En medio de una conversación sobre sostenibilidad, Los universos artísticos de la Amazonía peruana propone detenerse en aquello que suele quedar fuera de las grandes discusiones sobre territorio y futuro: las personas que lo habitan, las memorias que conservan y las imágenes con las que cuentan su propia historia. Presentada por Micelio y Bufeo: Amazonía + Arte, junto con UNESCO y con el apoyo de PetroTal y Perú Sostenible, la exposición reúne distintas generaciones de artistas para plantear una pregunta que permanece abierta: qué sucede cuando una región deja de ser solamente observada y empieza a narrarse desde sus propios lenguajes.

Una historia que cambia de mirada
Durante mucho tiempo, la Amazonía peruana ha sido representada desde afuera. La ciencia, los viajes, la exploración y posteriormente distintas formas de creación artística construyeron imágenes de un territorio que, en muchos casos, era interpretado antes de ser escuchado. La exposición parte de ese recorrido para llevar la mirada hacia otro lugar, uno en el que sus habitantes y creadores comienzan a ocupar el centro de la conversación.
El recorrido atraviesa las cuencas del Amazonas y del Ucayali y propone una lectura que no sigue una única línea. Aparecen los primeros sistemas visuales amazónicos, las representaciones vinculadas a las expediciones científicas de los siglos XVIII y XIX, el impacto del auge del caucho y la consolidación de una pintura amazónica moderna. Más adelante, la historia se desplaza hacia el arte visionario, las nuevas autorías indígenas y la creciente presencia de artistas amazónicos en espacios internacionales.
Ese tránsito importa porque modifica la pregunta. Ya no se trata únicamente de cómo se ha representado la Amazonía, sino de quién tiene hoy la posibilidad de construir esas imágenes y hacerlas circular. Obras y trayectorias de artistas como César Calvo de Araújo, Christian Bendayán, Víctor Churay, Santiago Yahuarcani, Olinda Silvano, Chonon Bensho, Lastenia Canayo, Sara Flores, Neyra Pérez y Graciela Arias forman parte de una escena que se ha vuelto más amplia y visible sin dejar de estar profundamente vinculada a sus territorios.


Cuando el territorio también se convierte en lenguaje
Hay una diferencia importante entre hablar de patrimonio y entender la cultura como una fuerza que todavía puede generar futuro. En esta muestra, las expresiones artísticas amazónicas aparecen ligadas a conocimientos, identidades y formas de entender el territorio que siguen transformándose. El arte no funciona únicamente como registro de una memoria, sino como una manera de mantenerla en movimiento.
Esa perspectiva atraviesa el trabajo de Micelio, asociación fundada por Gabriela Vásquez Madueño y Carlos García Montero, quienes llegaron desde experiencias distintas a una inquietud común: cómo hacer que la cultura pueda convertirse en un espacio de encuentro y, al mismo tiempo, abrir oportunidades concretas para las comunidades. La metodología que desarrollan parte de conocer cada territorio, reconocer sus capacidades y trabajar con quienes lo habitan, en lugar de llegar con una propuesta cerrada.
La alianza con Bufeo: Amazonía + Arte suma a esa mirada el conocimiento construido alrededor del arte amazónico y su circulación. Junto con UNESCO, ambas organizaciones articulan una exposición que no intenta separar cultura y desarrollo, sino ponerlas en una misma conversación. El resultado plantea que reconocer el valor de una obra también puede significar reconocer el conocimiento, la identidad y la capacidad creativa que existen detrás de ella.


El arte después de la frontera
Quizá una de las transformaciones más interesantes de la escena amazónica ocurra precisamente cuando sus obras comienzan a desplazarse fuera de sus territorios de origen. Christian Bendayán representó al Perú en la 58.ª Bienal de Venecia en 2019; Olinda Silvano realizó el mural Cosmos y Energía Amazónica en el centro histórico de Manaos; y distintas generaciones de creadores han encontrado espacios en museos, bienales, ferias y colecciones internacionales. Cada trayectoria tiene su propio lenguaje, pero juntas hablan de una presencia que ya no puede entenderse como marginal dentro del arte peruano contemporáneo.
La exposición reúne también obras de Lastenia Canayo, Fredy Tuanama, David Orlando del Águila Quevedo, Luis Martínez, Olinda Silvano, Neyra Pérez, Graciela Arias y Christian Bendayán, entre otros. En esa convivencia aparece una Amazonía que no responde a una sola estética ni a una única idea de identidad. Hay memorias distintas, saberes que se cruzan y lenguajes que continúan cambiando, incluso cuando mantienen una relación directa con tradiciones y territorios de larga historia.
El kené, por ejemplo, aparece dentro de este proceso como una expresión que ha pasado de ser reconocida principalmente en contextos locales a ocupar un lugar dentro de las conversaciones sobre patrimonio vivo y creación contemporánea. Ese desplazamiento dice tanto sobre las obras como sobre la forma en que el mundo del arte ha aprendido, lentamente, a mirar aquello que durante mucho tiempo permaneció fuera de sus circuitos principales.



Una conversación que recién empieza
Presentar esta exposición dentro de la Cumbre Perú Sostenible 2026 también modifica su lectura. La sostenibilidad suele discutirse desde los recursos naturales, la conservación o las transformaciones económicas, pero un territorio no está compuesto únicamente por aquello que puede medirse. También existe una dimensión cultural que determina cómo una comunidad se reconoce, qué conocimientos conserva y qué posibilidades imagina para su futuro.
En ese sentido, Los universos artísticos de la Amazonía peruana propone ampliar la conversación sin convertirla en una conclusión cerrada. Reconocer el arte amazónico supone reconocer a sus creadores y, con ellos, los territorios desde los que hablan. También implica pensar en nuevas formas de colaboración entre comunidades, empresas e instituciones para que ese talento pueda circular, crecer y permanecer sin perder el vínculo con su origen.
La Amazonía que emerge de esta muestra no necesita ser explicada como un territorio lejano ni reducida a una imagen conocida. Está en sus artistas, en sus memorias y en la posibilidad de que sean ellos mismos quienes continúen ampliando el relato. Tal vez ahí esté una de las ideas más actuales de la exposición: cuando una cultura encuentra nuevas formas de contar su propia historia, también empieza a decidir cómo quiere ser recordada.



