Oh! Massa comenzó con una meta personal: reunir el dinero necesario para celebrar una boda y terminó convirtiéndose en un negocio que, en sus primeros diez meses, superó las 2,500 pizzas vendidas y realizó más de 30 servicios de catering. Detrás de esa evolución está Nicolás Rey, quien encontró en la cocina italiana una oportunidad para emprender y, especialmente en la pizza napolitana, un producto capaz de acompañar distintas formas de reunirse. Lo que empezó preparando pizzas desde cero en casa, entre amigos y nuevas recetas, hoy cuenta con una cocina especializada y una propuesta que combina pizza artesanal, productos congelados y experiencias gastronómicas para eventos.

Una meta que tomó forma entre recetas
La historia de Oh! Massa tiene un punto de partida poco convencional para una marca gastronómica: la organización de una boda. En noviembre de 2025, siete meses antes de casarse con Francesca, Nicolás buscaba la manera de financiar una celebración especial junto a las personas más cercanas. La cocina, una afición que ya formaba parte de su vida, apareció como una posibilidad concreta. Por entonces, estaba aprendiendo sobre gastronomía italiana, experimentando con pastas frescas y preparando pizzas desde cero para compartir con sus amigos, quienes se sorprendían al descubrir que aquellas recetas habían sido elaboradas en casa.
La reacción de quienes las probaban despertó una pregunta que cambiaría el rumbo de ese proyecto doméstico: ¿podría convertir esas pizzas en una fuente de ingresos? Nicolás comenzó a investigar, adquirió los equipos necesarios y concentró su atención en las pizzas napolitanas, hasta lanzar Oh! Massa con una primera propuesta de pizzas artesanales congeladas elaboradas con ingredientes de calidad. Se fijó el objetivo de vender 2,500 unidades antes de su matrimonio y, conforme avanzaron los meses, el desafío dejó de ser una iniciativa temporal para convertirse en una empresa con planes propios. La cocina pasó de ser un espacio de experimentación a exigir método, inversión y una idea cada vez más clara de lo que quería ofrecer.


El cuidado empieza antes del horno
En una pizza, buena parte del resultado se decide mucho antes de que la masa entre al horno. Nicolás entendió pronto que la calidad no dependía únicamente de una receta bien ejecutada, sino también de la elección de cada ingrediente. Desde sus primeras preparaciones, Oh! Massa trabaja con harina italiana Le 5 Stagioni y salsa de tomate Mutti, dos productos que se mantienen como parte de su base gastronómica. Para los demás componentes, el proceso ha sido menos inmediato: probar distintas mozzarellas, comparar al menos seis marcas de pepperoni y evaluar ingredientes hasta encontrar los que mejor respondieran a sus expectativas.
Esa búsqueda también ha definido la manera en que la marca ha crecido. Antes de contar con una amasadora, Nicolás llegó a trabajar más de 250 kilos de masa a mano; hoy, Oh! Massa dispone de una dark kitchen equipada con maquinaria profesional y un horno especializado para pizzas. El cambio ha permitido ampliar la producción sin abandonar la elaboración desde cero ni los procesos que consideran esenciales para conservar el carácter artesanal del producto. La profesionalización, en este caso, no consiste en sustituir el trabajo manual por tecnología, sino en encontrar una forma de sostener la calidad a medida que aumenta la demanda.
Cada masa pasa por una fermentación controlada y se estira artesanalmente antes de recibir la salsa de tomate y entrar en un horno que supera los 450 °C. Después del prehorneado, las bases reposan y se completan con ingredientes que van desde la mozzarella, el pepperoni y el jamón hasta el prosciutto di Parma, la mortadela con pistacho o la crema de ricotta. El proceso continúa con el envasado al vacío en bolsas gofradas de grado alimenticio y la congelación, etapas pensadas para preservar el sabor, la frescura y la textura. En esta secuencia, la practicidad no se entiende como una concesión, sino como una extensión de la experiencia gastronómica.


Una misma pizza, distintas ocasiones
La propuesta de Oh! Massa parte de una idea sencilla: una buena pizza no debería estar reservada a una sola ocasión. Puede formar parte de una cena improvisada en casa, de una reunión con amigos, de una celebración familiar o de un evento que requiere una solución gastronómica más amplia. Por eso, la marca ha desarrollado tres líneas que conviven bajo una misma identidad: pizzas recién preparadas, masas y pizzas congeladas para terminar de preparar en casa, y un servicio de catering para eventos.
La variedad de formatos responde a hábitos de consumo que valoran tanto la calidad como la facilidad de organizar una comida. Sin embargo, la adaptación no implica cambiar la esencia del producto según el contexto. Los ingredientes, el cuidado de la elaboración y la atención a los detalles se mantienen como criterios comunes, tanto para quien busca resolver una comida cotidiana como para quien desea incorporar pizzas artesanales a una celebración. La marca encuentra así su lugar entre la tradición de una pizzería y las posibilidades de una propuesta gastronómica pensada para acompañar la vida diaria.
Esa flexibilidad también exige entender que cada cliente tiene necesidades distintas. Una celebración puede requerir una selección específica, un presupuesto determinado o una preparación que no aparece en la carta habitual. La disposición a ajustar la propuesta, desarrollar combinaciones especiales o encontrar soluciones para cada evento forma parte de una relación que Oh! Massa busca construir más allá de la venta puntual. En un mercado donde las opciones gastronómicas se multiplican, la experiencia no depende exclusivamente de lo que llega a la mesa, sino también de la atención que acompaña el proceso.

Crecer sin perder el criterio
Para Nicolás, la evolución de Oh! Massa no pasa por perseguir cada tendencia gastronómica, sino por identificar qué merece mejorar y qué conviene preservar. Su prioridad es consolidar una pizza consistente, práctica y elaborada con buenos ingredientes, capaz de mantener el mismo nivel cada vez que un cliente vuelve a elegirla. La innovación ocupa un lugar importante, aunque no necesariamente debe alterar aquello que ya funciona. Antes de introducir nuevas propuestas, la marca quiere responder con solvencia a las expectativas que han sostenido su crecimiento.
Las ediciones limitadas son parte de esa búsqueda. Permiten experimentar con ingredientes y combinaciones menos habituales sin desplazar las recetas que forman parte de las preferencias más extendidas. Nicolás reconoce que las pizzas de pepperoni o hawaiana tienen hoy más demanda que opciones como la Bianca al Tartufo, una diferencia que revela algo importante sobre el desarrollo de una carta: sorprender también exige comprender los gustos de quienes la eligen. La sofisticación no está necesariamente en añadir complejidad a cada propuesta, sino en saber cuándo una receta necesita evolucionar y cuándo su fortaleza reside precisamente en mantenerse fiel a sí misma.
A esa filosofía se suma una dimensión más personal. Nicolás se ha convertido en la cara visible de la marca, hasta el punto de que muchos clientes lo reconocen como «Nico de Oh! Massa». Esa cercanía se expresa en pequeños gestos, desde regalar pizzas congeladas durante un evento hasta preparar una versión especial o adaptar un servicio a las necesidades de cada cliente. No se trata de convertir cada interacción en una estrategia, sino de conservar una relación directa con las personas que han acompañado el crecimiento del negocio y cuyas recomendaciones han sido fundamentales durante sus primeros meses.
Con más de 2,500 pizzas vendidas y más de 30 caterings realizados en sus primeros diez meses, Oh! Massa se enfrenta ahora a una etapa distinta: ampliar sus canales de venta, llegar a nuevos públicos y desarrollar su oferta de productos congelados, complementos y lanzamientos especiales. El reto será crecer sin perder el vínculo entre la elaboración, la calidad y la atención personal que definieron sus comienzos.
Quizá la historia de Oh! Massa tenga algo que ver con esa capacidad de transformar una necesidad en una idea que encuentra su propio camino. La boda que impulsó las primeras ventas fue el punto de partida, pero el proyecto adquirió sentido cuando dejó de responder únicamente a una meta económica y comenzó a construir una identidad. Hoy, la pizza funciona como el centro de una propuesta que busca estar presente en momentos distintos, desde una comida sin demasiada planificación hasta una celebración importante. Y en esa versatilidad hay una convicción que atraviesa todo el recorrido: crecer no significa hacer las cosas de otra manera por obligación, sino encontrar cómo hacerlas mejor sin olvidar por qué empezaron.
Escribe: Nataly Vásquez



