Hay personas que viajan para cambiar de lugar y otras que lo hacen para cambiar de ritmo. En el trabajo de Fabia Guerinoni, el viaje no aparece como una colección de destinos, sino como una forma de ordenar la mirada. Salir de la rutina le permite pensar distinto, crear con más calma y registrar momentos que hablan tanto del entorno como de su propio estado personal.

Viajar como una pausa necesaria
Para Fabia, crear mientras se mueve no responde a una estrategia ni a la necesidad de mostrar lugares. Viajar le da tiempo y espacio mental. Fuera de lo cotidiano, el proceso creativo se vuelve más natural, menos forzado. Las imágenes no buscan explicar dónde está, sino recordar por qué ese viaje fue importante y qué estaba viviendo en ese momento.


Observar más, mostrar menos
El movimiento, lejos de acelerar, le permite detenerse. Camina más, observa con atención y se libera de la presión de producir. Ese cambio se refleja en su contenido, que se vuelve más simple y fluido. No todo queda registrado, y eso es parte de la intención. Fabia elige pequeños detalles que funcionan como recuerdos, fragmentos que condensan una experiencia sin necesidad de mostrarla por completo.

Una mirada que se mantiene, aunque el contexto cambie
Su estética conserva una coherencia clara incluso cuando el escenario es distinto. No depende del destino, sino de una forma constante de mirar y de crear. Fabia no fuerza la experiencia ni la convierte en espectáculo. Le interesa que el contenido sea bonito y real, sin exageraciones, sin adornos innecesarios. La continuidad aparece cuando la creación se integra con la vida, no cuando se impone sobre ella.


Lo que queda cuando el viaje pasa
Si su trabajo puede leerse como un archivo, no es uno de lugares, sino de momentos con sentido. El motivo del viaje, las personas que la acompañaron, el contexto personal que atravesaba. Aunque no todo se muestre, siempre hay una historia detrás. En un entorno digital que cambia constantemente, Fabia construye algo más silencioso pero más duradero: una manera honesta de habitar el movimiento y de dejar registro de lo que realmente importa.
Escribe: Nataly Vásquez