ECKE Arquitectos: La memoria como línea maestra de la modernidad

POR NATALY

Hay estudios que se construyen desde la técnica, otros desde la oportunidad. Pero hay unos pocos que nacen de un pulso íntimo, casi biográfico. ECKE Arquitectos pertenece a esa estirpe silenciosa. Su arquitectura parece venir...

Hay estudios que se construyen desde la técnica, otros desde la oportunidad. Pero hay unos pocos que nacen de un pulso íntimo, casi biográfico. ECKE Arquitectos pertenece a esa estirpe silenciosa. Su arquitectura parece venir de lejos, de un lugar donde la memoria, la materia y la luz se encuentran sin anunciarse. Un lugar donde la idea se pule como una piedra que vuelve al mar. En este espacio conceptual y emocional se mueven Alfonso y Gonzalo Valega Rey, gemelos cuya obra revela una lectura del mundo tan disciplinada como sensorial, tan rigurosa como poética.

La herencia como brújula invisible

Hay historias familiares que moldean profesiones; otras que moldean maneras de mirar. En el caso de los hermanos Valega Rey, ambas dimensiones se entrelazan. Crecieron en una casa donde los planos, maquetas y conversaciones sobre proporción formaban parte de la cotidianidad. Su abuelo, el arquitecto Manuel Valega Sayán, dejó más que un legado: dejó una sensibilidad. Y esa sensibilidad —transmitida por su padre arquitecto y su madre formada en el mismo oficio— fue el territorio afectivo donde germinó ECKE.

En la infancia, aquellas arquitecturas improvisadas con sillas y linternas fueron su primer laboratorio espacial. Sin saberlo, ya afinaban su comprensión de la luz, el vacío y la escala. Hoy, esa intuición evoluciona en una firma reconocida por su limpieza formal, su geometría precisa y un profundo respeto por la materia en su estado natural. Diseñan como quien recupera un eco antiguo. Quizás por eso, muchas veces, llegan al mismo croquis sin haberlo conversado. Una sincronía creativa que no se explica: se constata.

Donde la idea se afina hasta volverse silencio

El proceso creativo de ECKE tiene algo de rito y algo de ciencia. Antes de pensar en volúmenes, piensan en pausas. Leer la luz. Reconocer la sombra. Escuchar al terreno. Solo entonces permiten que la forma emerja. La arquitectura no aparece como una decisión abrupta, sino como una negociación con el lugar.

Trabajan con maquetas y croquis como si cada proyecto requiriera ser tocado antes de ser diseñado. La materia dialoga con el vacío, la luz transfigura lo mínimo, y lo mínimo encuentra su exactitud. Depuran hasta que queda lo esencial. Depuran hasta que la obra respira.

Para Alfonso y Gonzalo, diseñar no es producir formas: es construir sentido. Cuando la idea coincide con la vida que ese espacio albergará, saben que han encontrado el punto justo. Una arquitectura que no busca decir más, sino decir mejor.

La estética como consecuencia de una ética

En un país donde la ciudad se expande a distintas velocidades, la precisión se vuelve una responsabilidad. La obra de ECKE parte de una convicción clara: la belleza solo importa si responde a un principio ético. Por eso su arquitectura rehúye la tentación del gesto gratuito y abraza una estética depurada, honesta, sostenida por tres ejes: territorio, escala humana y sostenibilidad temporal.

Sus decisiones formales no son un capricho visual. Nacen de entender la ventilación natural, la intensidad del sol, el comportamiento del suelo y los vacíos necesarios para que un proyecto respire. Trabajan con concreto, piedra, madera y acero en su estado puro, confiando en que la materialidad noble resiste mejor el tiempo que cualquier artificio.

La arquitectura, para ellos, es un acto de larga duración: debe pertenecer al paisaje, no imponerse. Debe envejecer con dignidad, no aspirar a la novedad instantánea.

Territorio, memoria y una modernidad que no olvida

Construir en el Perú implica dialogar con un territorio múltiple. ECKE afronta esa complejidad con una mirada contemporánea y a la vez profundamente enraizada en la memoria constructiva del país. La identidad peruana aparece no como un ornamento, sino como una sabiduría silenciosa: patios que articulan, sombras que ordenan, masas que resguardan, vacíos que median.

En la costa, la luz dicta la arquitectura: sombras largas, horizontes limpios, materiales resistentes a la salinidad. En la ciudad, sus proyectos buscan ofrecer continuidad y serenidad dentro del ritmo urbano. En la sierra, la montaña toma la palabra: es la topografía la que define cómo y dónde anclar.

Para ellos, la verdadera sostenibilidad cultural consiste en crear edificios capaces de seguir siendo útiles y claros dentro de varias décadas. Arquitecturas donde lo pasivo vale más que lo tecnológico; donde la vida cotidiana fluye sin depender de sistemas complejos; donde el tiempo es un aliado y no un enemigo.

En una disciplina que a veces confunde innovación con ruido, ECKE Arquitectos apuesta por la claridad. Sus proyectos no buscan imponerse en el paisaje, sino pertenecer. No buscan deslumbrar, sino permanecer. En un mundo saturado de estímulos, su obra propone una pausa: una esquina donde la luz entra con precisión, donde la materia habla sin alzar la voz, donde la arquitectura se vuelve, finalmente, un lugar para estar.

Escribe: Nataly Vásquez

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