Nido Aventuras: Una filosofía que transforma la experiencia de aprender

POR NATALY

En diciembre de 2026, Nido Aventuras cumplirá 19 años acompañando a distintas generaciones de familias, pero su historia no se mide únicamente por el tiempo transcurrido. Se reconoce también en una filosofía que ha sabido...

En diciembre de 2026, Nido Aventuras cumplirá 19 años acompañando a distintas generaciones de familias, pero su historia no se mide únicamente por el tiempo transcurrido. Se reconoce también en una filosofía que ha sabido mantenerse firme mientras encontraba nuevas formas de crecer: respeto por el niño, trabajo conjunto con las familias, arte como parte del aprendizaje y una educación inicial que entiende la curiosidad como un punto de partida, no como algo que deba ser corregido.

Una identidad que se construyó con los años

Desde el inicio, Nido Aventuras ha mantenido principios que sus directoras consideran esenciales: el respeto al niño, el trabajo coordinado entre padres, maestras y dirección, y el acompañamiento a las familias en los distintos momentos que atraviesan durante los primeros años de sus hijos. A esto se suma el arte como eje transversal, no como una actividad aislada, sino como una herramienta que acompaña distintas formas de aprender y expresarse.

Con el tiempo, esa base fue tomando una personalidad propia. La filosofía de Nido Aventuras no se ha limitado a seguir fundamentos establecidos, sino que ha encontrado una manera particular de interpretarlos según su contexto, sus familias y las características de su comunidad educativa. Esa evolución es importante porque permite entender que una educación inicial puede tener principios claros sin convertirse en una experiencia rígida.

Uno de los momentos que amplió esa mirada fue el viaje de María José, directora del nido, a Reggio Emilia, en Italia. El intercambio cultural y los aprendizajes adquiridos durante esa experiencia reforzaron una idea que ya formaba parte del camino de Nido Aventuras: los niños aprenden de manera profunda cuando tienen la posibilidad de involucrarse en experiencias que despiertan preguntas y les permiten construir sus propias respuestas.

Cuando el niño ocupa el centro

Nido Aventuras prefiere hablar de filosofía Reggio Emilia, no de metodología. La diferencia importa porque no se trata de seguir una fórmula cerrada, sino de adoptar una manera de entender a la infancia. Bajo esta mirada, el niño es protagonista de su aprendizaje, capaz de investigar, crear, tomar decisiones y expresar sus ideas a través de distintos lenguajes.

Esa filosofía se traduce en espacios que invitan a explorar y construir, en maestras que observan, escuchan y acompañan, y en grupos pequeños que permiten una relación más cercana con cada proceso. También se extiende hacia las familias, que reciben lo que sus hijos están investigando y pueden aportar conocimientos, experiencias y preguntas propias.

El atelier ocupa un lugar especial dentro de esta propuesta. Pintura, arcilla, acuarelas, tinta china, luces, sombras y materiales no estructurados permiten que los niños encuentren distintas formas de expresar aquello que piensan, sienten o imaginan. No se trata de producir una pieza determinada, sino de abrir posibilidades para que cada proceso tenga su propio recorrido.

Por eso, en Nido Aventuras no existe una lista de actividades que deba cumplirse de manera automática. Las experiencias se diseñan a partir de las preguntas, intereses y necesidades que aparecen en los niños. La planificación deja espacio para observar y responder, algo que exige de las maestras una atención constante a lo que sucede durante el proceso.

La educación que permanece después del aula

La formación que propone Nido Aventuras tampoco termina en lo académico. El objetivo es acompañar a niños que desarrollen confianza en sus propias capacidades, conserven la curiosidad, puedan tomar pequeñas decisiones y aprendan a asumir responsabilidades de acuerdo con su edad.

A esa autonomía se suman la capacidad de reflexionar, colaborar y expresarse mediante diferentes lenguajes. También aparece una dimensión que resulta cada vez más relevante: la relación con el entorno. La intención es que los niños desarrollen sensibilidad y empatía, entendiendo que aprender también implica reconocer a los demás y el espacio que comparten.

En ese sentido, el arte adquiere una función que va más allá de la creatividad. Permite que los niños encuentren distintas maneras de comunicar lo que sienten, piensan y necesitan, incluso cuando todavía no tienen las palabras para explicarlo. Es una forma de ampliar las posibilidades de expresión y, al mismo tiempo, de aprender a escuchar otras perspectivas.

La apuesta por una educación basada en curiosidad, autonomía y creatividad también supone aceptar que los niños no avanzan todos de la misma manera. El acompañamiento consiste entonces en reconocer esos ritmos, ofrecer herramientas y permitir que cada uno encuentre maneras propias de relacionarse con lo que está aprendiendo.

Diecinueve años y la misma pregunta

En diciembre de 2026, Nido Aventuras llegará a sus 19 años con una experiencia acumulada que no parece haber reducido su capacidad de cuestionarse. Al contrario, uno de los aprendizajes que sus directoras reconocen después de casi dos décadas es la necesidad de no quedarse quietas, seguir preguntando, buscar nuevas respuestas e incorporar aquello que permita mejorar la experiencia educativa.

Los años también han permitido crecer junto a las familias y comprender que la educación inicial implica una responsabilidad que trasciende el tiempo que un niño permanece en el nido. Cada generación plantea nuevas preguntas y obliga a revisar certezas, sin que eso signifique abandonar los principios que dieron origen al proyecto.

Allí está una de las razones por las que una institución educativa consigue mantenerse vigente durante casi dos décadas: no en intentar permanecer idéntica, sino en saber qué merece conservarse mientras todo lo demás puede seguir cambiando. Nido Aventuras parece haber encontrado ese equilibrio entre convicción y movimiento, con la certeza de que educar a un niño también significa estar dispuesto a seguir aprendiendo con él.

Escribe: Nataly Vásquez

NOTICIAS RELACIONADAS

MAP DESIGN: Una nueva forma de entender el diseño 360°

Cuando Mayra Pomasoncco fundó MAP DESIGN, decidió mirar el diseño de interiores desde una perspectiva menos fragmentada. Arquitectura, mobiliario y...

Growing Up: La nueva generación de experiencias creativas para niños

En una celebración infantil, el recuerdo no siempre está en la fotografía que queda después, sino en aquello que el...

Almaia: Una mirada más humana hacia la despedida de una mascota

Cuando Farid Rifai, cofundador de la marca, tuvo que despedirse de su perro, descubrió que el momento que imaginaba íntimo...