A cierta hora de la tarde, cuando la ciudad empieza a aflojar el paso, Bar Antequera se enciende con una energía distinta. No es prisa ni espectáculo. Es ese momento exacto en que el after office deja de ser trámite y se convierte en ritual. Este verano, el bar presenta sus Noches de Verano como un adelanto de lo que está por venir: una nueva carta, una nueva barra y una atmósfera que combina memoria y actualidad sin forzar el contraste.
Un clásico que decide moverse hacia adelante
Antequera no reniega de su historia. La utiliza como punto de apoyo. La renovación del espacio y de la propuesta líquida no busca romper con lo conocido, sino afinarlo. Hay una intención clara de volver a ser punto de encuentro, de recuperar el hábito de cerrar el día con calma y buena conversación. La estética vintage aparece sin nostalgia exagerada, más como guiño que como declaración, dialogando con una escena urbana que hoy valora tanto la autenticidad como el detalle.





La coctelería como lenguaje propio
La nueva carta está a cargo de David Romero, sommelier y barman que entiende la coctelería como una forma de narrativa. Su propuesta respeta la identidad clásica de Antequera, pero la empuja con criterio hacia un terreno más contemporáneo. Técnicas actuales, ingredientes bien pensados y combinaciones que no buscan sorprender por exceso, sino por equilibrio. Cada cóctel parece diseñado para acompañar el ritmo de la tarde que se convierte en noche, sin robarle protagonismo a la experiencia completa.


Noches de verano, conversaciones que se quedan
Como antesala de la carta oficial, cada dos semanas el bar presenta una selección exclusiva creada solo para estas noches. Un ejercicio de anticipo y juego. El llamado estilo Antequera Vintage se siente más como actitud que como etiqueta: respeto por la tradición, lectura clara del presente y una frescura que evita caer en lo predecible. La convocatoria es natural. Público diverso, pero con algo en común: ganas de quedarse un rato más.






Música que acompaña, no invade
La experiencia se completa con música en vivo a cargo de Jannita Hannah, cuya presencia suma cercanía y dinamismo al ambiente. Su energía ligera se integra al espacio sin imponerse, permitiendo que la conversación fluya y que la noche encuentre su propio pulso. No hay estridencias. Hay intención.
Antequera abre así una temporada que no grita verano, lo sugiere. Un lugar donde la coctelería de autor, la música y el espacio se alinean para recordar algo simple y cada vez más valioso: cerrar el día con estilo también puede ser un acto de pausa.
Escribe: Nataly: Vásquez