En Nikadia Flower Studio, Nicole, Karen y Claudia parten de una idea que atraviesa cada proyecto: las flores no están ahí únicamente para completar un espacio, sino para decir algo cuando las palabras no alcanzan. Esa mirada ha llevado a la firma a construir una forma de entender el diseño floral donde cada celebración, regalo o encuentro parte de una historia distinta, y donde la belleza tiene sentido precisamente cuando consigue relacionarse con quien la recibe.

La belleza también puede decir algo
Para Nikadia, una flor nunca es un elemento aislado. Acompaña nacimientos, bodas, aniversarios, graduaciones y despedidas, pero también aparece en esos momentos más cotidianos en los que alguien quiere hacer sentir querido a otra persona. Esa capacidad de estar presente en circunstancias tan distintas es parte de lo que sostiene la filosofía del estudio, que entiende las flores como una forma de comunicación capaz de transmitir emociones incluso cuando no sabemos exactamente cómo expresarlas.
Esa mirada también explica su relación con las tendencias. Nicole, Karen y Claudia observan lo que ocurre en el diseño floral internacional, la decoración y el interiorismo, pero no sienten la necesidad de trasladarlo directamente a cada propuesta. Una tendencia puede inspirar, pero no necesariamente tiene que definir el resultado. Entre lo contemporáneo y lo atemporal, Nikadia busca construir una identidad reconocible sin convertirla en una fórmula que se repita de proyecto en proyecto.
La diferencia aparece cuando la referencia externa deja de ser el centro y empieza a importar la persona que está detrás del encargo. Es ahí donde el diseño floral adquiere otra dimensión, porque ya no se trata únicamente de elegir flores bonitas, sino de entender qué debería expresar cada composición y por qué tiene sentido para esa ocasión.
La pregunta que cambia un arreglo
La personalización ocupa el centro de esta manera de trabajar. Antes de pensar en colores, flores o dimensiones, el equipo busca conocer la historia, los gustos y la personalidad de quien recibirá el diseño. A veces, esa información llega de manera directa; otras veces, requiere hacer preguntas que quizá deberían haberse hecho mucho antes.
Una de las anécdotas que comparten lo resume bien. Un cliente llevaba 27 años regalándole rosas rojas a su esposa por su aniversario y, cuando le preguntaron si sabía si realmente le gustaban, respondió que nunca se lo había preguntado. Ese año, las rosas dejaron de ser el protagonista, aunque algunas continuaron apareciendo como una referencia a los años anteriores. El gesto permitió abrir una nueva etapa a partir de algo tan sencillo como conocer mejor a la persona que estaba recibiendo el regalo.
En otra ocasión, un cliente no sabía cuál era el color favorito de su esposa, pero tuvo la iniciativa de mirar su clóset para descubrirlo. Ese tipo de detalles resume lo que Nikadia entiende por diseño floral personalizado: encontrar información en lugares inesperados y convertirla en una propuesta que tenga relación real con quien la recibe.
La intención no es diseñar para cualquier persona ni responder a una misma fórmula. El estudio ha elegido trabajar desde una escala más cuidada, en la que cada proyecto pueda recibir el tiempo y la atención que necesita. En un contexto donde muchas experiencias tienden a acelerarse, esa decisión también funciona como una declaración sobre la manera en que entienden su oficio.



Una mesa también cuenta una historia
El siguiente paso de Nikadia amplía esa conversación hacia el arte de recibir. El estudio está desarrollando propuestas de styling de mesas y colaboraciones relacionadas con la manera en que compartimos alrededor de ellas, entendiendo que una mesa puede influir tanto en el ánimo de un encuentro como aquello que sucede sobre ella.
No se trata de convertir una comida en una puesta en escena excesiva. Para Nicole, Karen y Claudia, una mesa bien pensada tiene que resultar acogedora, invitar a quedarse y permitir que la conversación se extienda. Los objetos, las flores y los detalles tienen valor cuando contribuyen a crear esa sensación, no cuando buscan llamar la atención por sí mismos.
La idea conecta con una forma más amplia de entender el lujo. No depende necesariamente de una pieza determinada ni de cuánto cuesta cada elemento, sino del tiempo dedicado a pensar cómo queremos recibir a otros y qué experiencia queremos construir alrededor de un momento compartido.
Nikadia Flower Studio parece haber encontrado ahí una extensión natural de su trabajo. Las flores siguen siendo el punto de partida, pero la conversación comienza a incluir todo aquello que hace que una celebración, una casa o una mesa se sientan propias. La propuesta crece sin perder de vista la razón por la que empezó: entender que la belleza tiene más valor cuando está conectada con una intención.


En tiempos donde muchas cosas pueden producirse rápidamente y repetirse con facilidad, elegir hacer menos proyectos para dedicarles más atención resulta casi una postura. Nikadia no parece buscar una expansión que diluya su identidad, sino una evolución que le permita explorar nuevas formas de trabajar con la misma precisión. Quizá ahí esté la parte más interesante de su propuesta: recordar que el verdadero detalle no siempre se nota primero, pero sí suele ser el que permanece.
Escribe: Nataly Vásquez



