Cuando Farid Rifai, cofundador de la marca, tuvo que despedirse de su perro, descubrió que el momento que imaginaba íntimo podía sentirse, en realidad, distante. Esa experiencia terminó convirtiéndose en el punto de partida de Almaia, una empresa que propone otra manera de entender el duelo por una mascota, poniendo en el centro algo que durante mucho tiempo quedó fuera de la conversación: la posibilidad de que cada familia pueda decidir cómo despedirse de alguien que fue parte de su historia.

Cuando despedirse dejó de ser un trámite
La idea de Almaia no nació de una oportunidad de negocio, sino de una incomodidad personal. Farid recuerda que la despedida de su perro no fue necesariamente una mala experiencia, pero sí una en la que sintió que el proceso había sido tercerizado y que la familia había quedado con poco espacio para participar. Faltaban tiempo, alternativas y, sobre todo, la posibilidad de construir una despedida que respondiera a la relación que habían tenido.
De esa experiencia surgió una pregunta que todavía sostiene el proyecto: ¿por qué debería existir una única forma de decir adiós? Para algunas familias será importante acompañar cada etapa; otras preferirán un homenaje más íntimo o encontrar una manera especial de conservar un recuerdo. Almaia parte de reconocer esa diferencia y convertirla en una posibilidad, no en una excepción.
La intención de Farid tampoco es suavizar artificialmente el duelo. Sabe que una despedida no elimina la tristeza ni hace desaparecer la ausencia. Lo que puede hacer, en cambio, es darle un lugar y permitir que una familia cierre una etapa desde la gratitud, con la tranquilidad de saber que su mascota fue tratada con respeto y dignidad.
La confianza se construye en los detalles
En Almaia, la sensibilidad convive con una estructura operativa rigurosa. Cada mascota que ingresa recibe un PET ID único, que permite mantener la trazabilidad del servicio desde el inicio y registrar tanto la modalidad elegida como los detalles solicitados por la familia. En un proceso donde un error puede tener un peso emocional enorme, los protocolos no son un elemento secundario, sino parte esencial de la experiencia.
Pero la trazabilidad por sí sola no resuelve lo más delicado. Farid entiende que una familia necesita saber qué está sucediendo y sentirse acompañada incluso cuando decide no participar activamente en cada etapa. Por eso, la comunicación ocupa un lugar central junto con los protocolos, los horarios, la logística y los homenajes personalizados.
Esa mirada también redefine qué significa ofrecer un servicio premium en este sector. Para Farid, no se trata de elevar el precio ni de construir una experiencia simplemente estética. Lo premium está en escuchar, dedicar tiempo, comprender las necesidades de cada familia y asumir con seriedad la confianza que deposita en Almaia.


Una memoria que no se queda en la pérdida
La misma filosofía aparece en los objetos que acompañan la despedida. Farid explica que Almaia busca alejarse de las urnas tradicionales asociadas exclusivamente con la pérdida y explorar alternativas que puedan integrarse de manera más natural a la vida cotidiana. Entre ellas está Urna Bios, concebida como una pieza vinculada a la vida, mientras que otros elementos de memorabilia buscan acompañar a las familias más allá del momento de la despedida.
La intención no es convertir el recuerdo en un objeto decorativo, sino cambiar la relación con aquello que permanece. Una urna o una pieza de memorabilia puede recordar la ausencia, pero también puede hablar de los años compartidos, de las rutinas y de una historia que no desaparece porque haya terminado una vida.
En ese punto, Almaia se conecta con una transformación más amplia en la manera de entender a los animales de compañía. Las mascotas forman parte de la rutina, acompañan cambios personales y ocupan espacios emocionales que hace algunos años muchas familias evitaban reconocer públicamente. El lenguaje alrededor de ellas también ha cambiado, y con él empieza a cambiar la manera de atravesar su pérdida.
Cuando el duelo empieza a tener un lugar
Farid observa ese cambio incluso desde el ámbito laboral. Almaia ya trabaja con empresas que contemplan un día libre para quienes pierden a una mascota. Puede parecer una medida pequeña, pero representa una modificación importante: reconocer que la muerte de un animal puede afectar profundamente a una persona y que despedirse también requiere tiempo.
La conversación alrededor del duelo animal todavía está evolucionando en el Perú, pero cada vez resulta menos extraño hablar de él con la misma seriedad con la que se habla de otras pérdidas. Para Almaia, ese cambio no consiste en equiparar experiencias de manera artificial, sino en reconocer el lugar real que las mascotas ocupan dentro de muchas familias.
La visión de Farid para la compañía parte de ahí. Almaia busca crecer mientras contribuye a normalizar una forma más consciente de despedirse, una que permita atravesar el dolor sin convertirlo en culpa, dudas o una experiencia traumática. No promete una salida rápida del duelo, porque sabe que no existe.


Una mascota puede acompañar solo una parte de una vida y, aun así, modificarla profundamente. Quizá por eso una despedida bien pensada no tenga que significar cerrar una puerta de manera definitiva, sino encontrar una forma de agradecer lo compartido. Con el tiempo, cuando la tristeza encuentre otro lugar, ese vínculo puede permanecer en la memoria y también en la manera en que una persona vuelve a elegir cuidar.
Escribe: Nataly Vásquez
Fotos: Revista Signature



