Convertir una tradición en una experiencia contemporánea exige algo más que creatividad. Con Collection 26/27, Sastrería Martínez vuelve a demostrar que la coctelería peruana puede convertirse en un lenguaje capaz de interpretar la identidad del país sin repetir fórmulas. La nueva carta, presentada tras meses de investigación y desarrollo, toma como punto de partida el universo textil peruano y confirma por qué el bar, recientemente reconocido entre The World’s 50 Best Bars 2025, continúa ampliando la conversación sobre lo que significa crear desde el Perú.


Cuando una colección empieza antes de la primera copa
En Sastrería Martínez, una carta nunca ha sido una sucesión de bebidas. Cada lanzamiento responde a una idea que atraviesa todo el proceso creativo y obliga al equipo a mirar más allá del bar. Esa forma de trabajar ha convertido cada colección en una investigación donde la cultura, el diseño y la gastronomía encuentran un punto de encuentro que termina llegando a la copa.
Para Collection 26/27, la mirada se dirigió hacia una de las expresiones más antiguas y vigentes del patrimonio nacional. Los textiles peruanos no fueron elegidos únicamente por su valor artesanal, sino porque condensan siglos de conocimiento, técnicas que sobreviven gracias a la transmisión entre generaciones y una manera de entender el territorio desde las manos de quienes lo habitan. Ese universo fue traducido al lenguaje de la coctelería de autor, respetando su origen sin intentar reproducirlo de forma literal.
El oficio también puede cambiar de formato
Diego Macedo, fundador y director creativo de Sastrería Martínez, entiende que el verdadero desafío consiste en interpretar una historia sin simplificarla. La inspiración no aparece como un recurso estético, sino como una responsabilidad creativa que exige investigar, cuestionar y construir un relato coherente antes de pensar en los ingredientes.
Esa lógica explica por qué las referencias textiles aparecen integradas en toda la colección. Las fibras, los tintes naturales, las herramientas y las técnicas ancestrales dejan de ser elementos de observación para convertirse en conceptos que orientan cada creación. El resultado no busca explicar el pasado, sino establecer un diálogo entre el oficio de los artesanos y el oficio de quienes trabajan detrás de la barra.



Las historias que terminan dentro de una copa
Entre las propuestas que mejor representan esta nueva etapa aparecen Pushka y Tamshi. La primera encuentra su inspiración en el huso con el que las tejedoras andinas transforman la fibra en hilo, mientras que la segunda toma como referencia la liana amazónica utilizada en distintas tradiciones artesanales. Ambas parten de objetos profundamente ligados a la cultura peruana, pero encuentran una nueva forma de existir a través de ingredientes locales y técnicas desarrolladas por el propio equipo.
Más que reproducir símbolos, cada preparación intenta conservar el tiempo que existe detrás de ellos. Esa paciencia que requiere un tejido, la precisión de una herramienta elaborada para durar y la dedicación de un trabajo manual encuentran un equivalente en una barra donde cada decisión responde a una intención concreta. La colección propone descubrir esas conexiones sin convertirlas en una explicación evidente.
Un reconocimiento que amplía la responsabilidad
El reciente ingreso de Sastrería Martínez al puesto 33 de The World’s 50 Best Bars 2025 podría entenderse como un punto de llegada. Sin embargo, la nueva colección deja entrever lo contrario. El reconocimiento internacional parece haber fortalecido la necesidad de seguir explorando narrativas propias en lugar de perseguir tendencias que cambian con rapidez.



La presentación oficial de Collection 26/27, realizada en su casa de Miraflores, marcó el inicio de una nueva etapa para un proyecto que continúa construyendo su identidad desde la investigación y la curiosidad. En un momento donde muchas propuestas buscan sorprender mediante la espectacularidad, Sastrería Martínez apuesta por algo menos inmediato y, probablemente, más duradero: demostrar que la coctelería peruana también puede convertirse en una forma de preservar la memoria, reinterpretar el patrimonio y recordar que las mejores historias siguen naciendo cuando el oficio encuentra un motivo para seguir evolucionando.
Escribe: Nataly Vásquez