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Marea alta: Un ecosistema visual para creadores contemporáneos

A veces, lo más poderoso del arte no es lo que se exhibe, sino el cómo y el dónde. Así nace Marea Alta, un proyecto curatorial que rehúye la rigidez del cubo blanco para proponer algo más íntimo, más orgánico. Su fundador Hugo Vásquez , ha convertido la sensibilidad en brújula, el espacio en narrativa y el encuentro en obra. Desde muestras itinerantes hasta pop-ups con diseñadores locales, Marea Alta fluye como el mar que le da nombre: libre, impredecible y siempre en movimiento.

Una idea que comenzó con una necesidad: mirar y hacer mirar

El germen de Marea Alta nació mucho antes de su nombre. Hugo siempre sintió una pulsión irrefrenable por generar espacios donde el arte pudiera compartirse más allá del circuito tradicional. Su primer proyecto, Portafolio, fue una plataforma virtual de difusión para creadores emergentes. Con el tiempo, esa necesidad de visibilizar se convirtió en acción concreta: curadurías espontáneas, exposiciones itinerantes, y libros como Fotografía Residentes, realizado en colaboración con Jorge Villacorta en un hospital infantil, donde la estética dialogaba con lo urgente.

Este tipo de experiencias expandieron su noción de arte. No se trataba solo de lo que se mostraba, sino de dónde y para quién. Así, Marea Alta se consolidó como un punto de encuentro entre lo artístico y lo cotidiano, entre el gesto curatorial y la sensibilidad urbana, donde el formato ya no es una limitación, sino parte de la narrativa.

Curar como un acto de escucha: afinidades, intuiciones y silencios

Lejos del rol impositivo del curador tradicional, Hugo Vásquez se reconoce más bien como un facilitador de encuentros. Observa, escucha, intuye. Su práctica se basa en reconocer las energías sutiles que unen a distintas obras, incluso cuando no existe un concepto evidente a simple vista. Esa coherencia silenciosa que se revela solo al final del montaje.

El hecho de no contar con un espacio fijo ha sido también una fortaleza: obliga a reinventar cada muestra, a imaginar nuevos escenarios, a cruzar trayectorias consagradas con voces emergentes. Esa fluidez espacial es, a la vez, una filosofía. Marea Alta no busca imponer un discurso, sino habilitar un territorio común donde el arte ocurra y, en ese proceso, conmueva.

Cuando el arte se mezcla con lo cotidiano, la experiencia se vuelve inolvidable

Uno de los sellos distintivos de Marea Alta es su capacidad para romper fronteras disciplinarias sin perder profundidad. Las exposiciones suelen integrar pop-ups de marcas y diseñadores locales que trabajan bajo la misma narrativa conceptual que los artistas visuales. Esta convivencia de lenguajes enriquece la experiencia y acerca el arte a nuevos públicos.

Un ejemplo elocuente es la muestra Cielos, actualmente en exhibición en la galería Coleccionista en Barranco. Allí, obras plásticas y objetos de diseño dialogan en torno a una misma idea, mientras una clase funcional al aire libre abrió el día entre respiración, movimiento y arte. Deportistas, artistas y espectadores compartieron desayuno y conversación: una comunión tan inesperada como orgánica. Esa es la alquimia que propone Marea Alta.

El arte como presencia: materia viva, conversación abierta
En tiempos de virtualidad, la propuesta de Marea Alta reivindica la experiencia física del arte. No se trata solo de ver una obra, sino de estar frente a ella, percibir su materialidad, su escala, su respiración en el espacio. En cada exhibición, los artistas y diseñadores están presentes, dispuestos a compartir su proceso, a responder preguntas, a dialogar. Esa cercanía emocional transforma la visita en algo más que una contemplación: la vuelve experiencia.

El legado que busca construir este proyecto no es el de una marca o una institución, sino el de un ecosistema. Un espacio mutable donde convivan distintas disciplinas, donde lo curatorial sea una forma de afecto, y donde crecer no signifique abarcar más, sino profundizar con sentido. Como el mar, Marea Alta no se detiene: se expande, se adapta, y sigue invitando a habitar el arte como un acto cotidiano y colectivo.

Escribe: Romina Polti