Otto Kunz: La odisea sensorial que consagra a los verdaderos expertos

POR NATALY

El amanecer sobre Mendoza parecía escrito con la calma de un maestro bodeguero: luz dorada, vides que respiraban un octubre generoso y un aire que invitaba a la contemplación. En ese paisaje —a medio camino...

El amanecer sobre Mendoza parecía escrito con la calma de un maestro bodeguero: luz dorada, vides que respiraban un octubre generoso y un aire que invitaba a la contemplación. En ese paisaje —a medio camino entre la vastedad y la precisión— tomó forma “Destino de Expertos – Experiencia Maridaje”, la iniciativa con la que Otto Kunz confirma algo más que liderazgo gastronómico: su capacidad de transformar un viaje en un gesto cultural, un aprendizaje en memoria, un sabor en narrativa.

El origen de una travesía diseñada para trascender

La experiencia comenzaba antes del despegue, con un kit de viaje que funcionaba como prólogo visual: una carry on cuidadosamente curada, productos Otto Kunz seleccionados para sugerir armonía y una botella de Gran Sombrero de Huentala Wines que anunciaba el tono sensorial del viaje. Era un gesto mínimo, pero revelador. Un recordatorio de que la gastronomía —cuando se trabaja con método y sensibilidad— puede convertirse en un lenguaje de hospitalidad silenciosa.

Cuatro días donde la técnica se vuelve paisaje
Desde el Hualta Winery Hotel, los cinco ganadores y sus acompañantes atravesaron una agenda donde el territorio marcaba el ritmo. El Día 1 los recibió con una inmersión en el universo vitivinícola argentino: recorridos por bodega, degustaciones guiadas y una sesión de cocina local conducida por el chef Juan Calós, donde los ingredientes dialogaban sin esfuerzo con la identidad mendocina.

El Día 2 abrió paso al fuego, al tiempo lento y a la precisión de la parrilla. En La Cabrera, bajo la dirección del chef Welkin Prieto, los participantes trabajaron con cortes premium, chorizos y frankfurters Otto Kunz, descubriendo que el asado argentino no es solo técnica: es una coreografía entre paciencia, brasa y oficio. La jornada avanzó entre una picada cuidadosamente maridada y una cena italiana que equilibró el viaje con una nota de sofisticación cálida.

El Día 3 llevó la experiencia hacia la profundidad. El enólogo Pepe Morales guio una visita técnica a los viñedos de Huentala Wines, revelando procesos de innovación y cultivo que definen la estética contemporánea del vino. Hubo tiempo para la práctica —una clase de empanadas que celebraba la tradición con la naturalidad de lo cotidiano— y para la despedida, en un cóctel que funcionó como epílogo emocional.

El Día 4, en cambio, no necesitó agenda. Bastó escuchar a los propios ganadores: hablaban de cercanía, de entendimiento, de un aprendizaje que iba más allá de la técnica. Un recorrido que, sin pretenderlo, se había convertido en una experiencia transformadora.

Una estrategia que entiende el poder del vínculo

En cada actividad era evidente que “Destino de Expertos” no se limita al turismo gastronómico. Es una plataforma donde marketing experiencial, educación culinaria y pasión por el sabor encuentran un punto de convergencia. Otto Kunz entiende que una marca relevante no solo propone productos: construye comunidad, activa conversaciones y crea espacios donde el consumidor se reconoce como protagonista.

La alianza con Huentala Wines reforzó este espíritu. Ambas marcas comparten una visión basada en la calidad, la tradición y la innovación, tres pilares que permitieron una narrativa coherente, envolvente y profundamente territorial. Un puente natural entre Perú y Argentina, entre vino y corte, entre origen y experiencia.

Donde nace la figura del verdadero experto

En tiempos donde la gastronomía se consume a velocidad digital, Otto Kunz apuesta por lo contrario: por la pausa, por la vivencia directa, por el conocimiento que se adquiere con los sentidos abiertos. Ser experto —parece recordarnos la marca— no es acumular datos, sino explorar, descubrir, crear y conectar con las historias que sostienen cada sabor.

Y así, mientras los viñedos mendocinos quedaban atrás, la experiencia dejaba su propia huella: una certeza silenciosa de que el viaje culinario no termina con el retorno. Permanece en la memoria como un ritual íntimo, una cartografía personal donde la maestría y el placer avanzan en la misma dirección.

Escribe: Nataly Vásquez

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