La inauguración de la nueva cava de vinos internacionales marca un hito en la historia de Casa Colina: un espacio donde la tradición criolla dialoga con etiquetas del mundo, invitando a redescubrir la mesa en toda su riqueza de matices.
Los primeros pasos en la colina
Entre Surquillo y Miraflores nació Casa Colina, un espacio que aprendió a reinventarse en la jungla culinaria limeña. Nació como anticuchería, se transformó en steakhouse y hoy se afirma como restaurante criollo.
La pasión por la comida y la innovación han prevalecido, junto con esos platos bandera que han acompañado la carta desde sus inicios: choclo con queso, tortitas de choclo, anticuchos.

El arte de mutar
La competencia empujó a Casa Colina a dejar atrás la anticuchería para convertirse en steakhouse con maridaje, donde los vinos peruanos empezaron a ocupar escena.
La carta se abrió hacia el mar. La propuesta criolla incorporó sabores marinos bien logrados —atún acevichado, sudado de pescado y otros platos— que sumaron frescura a la carta. Sin embargo, no solo los platos debían crecer: también el universo de copas pedía expansión.



La cava se abre al mundo
Es por eso que Casa Colina ha inaugurado su nueva cava de vinos internacionales, con etiquetas provenientes de España, Argentina, Bolivia, Italia y otros orígenes. Un gesto que amplía su propuesta y eleva la experiencia de cada comensal.
La nueva cava fue presentada en una celebración que reunió a 300 invitados. Entre tortitas de choclo con atún acevichado, mini anticuchos y causitas de atún, la noche se encendió al ritmo de Borracho, banda de rock peruano que marcó el compás del brindis.


Casa Colina confirma que la tradición se engrandece cuando se abre al mundo sin perder el sabor de sus raíces.
Escribe y fotos: Nasim Mubarak