Hay restaurantes que encuentran una fórmula y pasan años perfeccionándola. Merlín, el proyecto liderado por los hermanos Hans Gallardo y Angie Gallardo, decidió recorrer el camino contrario. En lugar de proteger aquello que ya funcionaba, inició una nueva etapa que entiende la evolución como parte de su identidad. La renovación de su carta no busca responder a una tendencia pasajera, sino consolidar una manera de entender la cocina peruana contemporánea, donde la creatividad convive con la memoria y cada regreso puede convertirse en una experiencia distinta.

Más que una carta, una declaración
Toda transformación comienza con una decisión, aunque pocas veces ocurre de manera tan visible como en la mesa. La nueva propuesta de Merlín nace después de dos décadas de experiencia de Hans y de una convicción compartida con Angie: seguir cocinando desde el respeto por la tradición peruana, pero sin convertirla en una frontera. El resultado no es una ruptura con el pasado, sino una conversación más amplia sobre todo aquello que la gastronomía local todavía puede llegar a ser.
Por eso la carta evita las categorías rígidas y se mueve con libertad entre referencias locales e internacionales. Un Siu Mai encuentra afinidad con una salsa de chupe inspirada en sabores thai, mientras un tamal verde recupera ingredientes profundamente peruanos para dialogar con un guiso norteño. La propuesta no intenta impresionar mediante la complejidad, sino demostrar que la técnica también puede estar al servicio de la naturalidad.



La memoria también sabe reinventarse
La identidad de Merlín no se construye desde la nostalgia. Se alimenta de ella para seguir avanzando. Muchos de sus platos parten de recetas reconocibles, pero encuentran nuevas formas de expresarse sin perder el vínculo con aquello que los hizo memorables. Esa tensión entre lo conocido y lo inesperado atraviesa toda la experiencia.
El Arroz Capón incorpora influencias de la cocina china con una naturalidad que refleja la historia culinaria del Perú. La Criolla Ramen reúne un fondo de res con dashi y fideos japoneses sin que ninguno de los elementos busque imponerse sobre el otro. Incluso preparaciones profundamente tradicionales como el Arroz con Pato o la Carrillera Estofada encuentran nuevas lecturas a partir de técnicas contemporáneas que enriquecen el plato sin alterar su esencia.



Una mesa pensada para volver
En una ciudad donde la oferta gastronómica crece constantemente, regresar a un restaurante se ha convertido en una decisión cada vez más exigente. Merlín parece entender esa realidad y responde con una propuesta que no pretende ser definitiva. La idea de cambio permanente está presente tanto en la cocina como en la experiencia completa, invitando a que cada visita tenga algo diferente por descubrir.
Ese espíritu también se sostiene en el trabajo compartido entre Hans y Angie. Mientras uno desarrolla una cocina guiada por el instinto, la experiencia y el respeto por el producto peruano, la otra construye el ambiente donde esa propuesta cobra sentido. No se trata únicamente de servir platos bien ejecutados, sino de hacer que la hospitalidad tenga el mismo peso que la cocina, convirtiendo cada comida en un espacio donde las conversaciones encuentran tiempo para extenderse.



Hay restaurantes que buscan convertirse en un destino y otros que aspiran a convertirse en un hábito. Merlín parece elegir una tercera posibilidad: mantenerse en movimiento. Esa decisión probablemente sea su mayor fortaleza. En una escena gastronómica acostumbrada a perseguir la novedad, entender que evolucionar no significa dejar atrás la identidad, sino seguir encontrando nuevas formas de expresarla, puede ser la razón por la que siempre exista un buen motivo para regresar.
Escribe: Nataly Vásquez