Napo & Lola: El café peruano como herencia contemporánea

POR NATALY

Una taza de café puede contener mucho más que su origen. Para Napo & Lola, contiene una historia familiar que comenzó en Cajamarca, pasó por las manos de Napoleón Gálvez y Lola Cerna y encontró...

Una taza de café puede contener mucho más que su origen. Para Napo & Lola, contiene una historia familiar que comenzó en Cajamarca, pasó por las manos de Napoleón Gálvez y Lola Cerna y encontró una nueva forma de permanecer varias décadas después. El proyecto nació durante la pandemia, cuando la memoria de los abuelos de sus fundadores se cruzó con una pregunta más íntima: qué hacer con todo aquello que una generación construyó y que corría el riesgo de desaparecer.

Volver a una historia familiar

Napoleón y Lola comenzaron su vida juntos en Cajamarca con poco más que la voluntad de construir algo propio. Él trabajaba como ayudante de topografía y ella tenía una pequeña tienda donde vendía de todo un poco. Con los años ahorraron, compraron una casa antigua en la calle Amazonas y la transformaron hasta convertirla en uno de esos lugares que terminan siendo parte de la memoria familiar. En 1959 dieron otro paso al adquirir los utensilios y equipos de un productor de manjar blanco. Así nació La Cajamarquina, un emprendimiento artesanal que se incorporaría a la historia de la familia.

Cuando esa historia empezó a perder continuidad, la búsqueda de una nueva forma de mantenerla viva llevó a Napo & Lola hacia el café. El nombre no intenta esconder su origen, sino ponerlo en primer plano. Napoleón y Lola están presentes en cada sílaba como una manera de reconocer lo que construyeron, pero también de prolongar una idea que atraviesa el proyecto: las cosas que realmente importan necesitan tiempo, cuidado y dedicación.

El café resultó tener una conexión natural con esa memoria. Alrededor de una taza aparecen conversaciones, sobremesas, visitas y momentos que no necesariamente fueron planeados para convertirse en recuerdos, pero terminan siéndolo. Desde ahí, la marca encontró una razón de ser que va más allá de vender café: recuperar la dimensión cotidiana de esos momentos y darles un lugar dentro de una propuesta contemporánea.

Cajamarca como punto de partida

Elegir Cajamarca no fue una decisión basada únicamente en las características de su café. Es también la tierra de los abuelos y el lugar desde donde comenzó buena parte de la historia que sostiene a Napo & Lola. La marca trabaja actualmente con dos perfiles: un Blend Bourbon Amarillo y Típica, de taza limpia y acidez marcada, y un Geisha de 88 puntos, de perfil equilibrado y notas florales y frutales.

Detrás de cada uno existe una cadena que la marca considera inseparable del producto final. Napo & Lola trabaja con una cooperativa que reúne a caficultores y promueve el intercambio de conocimientos y la mejora de procesos. Hablar de café peruano de especialidad implica entonces mirar más allá de la taza y reconocer a las familias, comunidades y productores que participan en algo que muchas veces llega al consumidor sin revelar todo el trabajo que existe detrás.

Esa mirada también explica por qué Cajamarca funciona como algo más que un origen geográfico. Para Napo & Lola, representa una manera de comenzar desde un territorio que reúne calidad, conocimiento y memoria familiar. Más adelante podrán llegar otros cafés y otras regiones, pero el primer paso tenía que ocurrir aquí.

Entre una V60 y una cafetera de abuela

Conocer el café también implica aprender a mirarlo de otra manera. Variedad, proceso, tueste, molienda y método pueden modificar por completo una misma semilla, pero Napo & Lola no plantea ese conocimiento como una barrera para quien recién empieza. La intención es que cada persona pueda desarrollar su propio paladar, descubrir qué le gusta y entender por qué una taza puede ofrecer experiencias tan distintas.

Por eso la marca reúne métodos que pertenecen a momentos diferentes de la cultura cafetera. Una V60, una Chemex o un espresso conviven con la cafetera de gota a gota, la prensa francesa y el café a la olla. Esta convivencia resulta especialmente interesante porque permite acercarse al café de especialidad peruano desde dos lugares que no necesitan competir entre sí: el conocimiento contemporáneo y las costumbres que ya formaban parte de nuestra manera de tomar café.

En esa búsqueda aparece una idea menos evidente. La sofisticación de una taza no depende únicamente de cuánto sabemos sobre ella, sino también de nuestra capacidad para detenernos a disfrutarla. El café puede ser un ejercicio de precisión, pero también una conversación que se prolonga mientras la taza pierde temperatura. Puede hablar de variedades y puntajes, pero también de las formas en que distintas generaciones aprendieron a prepararlo y compartirlo.

Lo que una taza decide conservar

Napo & Lola todavía está construyendo su lugar dentro de la conversación sobre el café peruano. Su intención, sin embargo, parece ir más allá de acumular referencias técnicas o seguir el crecimiento de la categoría. Existe una búsqueda por contar aquello que normalmente queda fuera de la etiqueta: quién produjo el café, qué territorio lo hizo posible, qué conocimientos llegaron hasta esa taza y qué historia cultural existe alrededor de ella.

Ese enfoque abre una posibilidad interesante para la marca. Hablar de café de especialidad sin reducirlo a sus puntajes, recuperar formas tradicionales de preparación sin convertirlas en nostalgia y acercar al consumidor a un producto peruano sin quitarle complejidad. Napo & Lola quiere crecer sin desprenderse de aquello que le dio origen, una premisa que parece sencilla, pero que adquiere otra dimensión cuando el punto de partida es una familia intentando mantener vivo aquello que recibió de sus abuelos.

Quizá por eso el nombre importa tanto. Napo y Lola no son únicamente los personajes detrás de una historia empresarial, sino la razón por la que una nueva generación decidió mirar hacia atrás para encontrar qué valía la pena llevar consigo. Una taza puede durar unos minutos; lo que ocurre alrededor de ella puede quedarse mucho más tiempo.

Escribe: Nataly Vásquez

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