Mariale Venturo: Interiores con identidad clara y proyección internacional

POR NATALY

Para María Alejandra Venturo, el diseño de interiores no aparece como una respuesta estética sino como una toma de posición frente a la forma de vivir. Arquitecta de interiores, sí, pero sobre todo intérprete de...

Para María Alejandra Venturo, el diseño de interiores no aparece como una respuesta estética sino como una toma de posición frente a la forma de vivir. Arquitecta de interiores, sí, pero sobre todo intérprete de atmósferas, su trabajo se ha ido consolidando lejos del gesto inmediato, en un territorio donde el espacio deja de ser contenedor y empieza a operar —con discreción— sobre la vida cotidiana.

Cuando el espacio deja de ser neutral

Hubo un momento, temprano pero decisivo, en el que el ejercicio profesional dejó de ser una suma de decisiones formales. No fue una revelación grandilocuente, sino una constatación silenciosa: los espacios no solo se recorren, se interiorizan. Allí, en la manera en que las personas se apropiaban de sus primeros proyectos, Venturo entendió que diseñar interiores implica asumir una responsabilidad emocional.

Desde entonces, la luz, las proporciones y los materiales dejaron de comportarse como variables técnicas aisladas. Se convirtieron en herramientas narrativas. Nada está ahí para ser mirado en abstracto; todo responde a una intención. El interiorismo, en su lectura, es una disciplina que influye sin imponerse, que ordena sin rigidizar y que acompaña la vida sin reclamar protagonismo.

Diseñar sin obedecer al ruido

En un mercado que suele confundir actualidad con tendencia, su aproximación parte de un gesto casi contracultural: escuchar antes de proyectar. Cada espacio nace desde la persona que lo habita, desde su manera de vivir, de moverse, de buscar calma o estímulo. La identidad precede a la forma. Siempre.

Las tendencias existen, pero no gobiernan. Funcionan como referencias periféricas, nunca como ejes. Lo que estructura el proyecto es una narrativa espacial clara, coherente, donde cada decisión responde a un concepto y no a una moda. Esa claridad evita lo genérico y construye interiores que no necesitan justificarse en el presente para mantenerse vigentes.

La precisión como forma de lujo

En los proyectos de Venturo, el bienestar no se construye acumulando recursos, sino afinando decisiones. La luz —especialmente la natural— actúa como arquitectura invisible: define, acompaña, suaviza. Se complementa, no se corrige. De ahí nace una serenidad que no es decorativa, sino estructural.

Los materiales hablan bajo. Transmiten permanencia, envejecen con dignidad, aportan profundidad sin reclamar atención. La sofisticación aparece como consecuencia de la proporción y la intención. No hay exceso porque no hay necesidad de demostrar. Cada elemento está donde tiene que estar, y eso basta para generar equilibrio.

Lo que permanece cuando el espacio cambia

Pensar a largo plazo es, para ella, una forma de ética profesional. Sus espacios no buscan congelarse en una imagen, sino ofrecer una base sólida para ser habitados, transformados, reinterpretados. Un interior bien diseñado no se resiste al paso del tiempo; lo incorpora.

La huella que persigue no es visual. Es sensorial, emocional, casi silenciosa. Que los espacios se recuerden no por cómo se veían, sino por cómo hicieron sentir a quienes los vivieron. Que acompañen historias, rutinas, cambios. Que sigan siendo relevantes cuando ya no se parecen del todo a sí mismos.

La arquitectura de interiores que propone María Alejandra Venturo no pretende imponer una forma de habitar. Propone algo más complejo y más duradero: crear lugares donde la vida encuentre, sin darse cuenta, una mejor manera de suceder.

Escribe: Nataly Vásquez

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