Christian Matta no llegó al maquillaje por una ruta evidente. Antes de convertirse en uno de los nombres más reconocidos del maquillaje profesional en Perú, hubo una adolescencia marcada por el acné, una carrera deportiva de alto rendimiento, un sueño pendiente de estudiar Diseño de Interiores y una oportunidad que comenzó detrás de una recepción. Hoy, desde sus distintos proyectos, Christian no solo trabaja sobre el rostro: está intentando cambiar la forma en que una generación entiende la belleza, la formación y el precio real de construir una carrera.

La confianza como punto de partida
Mucho antes de que el maquillaje se convirtiera en su profesión, Christian Matta ya había descubierto que podía ser una forma de recuperar algo. Durante su adolescencia, mientras enfrentaba problemas de acné, comenzó a encontrar en el maquillaje una herramienta para fortalecer su confianza y explorar su creatividad. La experiencia fue personal antes que profesional, y quizá por eso su manera de entender la belleza nunca ha estado completamente separada de lo que ocurre detrás de una imagen.
Su camino, sin embargo, no fue lineal. Mientras desarrollaba una trayectoria deportiva que lo llevó a representar al Perú en competencias de triatlón, también imaginaba un futuro vinculado al Diseño de Interiores. Quería estudiar en Toulouse Lautrec, pero las limitaciones económicas de su familia hicieron que ese proyecto tuviera que esperar. Durante algunos meses, Christian se quedó en una especie de pausa, intentando entender cuál sería el siguiente paso.
Fue su hermana Jessica quien terminó abriendo una puerta inesperada. Al notar su interés y habilidad para maquillarse, lo animó a inscribirse en un curso profesional. Así llegó a Pivot Point Los Olivos y, poco después, a SolMakeArt, la escuela dirigida por Sol Ríos en Miraflores. Como no podía asumir el costo de los estudios, conversó con la directora y encontró una alternativa que terminaría definiendo buena parte de su vida profesional: comenzó como recepcionista, luego fue asistente y coach, hasta convertirse en docente.
En ese recorrido, Christian entendió que aprender no siempre ocurre en el lugar que uno imagina. A veces sucede mientras se observa, se ayuda, se resuelven problemas y se permanece cerca de quienes saben más. La experiencia le permitió formarse técnicamente, pero también descubrir una vocación que con los años se volvería tan importante como el maquillaje: la enseñanza.





Cuando la belleza dejó de buscar la perfección
Su trayectoria lo llevó por el teatro, la televisión, el cine, la moda y distintas producciones artísticas. También lo llevó a especializarse fuera del país y a dictar masterclasses en Perú, México y Costa Rica. Con cada etapa, el maquillaje dejó de ser únicamente una cuestión de técnica para convertirse en una conversación más amplia sobre identidad, percepción y seguridad.
Esa mirada también aparece en su trabajo con reinas de belleza y figuras como Tatiana Calmell y Janick Maceta. Para Christian, el concepto de belleza que hoy se busca transmitir en los certámenes ha cambiado de manera importante. La autenticidad tiene un peso mayor, mientras que los procedimientos extremos han empezado a ceder espacio a una estética más natural.
“Para mí, la belleza se expresa mejor cuando está acompañada de inteligencia, seguridad y de la capacidad de sentirse cómodo en la propia piel”, explica. En su lectura, el rostro no debería convertirse en una superficie que necesita ser corregida hasta perder sus rasgos propios. La belleza puede ser más poderosa cuando conserva algo de la persona que existe debajo de la imagen.
En un contexto dominado por filtros, retoques y una idea cada vez más precisa de lo que debería ser un rostro perfecto, Christian sigue viendo el maquillaje como una herramienta de expresión. La diferencia está en que, a diferencia de una transformación permanente, permite probar, cambiar y explorar distintas versiones de uno mismo sin dejar de reconocerse.
Quizá por eso su trabajo con sus clientas no termina cuando el look está terminado. Christian las hace parte del proceso, les explica los productos y las técnicas, y convierte cada sesión en una experiencia de aprendizaje. Muchas llegan señalando aquello que no les gusta de su apariencia y, a medida que avanza el trabajo, empiezan a mirarse de otra manera. No porque hayan dejado de ser quienes eran, sino porque algo en la forma de observarse ha cambiado.



La carrera que se construye detrás del espejo
Esa transformación es también una de las razones por las que Christian decidió dedicar una parte importante de su carrera a formar nuevos talentos. A través de Make Up Studio by Christian Matta, su escuela ubicada en Jesús María, ha convertido su experiencia en una plataforma para quienes buscan ingresar a una industria que, durante mucho tiempo, fue observada como una actividad creativa antes que como una verdadera profesión.
Después de más de diez años formando profesionales, Christian reconoce que uno de los principales obstáculos para muchos talentos emergentes no es la falta de capacidad, sino la impaciencia. Existe una expectativa de alcanzar rápidamente los resultados de quienes llevan años construyendo una carrera, sin considerar todo lo que ocurre antes de llegar a ese punto.
“No eres profesional únicamente por haber estudiado”, sostiene. Para él, la profesionalización llega cuando la formación se encuentra con la experiencia real, la actualización constante y la capacidad de construir una relación sólida con las clientas. La técnica es apenas una parte del trabajo. También importan la comunicación, la oratoria, el marketing, la administración, la creación de procesos y la capacidad de convertir una habilidad en una estructura sostenible.
Esa perspectiva explica la evolución de sus propios proyectos. Christian Matta Novias se concentra en experiencias exclusivas para novias; Christian Matta Beauty reúne sus servicios de maquillaje y belleza; y Christian Matta Workshop, lanzado en 2025, representa su apuesta más ambiciosa por ampliar la conversación alrededor de la industria.
La primera edición del workshop llevó al Perú al maquillador español Sergio Antón, reconocido por trabajar con figuras como Rosalía, Georgina Rodríguez, Tini, Danna Paola y Emilia Mernes. Después llegó el mexicano Etienne Ortega, responsable de algunos de los looks de Lana Del Rey, Kali Uchis, Kris Jenner, Becky G, Kylie Jenner y Demi Lovato. Más que sumar nombres internacionales a una agenda, Christian está intentando acercar a los profesionales peruanos a una conversación que durante mucho tiempo parecía ocurrir en otros lugares.




La siguiente montaña
La historia de Christian tiene algo particularmente revelador: cada etapa parece haber comenzado cuando la anterior todavía no estaba completamente resuelta. El sueño de estudiar Diseño de Interiores no desapareció de su vida, pero encontró otra forma de manifestarse en la manera en que construye imágenes, desarrolla conceptos y entiende el rostro como un espacio de composición. El deporte le dejó disciplina. La dificultad económica le enseñó a encontrar caminos alternativos. La experiencia como recepcionista terminó llevándolo a la docencia.
Nada de eso parece haber ocurrido siguiendo un plan perfecto. Y quizá esa sea una de las ideas más importantes que Christian transmite a quienes empiezan. La carrera no se construye únicamente a partir de las oportunidades que uno desea, sino también de la disposición para reconocer el valor de aquellas que, en un primer momento, parecen estar lejos del objetivo.
“Hay trabajos que funcionan como puentes hacia metas mayores”, dice. La frase podría describir su propia trayectoria, pero también la manera en que entiende el crecimiento profesional. Cada logro abre una nueva pregunta. Cuando se alcanza una cima, la tarea no consiste en quedarse ahí demasiado tiempo, sino en pensar cuál será la siguiente montaña.
En esa búsqueda se encuentra hoy Christian Matta. Entre el trabajo con novias, la formación de nuevos maquilladores, las masterclasses y la llegada de artistas internacionales al Perú, su carrera ha dejado de ser únicamente la historia de un maquillador que encontró su vocación. Es la historia de alguien que entendió que una industria también puede crecer cuando quienes han logrado avanzar deciden abrir el camino para los que vienen detrás.
Porque, en su caso, el maquillaje nunca fue solo una manera de cambiar una imagen. Primero fue una forma de recuperar la confianza. Después, una profesión. Y ahora, una plataforma desde la que Christian intenta demostrar que el verdadero talento no se mide únicamente por lo que uno es capaz de crear frente a un espejo, sino también por lo que consigue despertar en los demás.
Escribe: Nataly Vásquez