Hace más de doce años, cuando el Pilates todavía no tenía en el Perú la visibilidad que tiene hoy, Fátima Bereche, fundadora y directora de Vivamuz Studio, decidió apostar por un método cuyo potencial todavía no era plenamente comprendido.
En aquel momento, para muchas personas, Pilates era simplemente una modalidad de ejercicio más. Sin embargo, desde su experiencia en el deporte y su relación cercana con el movimiento, Fátima veía algo distinto: una práctica capaz no solo de entrenar el cuerpo, sino de enseñar a las personas a moverse mejor y acompañarlas en distintas etapas de su vida.
De esa convicción nació una propuesta que, más de doce años después, mantiene el mismo principio: trabajar con conocimiento, precisión y propósito.
Hoy el Pilates vive un crecimiento extraordinario. Para Fátima, esa expansión es una buena noticia, pero no modifica aquello que considera esencial desde el inicio: comprender qué necesita cada persona y reconocer que ningún cuerpo llega al entrenamiento con la misma historia.

Entrenar con propósito
Su manera de comprender el movimiento está profundamente vinculada a su propia trayectoria.
El deporte de alto rendimiento le enseñó disciplina, constancia y exigencia. Las lesiones, sin embargo, ampliaron esa mirada.
Vivirlas en primera persona le permitió comprender que el cuerpo no puede ser tratado como una estructura aislada ni sometido mecánicamente a una rutina. Un ejercicio puede resultar extraordinario para una persona y completamente inadecuado para otra.
Esa experiencia transformó su manera de enseñar y la llevó a profundizar en biomecánica, control motor, rehabilitación y movimiento funcional.
Para Fátima, ahí aparece una diferencia fundamental entre simplemente hacer Pilates y entrenar verdaderamente con Pilates.
Una secuencia de ejercicios, por sí sola, no garantiza que exista un trabajo individualizado. El entrenamiento comienza antes: observando cómo se mueve una persona, conociendo sus antecedentes, identificando compensaciones, fortalezas y limitaciones, y comprendiendo qué quiere conseguir.
A partir de esa información, el método deja de ser únicamente un repertorio y se convierte en una herramienta extraordinariamente precisa.
Fátima cree profundamente en la exigencia, pero no en exigir por exigir. El verdadero desafío consiste en encontrar el estímulo adecuado para cada persona y hacerla progresar desde donde está, no desde donde suponemos que debería estar.


Cada cuerpo necesita un camino distinto
Esa filosofía define el trabajo de Vivamuz Studio.
El estudio recibe a personas de edades, condiciones físicas y objetivos muy distintos: alumnos que buscan mejorar su rendimiento, personas que necesitan recuperar capacidades después de una lesión, quienes conviven con dolor crónico y quienes desean incorporar el movimiento como parte de una vida más activa.
El punto de partida es sencillo: no se trabaja únicamente con ejercicios, se trabaja con personas.
Dos alumnos pueden tener la misma edad, perseguir un objetivo parecido y, sin embargo, necesitar programas completamente diferentes.
Por eso resulta fundamental conocer la historia de cada cuerpo: actividad física previa, lesiones, cirugías, dolor, limitaciones, hábitos de movimiento y objetivos. A partir de allí se establecen progresiones.
Algunas personas pueden incorporarse directamente a una clase grupal con determinadas indicaciones. Otras pueden requerir inicialmente un trabajo más personalizado para mejorar patrones de movimiento, desarrollar mayor conciencia corporal o comprender mejor qué necesita su cuerpo.
En esos casos, el propósito es acompañarlas hasta que puedan desenvolverse con mayor seguridad y autonomía, siempre que sus condiciones lo permitan.
Personalizar, para Fátima, no significa hacer un entrenamiento fácil. Significa encontrar el nivel de exigencia adecuado para que exista progreso sin comprometer la seguridad.
Una persona que busca rendimiento necesita ser desafiada. Una persona que viene de una recuperación o convive con dolor también necesita avanzar. Lo que cambia es el camino.
Esa capacidad de adaptación es una de las grandes fortalezas del Pilates. Dentro de una misma clase pueden convivir personas con niveles y necesidades diferentes, y el trabajo del profesional consiste en ajustar progresiones, asistencias y variantes para que cada una pueda avanzar desde sus propias capacidades.
En Vivamuz, la búsqueda está en ese equilibrio: acompañar, dar seguridad y permitir que cada alumno pueda reconocer objetivamente su evolución.
Porque para Fátima el bienestar no está reñido con los resultados. Cuando el trabajo está bien diseñado, ambos deberían avanzar juntos.


Formar criterio, no solo enseñar ejercicios
El crecimiento del Pilates también plantea un segundo desafío: la formación de quienes lo enseñan.
Como cofundadora y docente de Perú Pilates Educación, Fátima ha participado durante años en la formación y actualización de profesionales del movimiento.
Desde su experiencia, considera que la popularidad del método representa una oportunidad enorme, pero también una responsabilidad.
Trabajar con el cuerpo de otra persona exige mucho más que aprender una secuencia de ejercicios. Un instructor necesita comprender movimiento, anatomía, biomecánica, principios del método, progresiones y contraindicaciones. Pero, por encima de todo, necesita desarrollar capacidad de observación y criterio.
Para Fátima existen tres pilares irrenunciables en una formación profesional: conocimiento, experiencia práctica en la enseñanza y responsabilidad.
Completar una formación es apenas una parte del proceso. El verdadero criterio se desarrolla trabajando, observando, enseñando y aprendiendo a adaptar el método frente a personas y necesidades reales.
Por eso, formar un instructor no consiste únicamente en transmitir repertorios. También significa enseñarle a preguntarse por qué está eligiendo determinado movimiento, qué está observando y qué quiere conseguir con él.
A través de Perú Pilates Educación, Fátima ha buscado aportar precisamente a esa cultura de formación y actualización permanente.
El proyecto comenzó a gestarse hace más de quince años y posteriormente se consolidó en programas dirigidos a formar profesionales con bases sólidas, criterio y una mirada responsable sobre el movimiento.
Porque terminar una formación no significa haber terminado de aprender. En una profesión vinculada al cuerpo humano, el aprendizaje debería acompañar toda la trayectoria profesional.
Calidad, precisión y propósito
Si Fátima pudiera elegir qué legado dejar a las nuevas generaciones de profesionales del movimiento, sería contribuir a formar personas capaces de enseñar con conocimiento, humildad y criterio.
Profesionales que comprendan que detrás de cada alumno existe una historia, que respeten profundamente el cuerpo que tienen delante y que sepan adaptar el método sin perder de vista sus objetivos.
El Pilates seguirá evolucionando y probablemente continuará creciendo en el Perú y en el mundo.
Para Fátima, el reto está en lograr que la expansión de la disciplina no diluya aquello que constituye su esencia.
Que el conocimiento acompañe al movimiento.
Que la precisión acompañe a la exigencia.
Y que cada ejercicio tenga siempre un propósito.
Fotos: Revista Signature



