AEA: Un homenaje a quienes trazaron el país desde la idea

POR NATALY

Barranco, con su aire de bruma y borde costero, se convirtió en escenario de un ritual que trasciende la simple agenda social. Allí, la Asociación Peruana de Estudios de Arquitectura (AEA) reunió a la comunidad...

Barranco, con su aire de bruma y borde costero, se convirtió en escenario de un ritual que trasciende la simple agenda social. Allí, la Asociación Peruana de Estudios de Arquitectura (AEA) reunió a la comunidad para celebrar su Cocktail de fin de año: una noche de luz tenue, conversaciones prolongadas y silencios que decían más que las palabras. Una noche donde la arquitectura dejó de ser estructura para convertirse en relato vivo.

Honrar a quienes sostienen la memoria del oficio

El corazón del encuentro latió en un gesto de reconocimiento. Sobre el escenario simbólico que trazó la AEA, se rindió homenaje a referentes cuya obra ha definido buena parte del paisaje contemporáneo peruano. Nombres que ya son parte del canon: Frederick Cooper Llosa, Antonio Graña Acuña, Juvenal Baracco Barrios, Miguel Cruchaga Belaunde, Antenor Orrego Spelucín, Guillermo Málaga Sotomayor, Augusta Estremadoyro Llontop, Franco Vella, Javier Sota Nadal y Jorge Páez Espinosa.

Hubo en el ambiente una mezcla de respeto y celebración, como si cada presente reconociera que la arquitectura también es un ejercicio de continuidad: una disciplina que avanza porque otros, antes, ya trazaron el primer trazo.

Un espacio donde la comunidad se reconoce

La noche avanzó con la naturalidad de un encuentro largamente esperado. Entre la frescura de los chilcanos y los vinos de Intipalka, las conversaciones fluyeron entre proyectos, retos y nuevas visiones para el país. Más que un cierre de año, el Cocktail reafirmó la misión de la AEA: crear un lugar donde experiencia, creatividad y futuro puedan encontrarse sin jerarquías, sin prisa, con sentido.

El evento recordó que la arquitectura es, en esencia, una comunidad en permanente construcción: un territorio que se nutre del diálogo tanto como del diseño.

Barranco despidió la velada con la misma sutileza con que la recibió. Y mientras los invitados se dispersaban por sus calles estrechas, quedó la sensación de que la disciplina —como la ciudad— respira distinta cuando es celebrada desde adentro: desde quienes la piensan, la discuten y, sobre todo, la viven.

Escribe y fotos: Nasim Mubarak

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