En abril de 2007, el bautizo de su hija reunió a 50 invitados alrededor de una mesa que Marisabel Dahoud decidió organizar y cocinar personalmente, como parte de una celebración familiar que, sin saberlo entonces, marcaría el inicio de un nuevo camino. Al terminar el almuerzo, varios de los asistentes le preguntaron qué catering había contratado, sorprendidos por lo que habían encontrado en la mesa. Ella misma se había encargado de todo. Quizá la respuesta también tenía que ver con una historia que había empezado mucho antes, en una familia de ascendencia árabe donde recibir a otros, cocinar para muchos y reunir a la familia alrededor de una mesa eran parte natural de la vida cotidiana. Casi dos décadas después, aquella forma de entender la hospitalidad se convirtió en una profesión que reúne gastronomía, organización de eventos y, sobre todo, el gusto por hacer de una mesa un lugar para encontrarse.

Una mesa antes que una profesión
La relación de Marisabel con la hospitalidad nació en casa. En su familia de ascendencia árabe, los grandes banquetes familiares tenían un significado que iba más allá de la comida: eran una manera de reunirse, celebrar y hacer sentir bienvenido al otro. Desde niña disfrutaba cocinar y, durante sus años de colegio, incluso preparaba tortas de chocolate para vender y tener dinero para sus salidas de fin de semana. Sin saberlo, ya estaba ensayando una relación muy particular con la cocina: hacer algo propio y compartirlo con otros.
Como muchas personas de su generación, estudió una carrera tradicional bajo la idea de que el camino profesional debía comenzar con un título y seguir una ruta más o menos previsible. La experiencia le demostraría que también era posible construir una profesión desde aquello que realmente despertaba interés. Después del bautizo de Luciana, decidió estudiar en Le Cordon Bleu y convertir una habilidad que había acompañado buena parte de su vida en una preparación profesional.
Ese paso cambió la escala de las cosas, pero no su razón de fondo. Con los años, Marisabel Dahoud Catering fue creciendo alrededor de una convicción que Marisabel considera esencial: nada de esto sería posible sin su equipo. Una celebración no se sostiene únicamente en quien está al frente, sino en las personas que están detrás, coordinando, cuidando cada detalle y haciendo que todo suceda. Un equipo construido con esfuerzo, confianza y años de trabajo compartido, que hoy es parte fundamental de la esencia de la marca. Porque detrás de cada evento y de cada experiencia hay un grupo de personas que lo hace posible.



Cuando el evento empieza mucho antes de la llegada
Marisabel no parte de un menú ni de una decoración. Parte de una persona. Antes de pensar cómo será una celebración, busca entender qué representa al cliente, qué quiere transmitir, qué disfruta y también qué prefiere dejar fuera. Esa conversación inicial se convierte en una suerte de mapa para tomar decisiones posteriores, desde la gastronomía hasta el servicio.
Su idea de un evento memorable tampoco depende de una fórmula única. Para ella, cada celebración necesita encontrar su propio lenguaje y lograr que todos sus elementos conversen entre sí. La comida, la ambientación y la atención forman parte de una misma experiencia, pero ninguna debería imponerse sobre las demás. Lo interesante aparece cuando todo parece responder a una misma intención.
Ahí está una de las partes más exigentes de la organización de eventos: interpretar algo que muchas veces el propio cliente todavía no consigue explicar del todo. Marisabel disfruta especialmente ese proceso creativo, escuchar una idea incompleta y llevarla hacia una propuesta que conserve su esencia, pero que consiga superar lo imaginado. Su medida de éxito tiene una frase sencilla: que, al ver el resultado, el cliente pueda reconocerse en él.
Esa confianza también se construye con el tiempo. Este año, por quinto año consecutivo, el Colegio De La Inmaculada ha confiado en Marisabel para la organización de la cena de padres e hijos de 5.º de secundaria, una celebración que reúne a las familias antes de una etapa importante para los alumnos. Más que un evento dentro de su agenda, la continuidad de este encargo refleja una relación construida a partir de la experiencia y la confianza.

Lo que permanece cuando cambia la tendencia
La industria ha cambiado desde aquellos primeros años. Los clientes llegan con referencias más precisas, expectativas más personales y una mayor necesidad de que sus celebraciones tengan identidad. También han cambiado las maneras de vivir la gastronomía dentro de un evento, con estaciones gastronómicas, formatos más participativos y propuestas que buscan involucrar al invitado en lugar de limitarlo a ocupar un lugar en la mesa.
La tecnología también encontró su espacio. Las zonas pensadas para fotografías y contenido digital, desde cabinas espejadas hasta plataformas 360, forman parte de una nueva manera de entender la celebración. Pero Marisabel no las plantea como sustitutos de lo esencial, sino como recursos que pueden integrarse a una experiencia cuando tienen sentido para quien la organiza.
Después de 19 años, su lectura de la industria pasa precisamente por esa tensión entre transformación y permanencia. Innovar sin perder la esencia se ha convertido en uno de sus aprendizajes centrales. Las tendencias pueden cambiar, los formatos pueden renovarse y las expectativas pueden volverse cada vez más específicas, pero hay algo que sigue teniendo el mismo peso: la calidad de la gastronomía, la atención al invitado y la capacidad de hacer que una persona sienta que ese momento fue pensado para ella.

Quizá por eso la historia de Marisabel no comienza realmente con una empresa ni con un solo evento, sino con una forma de entender el acto de recibir que aprendió desde casa. Aquella mesa preparada para 50 personas terminó abriendo una puerta que después exigió estudio, disciplina, equipo y muchos años de trabajo. Hoy, cuando mira el camino recorrido, la idea permanece intacta, aunque haya adquirido otra dimensión: hacer sentir especial a alguien requiere mucho más que organizar una celebración; requiere entender por qué esa celebración importa.
Escribe: Nataly Vásquez



