Ese enfoque ha convertido a la marca en un referente dentro del interiorismo peruano: una firma que entiende el diseño como un proceso compartido, donde la confianza se construye paso a paso y el resultado se siente natural, casi inevitable.
El futuro de Encortina Perú se proyecta con la misma coherencia que define su presente: crecimiento consciente, integración de nuevas tecnologías, exploración de materiales innovadores. Sin perder la esencia. Crear espacios que se sientan tan bien como se ven. Espacios que acompañen a las personas a lo largo del tiempo, modulando la luz, protegiendo la intimidad y recordándonos —cada día— que el verdadero diseño ocurre en los detalles que casi no se notan, pero que lo cambian todo.
Escribe: Nataly Vásquez