Flor de Caña: 136 años pensando en lo que queda

POR NATALY

El 16 de agosto, mientras el mundo vuelve la mirada hacia el Día Mundial del Ron, Flor de Caña llega a sus 136 años con una pregunta que resulta más interesante que la celebración misma:...

El 16 de agosto, mientras el mundo vuelve la mirada hacia el Día Mundial del Ron, Flor de Caña llega a sus 136 años con una pregunta que resulta más interesante que la celebración misma: qué significa sostener una tradición cuando el futuro exige nuevas formas de hacer las cosas. Desde 1890, la marca nicaragüense ha construido su historia alrededor del ron, pero también alrededor de una idea cada vez más presente en la conversación global: que la excelencia puede convivir con una producción responsable.

Una historia que no se queda quieta

La historia de Flor de Caña comienza en 1890, pero no parece construida desde la nostalgia. Su permanencia tiene más que ver con la capacidad de revisar lo aprendido y trasladarlo hacia otro momento. En una categoría donde la tradición suele funcionar como argumento suficiente, la marca ha elegido hacer de la sostenibilidad una parte concreta de su identidad, respaldada por certificaciones Carbono Neutral y Fair Trade.

Ese recorrido plantea una relación distinta con el concepto de legado. No se trata únicamente de conservar una manera de producir ron, sino de preguntarse qué sucede con todo aquello que rodea a la producción: el entorno, las comunidades y las decisiones que pueden modificar la cadena de valor. Esa mirada también explica por qué la celebración de sus 136 años no se limita a mirar hacia atrás.

Para Michelle Fiol, Brand Manager de Flor de Caña, la fecha funciona precisamente como una oportunidad para revisar el futuro. “Celebrar 136 años no significa solo mirar todo lo que hemos construido, sino preguntarnos qué legado queremos seguir dejando”, señala, vinculando la sostenibilidad con una historia que todavía está en movimiento.

Cuando la coctelería cambia la conversación

Ese planteamiento encuentra una expresión concreta en el Sustainable Cocktail Challenge 2026, una competencia que reúne a bartenders de más de 30 países alrededor de una pregunta que va más allá de la técnica: cómo puede la coctelería relacionarse de una manera más responsable con aquello que utiliza. La gran final internacional tendrá lugar en Nicaragua, donde se encontrarán los representantes de los distintos países participantes.

En Perú, el camino hacia esa final adopta una dimensión particularmente local. Bajo el concepto Road to La Amazonía, la competencia pone el foco en los ingredientes amazónicos y en el vínculo con los productores que hacen posible que esos ingredientes lleguen a una barra. La propuesta adquiere así otra lectura, porque hablar de sostenibilidad deja de ser una declaración general para convertirse en una conversación sobre territorio, origen y elección.

Por primera vez, la final nacional tendrá como escenario la Laguna Azul, en San Martín, llevando la competencia hacia uno de los espacios naturales más representativos de la Amazonía peruana. Allí se definirá al bartender que representará al país en la competencia internacional, en un recorrido que conecta la coctelería con una geografía que durante mucho tiempo estuvo fuera de las conversaciones habituales de la industria.

Miraflores como punto de partida

En Lima, esa historia también puede recorrerse desde Flor de Caña Experiencia, en Av. Santa Cruz 365, Miraflores. El espacio propone acercarse al proceso detrás del ron y a los elementos que han acompañado a la marca durante más de un siglo, convirtiendo su historia en una experiencia que puede ser descubierta de manera progresiva.

Como parte del Mes del Ron, entre el 10 y el 15 de agosto se ofrece un descuento del 35 % en el Tour Maestro Ronero para dos personas, además de descuentos de hasta 15 % en rones Flor de Caña y merchandising seleccionado. Más allá de la celebración puntual, el lugar funciona como una puerta de entrada a una historia que normalmente se encuentra detrás de la botella y que aquí ocupa el centro del recorrido.

Quizá ahí esté una de las claves de esta celebración. El ron ha cambiado, la coctelería ha cambiado y también lo ha hecho la manera en que una nueva generación entiende el lujo, la procedencia y el consumo. En ese contexto, una marca con 136 años tiene dos opciones: convertir su pasado en refugio o utilizarlo como punto de partida.

Flor de Caña parece haber elegido la segunda. Su aniversario no solo habla de cuánto tiempo ha pasado desde 1890, sino de cómo una tradición puede seguir siendo relevante cuando acepta hacerse preguntas incómodas sobre lo que viene después. En una industria acostumbrada a celebrar la permanencia, quizá lo verdaderamente contemporáneo sea entender que el legado no se mide únicamente por lo que se conserva, sino también por aquello que se decide transformar.

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