Pizzardi: Un rincón de Nápoles en Bogotá

POR NATALY

En una esquina tranquila de Bogotá, existe un lugar donde el tiempo parece detenerse: Pizzardi. Bajo la dirección de Andrea Bornacelli, embajadora de la pizza napolitana en Latinoamérica, cada plato es una evocación sincera al...

En una esquina tranquila de Bogotá, existe un lugar donde el tiempo parece detenerse: Pizzardi. Bajo la dirección de Andrea Bornacelli, embajadora de la pizza napolitana en Latinoamérica, cada plato es una evocación sincera al alma del sur de Italia. Más que un restaurante, es un refugio de tradición, donde el arte de cocinar se convierte en un acto de memoria y autenticidad.

El ritual comienza con burbujas y calidez

La experiencia inicia como dicta la tradición: con un Aperol Spritz perfectamente equilibrado, ese clásico amargo y burbujeante que despierta los sentidos. Luego, las entradas confirman que aquí no se juega con el sabor. Albóndigas en salsa pomodoro, tiernas y generosas, acompañadas por un pan artesanal elaborado con la misma masa madre que ha ganado reconocimiento más allá de Colombia.

La acompaña una burrata empanizada que se deshace con delicadeza, sobre un lecho de pomodoro fresco y pesto. Una sinfonía entre lo cremoso, lo crujiente y lo herbal que logra armonía sin esfuerzo.

Cuando la pizza se convierte en manifiesto

El plato principal es una celebración de lo esencial: pizza napolitana tradicional, con su borde inflado y apenas carbonizado, producto de una fermentación precisa y un horno bien domado. Ingredientes como los tomates San Marzano, la mozzarella auténtica y una base de harina importada desde Nápoles revelan respeto absoluto por la receta original. Una masa suave, elástica, que se funde en la boca sin saturar.

Para el cierre, una reinterpretación: tiramisú de pistachos, con una textura inesperadamente crocante y un equilibrio perfecto entre dulzura, ligereza y profundidad. Más que un postre, una despedida elegante.

Tradición que no admite atajos

Aquí todo se cuida: los ingredientes son 100% italianos, el servicio cercano pero impecable, y la ejecución rigurosa sin perder calidez. No hay espacio para la improvisación. Se cocina con técnica, con respeto y con una pasión que no necesita discursos.

Este lugar no se limita a servir comida. Es una puesta en escena del legado italiano, un entorno donde la hospitalidad es un arte y la cocina, una forma de conexión profunda con lo esencial.

Redacción: Romina Polti Pimentel

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