Cloud Paradise: Donde la infancia aprende a cuidarse

POR NATALY

En Cloud Paradise, Indirha Ramos, Janmary Flex y José Roque no hablan de un negocio; hablan de una corrección cultural. Detectaron un vacío en el mercado del bienestar infantil y decidieron ocuparlo con método, estética...

En Cloud Paradise, Indirha Ramos, Janmary Flex y José Roque no hablan de un negocio; hablan de una corrección cultural. Detectaron un vacío en el mercado del bienestar infantil y decidieron ocuparlo con método, estética y convicción. No adaptaron un spa para adultos. Lo diseñaron desde cero para niñas que aún están aprendiendo quiénes son.

Un espacio que no pide permiso

La idea nació de una conversación entre amigos que ya habían migrado, trabajado en estética y observado cómo, en otros mercados, el autocuidado infantil tenía lugar propio. En Perú, ese espacio no existía con intención clara. Lo que había eran versiones reducidas de un mundo adulto.

Cloud Paradise propone lo contrario: un spa infantil donde la experiencia no se minimiza ni se caricaturiza. Aquí el protocolo es específico, pensado para niñas. Manicure, pedicure y masajes dejan de ser rituales asociados a vanidad y se convierten en ejercicios lúdicos de autoestima. No es estética precoz; es educación emocional en formato tangible.

Trabajan bajo reservación. Atención personalizada. La experiencia no se diluye en el ruido. Esa decisión —operativa y simbólica— habla de respeto por el tiempo de cada niña y por la memoria que se construye allí.

Diseñar para la imaginación

El diseño no es decorado; es narrativa. Indirha y Janmary tenían la visión en la mente antes de encontrar a quien la ejecutara. La colaboración con Sherlyn Home Studio permitió traducir esa idea en un espacio temático que no infantiliza, sino que amplifica la fantasía con criterio.

El resultado no busca impresionar a los adultos, aunque también los incluye. Hay una comprensión sutil: el bienestar infantil no ocurre en aislamiento. Los padres necesitan sentirse tranquilos, seguros, parte de la experiencia. Cloud Paradise entiende esa doble dimensión y la integra sin competir por protagonismo.

Más que un spa, es un entorno donde los sentidos se activan con intención. No para sobreestimular, sino para crear recuerdo. La memoria es el verdadero servicio.

Pequeñas decisiones, grandes consecuencias

El discurso sobre empoderamiento puede volverse liviano. Aquí lo aterrizan en gestos concretos. Elegir el color del esmalte. Decidir un peinado. Atreverse a combinar tonos improbables. No corregir. No juzgar. Permitir.

Esa libertad guiada —acompañada de palabras de validación y afirmaciones constantes— configura algo más profundo que una sesión de manicure. Configura seguridad. Las fundadoras lo entienden con claridad: el autocuidado no debe asociarse a presión estética, sino a amor propio y equilibrio.

El proyecto evoluciona. Hablan de expansión, de integrar a niños, de convertirse en un spa familiar sin diluir la esencia. Crecer sin traicionar el origen. Ambición con coherencia.

Cloud Paradise no vende esmaltes ni mascarillas. Ensaya una hipótesis: que el bienestar infantil puede ser un acto cultural serio. Y que permitirle a una niña tomar decisiones sobre sí misma —aunque parezcan pequeñas— puede ser una de las inversiones emocionales más sofisticadas de nuestro tiempo.

Escribe: Nataly Vásquez

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