Tándem Psicólogos: Liderazgo clínico para el desarrollo emocional infantil

POR NATALY

Daniel Trujillo, fundador y director clínico de Tándem Psicólogos, habla de salud mental infantil sin dramatismo y sin concesiones. Lo hace desde una certeza incómoda: muchos niños han sido tratados, pero pocos han sido realmente...

Daniel Trujillo, fundador y director clínico de Tándem Psicólogos, habla de salud mental infantil sin dramatismo y sin concesiones. Lo hace desde una certeza incómoda: muchos niños han sido tratados, pero pocos han sido realmente acompañados. En esa diferencia —aparentemente mínima— se juega el sentido de su proyecto.

El momento en que el síntoma dejó de ser suficiente

Tándem no surge como una consulta más en el ecosistema de la psicología clínica. Nace de una observación reiterada: familias exhaustas, padres culpables, niños diagnosticados con precisión técnica pero desconectados de su historia emocional. El problema no era la falta de intervención, sino la fragmentación.

Durante años, la salud mental infantil operó en compartimentos. Evaluaciones por un lado, colegio por otro, terapia en paralelo, medicación cuando el cuadro lo exigía. El niño quedaba en el centro, pero no necesariamente integrado. Trujillo entendió que el impacto no era solo emocional; también afectaba el rendimiento académico, la dinámica familiar y, a largo plazo, el proyecto de vida. La pregunta dejó de ser cómo reducir un síntoma y pasó a ser cómo fortalecer un desarrollo.

Integrar para no etiquetar

En Tándem no se trabaja por servicios, sino por procesos. La diferencia no es semántica. Implica que la evaluación psicológica y neuropsicológica, la terapia, la psiquiatría —cuando se requiere— y el acompañamiento parental no compiten entre sí, sino que se articulan bajo un mismo modelo clínico.

La salud mental, en esta visión, no es reactiva. Es preventiva, organizada y coherente. Tres pilares sostienen la estructura: regulación emocional, neurodesarrollo y acompañamiento parental. No se trata de eliminar ansiedad o corregir conducta de forma aislada, sino de construir herramientas sostenibles. La intervención deja de ser un parche y se convierte en arquitectura emocional.

La nueva ansiedad doméstica

El diagnóstico cultural es más amplio. Trujillo identifica fenómenos que atraviesan hogares contemporáneos: ansiedad temprana, hiperestimulación digital, baja tolerancia a la frustración. A eso se suma un perfil cada vez más frecuente: padres sobreinformados y emocionalmente inseguros, educando bajo la presión de no equivocarse.

Las alertas no siempre irrumpen con estridencia. A veces son silenciosas: niños que dejan de disfrutar, adolescentes que se aíslan, cambios en el sueño, irritabilidad persistente. En ese contexto, el rol de la familia deja de ser accesorio. Regular el propio estrés, establecer límites afectivos y pedir ayuda sin vivirlo como fracaso se convierte en una forma de liderazgo emocional. La coherencia en casa es, en muchos casos, el primer tratamiento.

Ciencia con alma, sin concesiones

Trujillo insiste en una expresión que podría sonar retórica si no estuviera respaldada por práctica clínica rigurosa: ciencia con alma. La evidencia guía las decisiones —terapia cognitivo-conductual, neuropsicología, evaluación estandarizada, psiquiatría cuando es necesaria— pero la humanidad guía la presencia.

En términos concretos, significa no reducir a un niño a su diagnóstico ni a una familia a un protocolo. Evaluar con precisión, explicar con sensibilidad. Diseñar un plan estructurado y, al mismo tiempo, sostener con empatía. La salud mental no es solo reducción de síntomas; es construcción de identidad, regulación emocional y sentido de pertenencia. No se elige entre técnica y calidez. Se exige ambas.

Si Tándem aspira a dejar huella, no será por el volumen de casos atendidos, sino por la narrativa que intenta transformar. Que ir al psicólogo no sea señal de crisis, sino decisión de crecimiento. Que la prevención pese tanto como la intervención. Que acompañar sea más importante que corregir.

En un tiempo que medicaliza con rapidez y exige resultados inmediatos, la apuesta de Daniel Trujillo parece casi contracultural: integrar, sostener, formar herramientas para el largo plazo. Trabajar con cerebros en desarrollo, sí. Pero también con corazones que están aprendiendo, por primera vez, a sentirse seguros.

Escribe: Nataly Vásquez

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