Hace diez años, Silvia empezó a darle forma a Reformo mientras todavía trabajaba en un estudio local de arquitectura. Desde entonces, el proyecto ha cambiado de escala, ha incorporado nuevas miradas y ha encontrado en July una socia con quien compartir la misma pregunta de fondo: qué hace que un espacio realmente pertenezca a quien lo habita. Hoy, Reformo Diseño Interior desarrolla proyectos residenciales y comerciales desde el norte del Perú con una premisa que se mantiene intacta: antes de pensar en cómo se verá un lugar, entender cómo quiere vivirse.

Primero está la persona
Para Silvia y July, diseñar comienza mucho antes de elegir un material, definir una paleta o pensar en la distribución. Su primer acercamiento ocurre frente al cliente, en el propio espacio que quiere transformar. Es ahí donde buscan entender sus rutinas, sus necesidades y también aquello que muchas veces no aparece en un primer discurso, pero que termina siendo determinante para el proyecto.
La dinámica entre ambas también forma parte de ese proceso. Mientras una conduce la conversación, la otra observa cómo está organizada la vivienda, qué objetos tienen un significado especial, qué funciona y qué genera incomodidad. Esa lectura compartida les permite construir una idea más precisa de la persona que tienen delante y, a partir de allí, traducirla en decisiones concretas de distribución, iluminación, mobiliario y materialidad.
El resultado no parte de una fórmula estética. Un proyecto puede ser impecable y seguir sintiéndose ajeno si no responde a la vida de quienes lo ocupan. Por eso, en Reformo los espacios pueden ser muy distintos entre sí y conservar, al mismo tiempo, una misma lógica: el diseño interior como una extensión de la identidad de quien lo habita.

Cuando la casa deja de ser solo una casa
La pandemia modificó la manera en que muchas personas entendían sus hogares y también marcó un momento decisivo para Reformo. El tiempo prolongado en casa hizo más visibles ciertas necesidades y abrió nuevas preguntas sobre la forma en que se distribuyen y utilizan los espacios. Para el estudio, aquella etapa significó ampliar sus servicios, incorporar proyectos virtuales y, desde 2021, convertirse en una dedicación de tiempo completo para Silvia.
Dos años después llegó otro cambio importante. Silvia volvió a encontrarse con July, a quien había conocido en su primer trabajo, y descubrieron que seguían compartiendo una manera similar de entender el diseño. En 2023 decidieron asociarse y Reformo pasó a ser un proyecto construido entre dos, con una visión que conserva su origen pero amplía su alcance.
Ese crecimiento también habla de una transformación más amplia en el diseño de interiores en el norte del Perú. El cliente actual llega con más referencias, conoce lo que ocurre en otras ciudades y tiene una expectativa más alta sobre aquello en lo que decide invertir. Ya no basta con que un espacio resulte atractivo. Existe una mayor conciencia sobre la planificación, la calidad de los materiales y el valor de contar con acompañamiento profesional durante todo el proceso.



El espacio también habla de una marca
Cuando el proyecto es comercial, la conversación cambia, aunque el punto de partida se mantiene. Reformo busca conocer la historia de la marca, sus valores, su público y aquello que la diferencia antes de trasladar cualquiera de esos elementos al espacio. La tienda, la oficina, el restaurante o el módulo de retail requieren respuestas distintas porque cada uno tiene una manera particular de funcionar.
La distribución y los recorridos adquieren entonces otro peso. Dónde se detiene una persona, qué encuentra primero, cómo se relaciona con el producto y qué impresión conserva después de salir son preguntas que forman parte del diseño tanto como la materialidad o la iluminación. En ese contexto, el interiorismo comercial deja de ser únicamente una cuestión visual y empieza a participar de la estrategia de una marca.
Para Silvia y July, esa relación entre identidad, funcionalidad y experiencia es especialmente importante. Un espacio puede reforzar lo que una empresa quiere comunicar, pero también puede revelar aquello que todavía no está suficientemente definido. Diseñar para una marca implica, en cierta medida, entenderla lo suficiente como para convertir su identidad en algo que pueda recorrerse.

Una mirada que nace desde el norte
El crecimiento de Reformo ocurre en un momento particular para las ciudades del norte del país. La arquitectura, la inversión y los nuevos estilos de vida están generando clientes más atentos a la calidad de los espacios y más dispuestos a buscar propuestas especializadas fuera de Lima. Para un estudio que nació y creció en esta región, ese cambio representa también una oportunidad para ampliar el mapa del diseño interior en Perú.
Silvia y July quieren consolidarse en el norte y mirar hacia ciudades como Piura y Trujillo, pero el crecimiento no parece plantearse únicamente en términos de volumen. Existe una intención más clara de preservar la cercanía que ha acompañado al estudio desde sus primeros años y mantener la personalización como parte central de su manera de trabajar.
En esa decisión hay algo especialmente interesante. Reformo no intenta borrar el lugar desde donde nació para competir en otros mercados. Al contrario, encuentra en esa procedencia una parte de su propia identidad. La experiencia acumulada en la región, el conocimiento de sus clientes y la posibilidad de acompañar cada proyecto de cerca forman parte de una mirada que ahora busca proyectarse más allá de su territorio de origen.



Quizás por eso la idea que mejor resume a Reformo no está en una tendencia ni en un estilo particular. Está en la manera de acercarse a cada proyecto. Silvia y July no empiezan preguntándose qué espacio quieren mostrar, sino qué espacio necesita la persona o la marca que estará dentro de él. Desde ahí, cada decisión encuentra su lugar y el diseño adquiere una función que va más allá de lo visible: conseguir que un espacio tenga sentido para quien lo vive.
Escribe: Nataly Vásquez



