El aroma tibio de una cocina en calma puede ser tan revelador como una conversación honesta. En el universo de Analu Andrade, la repostería artesana y la reflexión íntima no compiten: dialogan, se cruzan y se sostienen desde un mismo impulso. Entre cucharas de madera, galletas rellenas y micrófonos abiertos, Nanú Bakery y Aprendiendo a Estar revelan una identidad creativa donde compartir —desde el paladar o desde la palabra— se convierte en un gesto consciente de cuidado y propósito

El gesto de hornear como declaración personal
Analu siempre supo que quería dedicarse a la pastelería. Lo supo temprano, con esa certeza que no necesita explicación. Al mismo tiempo, desde muy joven, le atrajeron la psicología, el crecimiento personal, las preguntas sin respuestas inmediatas. Lejos de separarse, esas dos pulsiones encontraron un punto común: la experiencia.
En Nanú, hornear es una forma de decir quién es. Los empaques, las texturas, los sabores suaves hablan de calma, ternura y afecto. No hay prisa ni estridencia. Cada postre funciona como un pequeño refugio cotidiano, una invitación a detenerse. No es casual: es identidad traducida en materia.
Recetas hechas de prueba, error y memoria
Detrás de cada cookie de manjar de olla o cuchareable de lúcuma hay una historia de insistencia. Prácticas tempranas en su pastelería favorita, estudios fuera del país, decenas de recetas fallidas en cocinas compartidas. Rellenos que se derraman, masas que se queman, ideas que no funcionan. Todo cuenta.
Durante la cuarentena, Analu adoptó una disciplina casi artística: un postre al día, siguiendo el consejo de un amigo que dibujaba diariamente para mejorar. Ese ejercicio constante —mínimo, silencioso— fue afinando su lenguaje culinario. Nanú no nace de una sola inspiración, sino de la acumulación de experiencias pequeñas, escuchadas con atención.
Escuchar es clave. Muchas recetas no parten solo de su gusto personal, sino del diálogo con los demás: antojos ajenos, opiniones, recuerdos compartidos. La repostería, aquí, es una forma de conversación.


La estética de mostrarse sin filtros
En Aprendiendo a Estar, Analu traslada esa misma honestidad al terreno de la palabra. Junto a Rodo, explora temas como presencia, amor propio y decisiones conscientes. No desde la teoría, sino desde lo vivido. Hablar desde la experiencia se convierte en un acto de acompañamiento.
Esa mirada también define su ética como creadora de contenido. Hubo un momento en que intentó un registro más curado, más producido, más alineado con lo que “se espera” en redes. Pero algo no encajaba. La conexión se diluía. Volver a mostrarse tal como es —el día a día real, el detrás de escena de Nanú— fue un regreso a la coherencia.
En un ecosistema dominado por tendencias efímeras, Analu elige la fidelidad a su esencia. Mostrar el proceso, no solo el resultado. Permanecer auténtica, incluso cuando eso va a contracorriente.
Dos proyectos, una misma sensibilidad
Analu maneja Nanú Bakery y Aprendiendo a Estar como universos independientes, pero unidos por una sensibilidad común. Sueña con un local físico para Nanú: un lugar donde la gente pueda sentarse, compartir, regalar algo hecho con intención. Un espacio que ofrezca paz en medio del ruido cotidiano.
Para el podcast, imagina un estudio propio, más alcance, más voces que encuentren acompañamiento. No se define como experta, y ahí reside su fuerza. Muchas veces, escuchar a alguien que ha pasado por lo mismo es suficiente. Estar presente también es una forma de cuidado.

Ambos proyectos, uno dulce y otro reflexivo, contribuyen a una conversación más amplia sobre bienestar, cultura e identidad en la escena creativa peruana y latinoamericana. No desde el discurso grandilocuente, sino desde lo cercano.
El horno se apaga. El micrófono también. Pero algo permanece. La sensación de haber sido recibido con honestidad. Como un postre compartido en silencio, o una frase que llega justo cuando hacía falta.
Escribe: Nataly Vásquez