Hay cenas de Navidad que no buscan imponerse, sino revelar un modo distinto de habitar la tradición. Este diciembre, Ozu —el restaurante nikkei ubicado en Surco— reinterpreta la festividad desde una cadencia oriental, invitando a llevar a casa una experiencia que equilibra memoria, técnica y sutileza. Una propuesta que entiende que, en estas fechas, el hogar se convierte en escenario y la mesa, en una coreografía de gestos.

El diálogo entre Oriente y diciembre
La propuesta navideña de Ozu no se limita a incorporar sabores asiáticos en un menú clásico. Más bien, articula un lenguaje culinario híbrido, donde el pavo al horno conversa con una salsa gravy de perfil tradicional mientras la panceta, cocinada a baja temperatura, se envuelve en una salsa oriental que evoca calidez y precisión. Es una Navidad que mira hacia adentro sin dejar de mirar hacia el mundo.
Las guarniciones acompañan ese gesto. La ensalada Waldorf, en su versión contenida y equilibrada, convive con otra más fresca y contemporánea: lechugas crujientes, kiuri en láminas delgadas, tomatitos brillantes, rabanito, frutos secos y una vinagreta que funciona como puente entre ambas culturas culinarias. Existe una delicadeza silenciosa en cada componente, como si la mesa estuviera pensada para narrar texturas antes que sabores.


Arroces que cuentan una historia propia
Ozu incluye en su propuesta dos de sus arroces más emblemáticos: el Bangkok, salteado al wok con espárragos, clara de huevo y jamón ahumado; y el Thai, una mezcla vibrante de verduras, frutos secos, piña confitada, curry y leche de coco. Ambos funcionan como un punto de fuga dentro del menú: un recordatorio de que la Navidad también puede celebrarse desde la exploración sensorial y el gesto cosmopolita.
A ello se suman preparaciones que anclan la tradición: porciones de puré de camote y manzana que completan el paisaje familiar de la cena del 24. Un equilibrio entre lo conocido y lo inesperado, entre lo que se recuerda y lo que se descubre.

Navidad para compartir, sin prisa
La propuesta está diseñada para cuatro personas, pero más que una cena, ofrece un momento. Un espacio donde la comida se vuelve excusa para detenerse, para darle tiempo a la conversación, para transformar la noche en un pequeño ritual doméstico. Cada plato puede adquirirse por separado, permitiendo que cada familia configure su propia narrativa gastronómica.
En un diciembre que suele avanzar con velocidad, Ozu propone una pausa. Una Navidad que no se grita, sino que se sugiere. Un recordatorio de que, a veces, basta con reunirnos alrededor de una mesa donde Oriente y Occidente se encuentran en equilibrio, y donde la tradición se reinventa con la suavidad de un gesto bien pensado.
Escribe: Nataly Vásquez