Giuliana Bone entendió que quería dedicarse al diseño de interiores mucho antes de tener una metodología propia. La decisión apareció mientras veía cómo unas diseñadoras transformaban su casa, siguiendo de cerca la elección de acabados y todo aquello que hacía que un espacio empezara a sentirse distinto. Años después, esa curiosidad inicial se convirtió en una manera de trabajar que no termina cuando los muebles están puestos, sino cuando cada elemento encuentra su lugar y el ambiente consigue sentirse verdaderamente propio.


La decisión de mirar más de cerca
Cuando Giuliana recuerda el momento en que eligió su profesión, no habla de una gran revelación, sino de una experiencia cotidiana que terminó definiendo su camino. Mientras tenía que decidir qué estudiar, su mamá contrató a unas diseñadoras para remodelar la casa. Giuliana siguió el proceso, se interesó por la elección de los acabados y descubrió que todo aquello que estaba ocurriendo frente a ella le resultaba natural de observar y, sobre todo, de disfrutar.
Ese primer acercamiento también dejó una idea que todavía atraviesa su trabajo: el diseño no termina cuando el proyecto principal está resuelto. Para Giuliana, la asesoría llega hasta el último detalle, porque entiende que una casa necesita algo más que una buena distribución o piezas bien elegidas para sentirse completa. Por eso suele decirles a sus clientes que su trabajo termina cuando coloca el último adorno. Ese gesto final, aparentemente pequeño, es parte de una concepción más amplia sobre el interiorismo residencial, donde la diferencia suele estar en aquello que no se decide de manera apresurada.
Escuchar antes de transformar
Trabajar con una persona implica entender que el espacio ya tiene una historia antes de que Giuliana intervenga en él. Su proceso comienza escuchando, preguntando por las necesidades, los gustos y aquello que el cliente considera importante. Esa última parte puede incluir objetos que quizá no encajen de manera inmediata con su propuesta, pero que tienen un valor personal imposible de reemplazar simplemente porque no responden a una determinada estética.
Giuliana no parte de la idea de borrar todo para comenzar de cero. Prefiere encontrar la manera de incorporar aquello que importa y llevarlo hacia una composición coherente con el proyecto. También entiende el diseño como un proceso de diálogo, por eso presenta distintas propuestas y está dispuesta a modificarlas las veces que sean necesarias hasta encontrar una respuesta con la que el cliente se sienta realmente cómodo. En esa flexibilidad aparece una de las características más interesantes de su mirada: la búsqueda de una identidad propia no significa imponerla, sino saber hasta dónde intervenir.



El detalle que cambia la conversación
En el trabajo de Giuliana, los materiales tienen un papel que va más allá de la apariencia. La madera, los elementos pintados, el fierro, el bronce, las piedras o el papel pueden adquirir una presencia completamente distinta dependiendo de cómo se relacionen entre sí. La clave está en la combinación y en la capacidad de encontrar un equilibrio que permita que cada pieza tenga algo que aportar sin competir con el conjunto.
Esa atención por los acabados también explica su interés por crear mobiliario personalizado, donde los detalles pueden convertirse en parte de la identidad de un proyecto. Un mueble puede dejar de ser simplemente funcional cuando su materialidad, sus terminaciones y sus proporciones han sido pensadas dentro de una composición mayor. Para Giuliana, allí es donde el diseño empieza a alejarse de la tendencia inmediata y encuentra una posibilidad de permanecer.
Entre lo nuevo y lo que permanece
El diseño de interiores contemporáneo está en constante movimiento, y Giuliana no pretende mantenerse al margen de ese cambio. Nuevos acabados, materiales y tendencias amplían cada año las posibilidades que puede ofrecer a sus clientes. Mantenerse actualizada forma parte de su profesión, pero conocer las novedades no significa utilizarlas todas ni convertir cada proyecto en una fotografía de su época.
La verdadera dificultad está en saber combinarlas. Un acabado puede ser atractivo por sí solo y, sin embargo, perder fuerza cuando aparece sin una intención clara. Giuliana apuesta por ese balance porque entiende que una casa también debe poder acompañar los cambios de quien la habita. Las tendencias pasarán, pero una buena elección de materiales, texturas y piezas puede permitir que el espacio continúe teniendo sentido con el paso de los años.



Quizá por eso su manera de entender el diseño vuelve siempre al mismo punto: una casa no se termina cuando se cumple una lista de decisiones, sino cuando esas decisiones empiezan a convivir. Entre lo que el cliente ya trae consigo y aquello que Giuliana propone aparece una identidad que no pertenece completamente a ninguno de los dos, sino al espacio que construyen juntos. Y mientras exista un último detalle capaz de hacer que una casa se sienta más propia, su trabajo todavía tendrá algo que hacer.
Escribe: Nataly Vásquez



