Planchando el Despecho: Tres mujeres y una nueva mirada sobre el desamor

POR NATALY

Hay canciones que devuelven a una relación que creíamos superada y recuerdos que, con el tiempo, dejan de doler de la misma manera. En Planchando el Despecho, Maricarmen Marín, Gianella Neyra, Rebeca Escribens, Katia Condos...

Hay canciones que devuelven a una relación que creíamos superada y recuerdos que, con el tiempo, dejan de doler de la misma manera. En Planchando el Despecho, Maricarmen Marín, Gianella Neyra, Rebeca Escribens, Katia Condos y Almendra Gomelsky encontraron una forma de reunir esas experiencias y convertirlas en un espectáculo donde la música en vivo, el humor y las historias compartidas abren espacio para hablar de lo que ocurre después de una pérdida. Tras agotar funciones consecutivas en mayo y reunir a más de 8.000 espectadores, el elenco regresará a Lima el próximo 13 de noviembre con la nueva temporada ¡Todas vuelven, tú también!, que también llegará a Trujillo el 21 y a Arequipa el 28 de noviembre. Esta vez, además, la propuesta invita al público a dar un paso más: a través de la convocatoria «Tú También», tres mujeres —una por cada ciudad— tendrán la oportunidad de incorporarse al espectáculo, sin necesidad de ser cantantes profesionales. La iniciativa parte del desamor, pero no se queda allí: también habla de identidad, de los sueños que sobreviven a los cambios y de la posibilidad de reconocerse en otras mujeres cuando una atraviesa un momento difícil. Quizá esa sea una de las razones por las que tantas personas se identifican con el proyecto: porque lo que comienza como una historia de amor también puede terminar siendo una historia sobre una misma.

El desamor cambia cuando deja de vivirse a solas

Para Gianella, el desamor no se limita al final de una relación. También incluye las expectativas que no se cumplen, las pérdidas y las versiones de nosotras mismas que debemos dejar atrás para seguir avanzando. Desde el escenario, esas experiencias adquieren otra dimensión: se comparten entre mujeres con distintas historias y maneras de entender la vida, pero con una familiaridad que permite reconocer algo propio en lo que le ocurre a otra persona.

Esa identificación tiene que ver con recordar que una mujer no se define únicamente por sus relaciones o por los papeles que desempeña en su entorno. Como explica Gianella, además de ser pareja, mamá, hija o amiga, cada mujer tiene sueños, objetivos y proyectos que siguen existiendo incluso cuando una etapa llega a su fin. A veces, una ruptura puede hacer que todo parezca detenido, hasta que aparece la posibilidad de mirar hacia adelante y descubrir que todavía queda mucho por vivir.

Katia encuentra en esa experiencia colectiva una dimensión que va más allá de cantar canciones de despecho. Para ella, reunirse con tantas personas alrededor de recuerdos dolorosos tiene una fuerza particular, porque permite entender que las heridas pueden transformarse en aprendizaje y crecimiento. No se trata de negar lo que ocurrió ni de apresurarse a superarlo, sino de reconocer que el dolor cambia con el tiempo y que ninguna persona tiene por qué atravesarlo sintiéndose completamente sola.

La risa también tiene algo que decir

El humor cumple un papel importante en la manera en que Planchando el Despecho se acerca a las emociones. Hablar de una ruptura desde la música y la complicidad permite mirar ciertas experiencias sin restarles importancia, pero tampoco convertirlas en una tragedia permanente. En esa combinación hay una forma de entender la vulnerabilidad que no exige solemnidad para ser tomada en serio: se puede reconocer una herida, reírse de algunas de sus consecuencias y, poco a poco, encontrar una manera distinta de relacionarse con ella.

Para Almendra, el proyecto también tiene un vínculo con una parte más temprana de su historia. Recuerda que, durante la infancia, jugaba con una amiga a ser ABBA y cantaban utilizando los cepillos de pelo de sus madres como micrófonos. Volver a un escenario donde la música ocupa un lugar central le permite reencontrarse con ese deseo de niña y con una dimensión artística que conserva un significado especial. Esa conexión personal convive con otra más amplia: la certeza de que muchas mujeres han pasado por un desamor o conocen una historia parecida, y que ciertas canciones parecen acompañar esos momentos incluso cuando uno preferiría dejar de llorar.

La mirada que atraviesa el espectáculo también reconoce la fuerza que puede surgir de las experiencias difíciles. Almendra habla de mujeres de distintas generaciones, de las historias que las han marcado y de lo que han aprendido a partir de ellas. Las relaciones que terminan, las decisiones que duelen y los momentos que obligan a cambiar pueden modificar la forma en que una persona se conoce y entiende lo que quiere para su vida. Contarlo desde el escenario permite compartir esas experiencias sin pretender que todas las historias tengan la misma respuesta.

Abrir el escenario, compartir la oportunidad

Con Tú También, el proyecto suma una dimensión que trasciende la experiencia de quienes ya forman parte del elenco. La iniciativa abre la posibilidad de que tres mujeres del público se incorporen al espectáculo y compartan el escenario con sus protagonistas. Para Gianella, se trata de reconocer que el talento puede aparecer en cualquier lugar y que, en ocasiones, lo que hace falta es una oportunidad para mostrarlo. La idea parte de una convicción sencilla: hay mujeres con historias, capacidades e ideas que merecen encontrar un espacio donde desarrollarse.

Katia entiende esta decisión como una manera de devolver al público parte de lo que ha recibido a lo largo de los años. El proceso de selección permite que las participantes muestren su talento y se acerquen a una experiencia que, hasta entonces, observaban desde sus butacas. Incluso quienes no lleguen a formar parte del elenco tendrán la posibilidad de compartir sus capacidades durante el proceso, algo que para ella también tiene valor. La oportunidad no se reduce a elegir a unas pocas personas, sino que reconoce el deseo de tantas mujeres de probarse en un lugar distinto.

Esta apertura revela una idea del éxito que no depende únicamente de quién ocupa el centro del escenario. También importa la capacidad de compartirlo, reconocer el talento de otras personas y contribuir a que encuentren sus propias posibilidades. En una industria donde la visibilidad suele concentrarse en quienes ya han construido una trayectoria pública, crear un espacio para nuevas voces puede convertirse en una forma concreta de acompañamiento.

Lo que permanece después de la función

Cuando Gianella piensa en lo que le gustaría que una mujer se llevara de la experiencia, imagina a alguien que llegó con una pena y se fue sintiéndose un poco más ligera. Haber cantado, reído o reconocido una parte de su historia en la de otra persona puede cambiar la manera de mirar aquello que le está ocurriendo. No porque una función resuelva lo que sucede fuera del teatro, sino porque recordar que otras personas han atravesado experiencias similares puede ayudar a recuperar cierta perspectiva.

Katia ha recibido mensajes de personas que, después de asistir al espectáculo, se sintieron con más fuerza para dar un paso que venían postergando, como poner en marcha un pequeño negocio o retomar un proyecto personal. Para ella, ese efecto tiene un valor especial, porque muestra que una experiencia artística puede acompañar a alguien más allá del entretenimiento. Lo que ocurre durante la función encuentra una continuidad en decisiones que pertenecen a la vida cotidiana y que, en ocasiones, requieren volver a confiar en una misma.

Almendra, por su parte, espera que el espectáculo continúe llevando alegría a quienes encuentran en él una manera de procesar sus penas de amor. Su deseo es que esa experiencia compartida siga creciendo y conserve su capacidad de reunir a personas distintas alrededor de emociones reconocibles. En las tres miradas aparece una idea común: acompañar no significa tener respuestas para todo, sino ofrecer un espacio donde cada persona pueda reconocerse sin sentirse juzgada.

Quizá por eso el desamor funciona como punto de partida, pero no como destino. Una relación puede terminar, los planes pueden cambiar y algunas versiones de una misma pueden quedar atrás, aunque nada de eso borra lo aprendido durante el camino. Entre canciones conocidas, historias compartidas y nuevas oportunidades, Planchando el Despecho recuerda que volver a empezar no significa regresar al punto de partida, sino avanzar con una comprensión distinta de quiénes somos. Y que, a veces, recuperar esa certeza resulta más fácil cuando descubrimos que no tenemos que hacerlo solas.

Escribe: Nataly Vásquez

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