MCT Studio: Más allá del plano, diseñar desde la identidad

POR NATALY

En ciertos estudios, el diseño no se concibe como un ejercicio de estilo, sino como una lectura atenta de quien va a habitar el espacio. Desde esa lógica se articula la mirada de María Claudia...

En ciertos estudios, el diseño no se concibe como un ejercicio de estilo, sino como una lectura atenta de quien va a habitar el espacio. Desde esa lógica se articula la mirada de María Claudia Távara, fundadora de MCT Studio, para quien arquitectura, interiorismo y funcionalidad forman parte de una misma conversación. Lejos de los discursos sobre tendencias o fórmulas repetidas, el punto de partida siempre es humano: los hábitos, las decisiones cotidianas y esa intuición —a veces difusa— que define lo que una persona es, incluso antes de saber exactamente lo que quiere.

Diseñar no es imponer una forma, es revelar una identidad

MCT Studio nace desde una deriva casi inevitable. María Claudia se formó como arquitecta, pero la práctica la llevó —con naturalidad— hacia el interiorismo como territorio principal. No por renuncia, sino por convicción. La arquitectura aparece cuando el proyecto lo exige: casas a medida, espacios profundamente personalizados, escenarios donde el interior define el todo.

La lógica del estudio es clara y poco frecuente: representar a la persona que habita el espacio. Cuando eso ocurre, la estructura se ordena, la estética cobra sentido y la funcionalidad deja de ser un problema técnico para convertirse en una consecuencia natural. El espacio deja de ser una vitrina de moda y se vuelve un retrato íntimo.

En una ciudad acostumbrada a replicar fórmulas, esa decisión ya es una postura.

El primer boceto siempre es un acto de intuición

Contra la fantasía de largas reuniones perfectamente articuladas, el proceso creativo de MCT Studio parte de una certeza incómoda: la mayoría de las personas no sabe exactamente qué quiere. Y eso no es un defecto, es el punto de partida.

Las primeras entregas funcionan como un gesto exploratorio. Un “tiro al aire”, en palabras del estudio, donde entran en juego la observación, la psicología cotidiana, los hábitos invisibles. Cómo se visten. Cómo ordenan —o no— su casa actual. Qué colores los rodean sin que lo hayan decidido conscientemente.

Cuando el espacio aparece en tres dimensiones, cuando deja de ser abstracto y se vuelve casi habitable, algo se desbloquea. El cliente empieza a reconocerse. A decir sí. A decir no. A participar. El diseño, entonces, deja de ser una imposición y se transforma en un diálogo honesto.

Corregir la arquitectura desde adentro

La mayoría de proyectos del estudio parte de una condición conocida: departamentos nuevos o antiguos que se compran por una vista, una promesa, una intuición. Pero que, al habitarlos, no funcionan. Espacios rígidos, salas diminutas, distribuciones que no entienden la vida real.

Allí el interiorismo se vuelve una herramienta de corrección silenciosa. Arreglar el espacio, como lo dice el estudio, no es decorarlo: es replantear la espacialidad, redistribuir, resignificar. Convertir lo que parecía limitado en algo sorprendentemente posible.

Ese es el tipo de transformación que no grita, pero se siente. La que provoca ese “¿cómo esto pudo convertirse en esto?” que define a los proyectos bien pensados.

El detalle como lenguaje, no como ornamento

Para MCT Studio, el interiorismo es el lugar donde todo se decide. Los materiales, las texturas, las formas, pero también la manera en que un mueble cambia la circulación o un color redefine el ánimo. La distribución también es narrativa.

Un espacio sin interiorismo es plano. Un espacio con interiorismo consciente tiene capas, silencios, ritmos. Es ahí donde la funcionalidad y la estética dejan de ser opuestas y se vuelven aliadas.

Tendencias: escuchar sin obedecer

Desde la primera reunión, el estudio plantea una condición clara: es importante que el cliente conozca su estilo. No para limitar, sino para saber si hay afinidad. Cuando aparecen referencias —Pinterest, modas, imágenes deseadas— el trabajo no es replicarlas, sino traducirlas.

Hay una pedagogía sutil en ese proceso. Explicar por qué un color oscuro no es un riesgo, sino una decisión. Por qué el problema no es el rojo, sino qué rojo y cómo se usa. Apostar por tonos desaturizados, por colores que acompañan en lugar de imponerse.

Y cuando algo simplemente no funciona, se dice. Sin rodeos. Porque confiar en un profesional también implica aceptar su mirada. El diseño, aquí, no es complaciente: es responsable.

2026: un año que empieza en movimiento

El futuro inmediato del estudio se anuncia con ritmo alto. Tres obras que arrancan en enero, proyectos gestados durante todo el año previo, y una primera participación en CasaCor2026, que marca un nuevo capítulo en la visibilidad y madurez del estudio.

Empezar el año trabajando no es solo una buena señal: es una declaración de energía.

Un estudio que quiere ser más grande que su fundadora

Cuando se habla de legado, María Claudia responde desde un lugar poco habitual. Su deseo no es centralizar la autoría, sino consolidar al equipo. Un equipo que la acompaña desde hace ocho años, sólido, confiable, capaz de sostener la visión más allá de una sola figura.

Pero hay algo más profundo: posicionar a MCT Studio como un espacio que huye de la copia literal, que va más allá del “quiero esto tal cual”. Transformar referencias en algo propio. Defender la idea de que un espacio puede no ser “el estilo de todos”, pero aun así provocar admiración.

En una Lima históricamente acostumbrada a imitar, esa postura es casi radical.

El trabajo de MCT Studio no termina cuando se entrega el plano ni cuando se coloca el último mueble. A veces llega hasta el cojín del cuarto de un hijo o la elección de los cubiertos. No por control, sino por coherencia. Porque cuando un cliente quiere que todo dialogue, es señal de que el espacio ya le pertenece.

Al final, esa es la verdadera medida del diseño: cuando alguien entra a su casa y no ve una tendencia, sino un reflejo honesto de sí mismo. Y entiende, sin que nadie se lo explique, que habitar bien también es una forma de decir quién se es.

Escribe: Nataly Vásquez

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